viernes, 23 de julio de 2010

La Trilogía

* * * * * * * *

El siguiente es un fan fic de la Saga Crepúsculo, un poco de literatura "distinta" a las que los tengo acostumbrados, pero ahi va...

* * *



CAPITULO 1: La historia de Bella

Me pregunté porque las cosas estaban como estaban… tener 300 años me resultaba absurdamente aburrido ya. Me miré al espejo y mi cabello perfectamente peinado me resultó ridículo.

—Isabella!!!

Odiaba que Phill me llamara asi, odiaba ser un vampiro y no poder deshacerme de él, odiaba ver como mi madre lo miraba enceguecida y enamorada como esa primera noche que él entró en el castillo de mi padre como invitado de honor. Pero no podía odiar a mi madre, eso era un hecho, fue ella la que le pidió que la transformara… y fui yo la que le pidió que no me dejara, fui yo la que prefirió atarse a esta tortura de vivir por siempre viendo morir a los que amas.

Suspiré, tratando de borrar mis pensamientos y mis frustraciones. René quería a Phill, y mi padre siempre estuvo demasiado ocupado para darse cuenta que René y yo eramos parte de su mundo, un mundo que mantuvo olvidado a su lado hasta que en mi cumpleaños número 17 su “extraño amigo” con sólo una mirada enamoró a René.

Llevo casi 300 años recordando la noche en que volví al castillo de mi padre sin saber muy bien porqué, 5 años después de mi transformación… mi arrepentimiento fue tan grande que es el único dolor que todavía mi corazón recuerda, a pesar de estar muerto. Lo vi llorar, recostado sobre los cientos de vestidos de mi madre y cada uno de mis juguetes, pidiendo perdón por habernos perdido y rezando por volver a vernos. Yo intenté llorar con él, pero de mi corazón muerto no salían lágrimas y el olor de su sangre me nublaba el pensamiento despertándome un instinto que me desarmaba.

Logré correr, correr más rápido que cualquier viento furioso en medio de un temporal, tratando de arrancarme de los ojos la visión de verlo enterrarse un puñal por si mismo, buscando una muerte que yo jamás tendría.

—Isabella!!! —Phill volvió a llamarme y lo vi abrazado a mi madre al pie de la escalera. —Isabella acaso no quieres ir a Forks? Tu prima Victoria está ansiosa de ir a cazar contigo.

—Por millonésima vez en doscientos ochenta y dos años… querido “padrastro”… te recuerdo que me gusta que me llamen Bella. Y por otra parte sabes bien que no tolero a Victoria, no tolero ir a su “Forks” y más aún no tolero ir a cazar con ella. No debería de olvidársete que ella y yo no compartimos los mismos gustos, ella jamás probaría sangre de venado… “papi”.

—Bella, no seas tan dura con Phill, hazlo por mí, si nena?

Miré a René y cerré los ojos, ser vampiro me había alejado de la mayor parte de las emociones humanas, pero había incrementado mi ira en ciertas situaciones.

—Ok mamá… olvídenlo y vamos ya— dije arrastrando escaleras abajo mi maleta.

Viajamos de noche como siempre, a la gente no le cae muy bien ver como nuestra piel de porcelana brilla con el sol y eso ya nos ha traído más de un problema, que nunca ha terminado muy bien desde mi punto de vista. A pesar de llevar una dieta “vegetariana” la sangre humana sigue despertando en mi una sed inusual, así que cuando Phill o René se “encargan” de que alguien no nos descubra debo poner más que empeño en no dejarme llevar.

Esta visita a Forks no me gusta. En realidad para ser sincera nunca me gustó mucho Forks a pesar de que por sus escasos días de sol vivimos prácticamente una vida normal; creo que el tema en Forks es ese ambiente tan pueblerino y tranquilo que me hace extrañar demasiado a la “normalidad” de una vida mortal. Y además, para agravar las cosas está Victoria…

—Hola Bella. —Su sonrisa era perfecta en esa cara enmarcada por el cabello rojo.

—¿Que tal Victoria?

—Todo bien… “extrañándote” prima.

Su ironía solía caerme como una verdadera patada al hígado, pero apenas si escuché lo que dijo, un aroma raro me inundó la nariz y mi mente intentó sin conseguirlo identificar ese olor mezcla de barro y pelo de animal mojado. Miré a mi alrededor y vi el aeropuerto casi vacío, un muchacho de quizá unos veinte años llevaba nuestras maletas, más allá una mujer limpiaba los pasillos de papeles de caramelos y parados a mi lado Victoria y James me miraban sin entender demasiado qué había detenido mi ya famosa “aversión” a Victoria.

—Excelente Bella, haz madurado. —Me dijo James abrazándome, estiró uno de los rulos de Victoria, mofándose de ella. —Jajaaa, Jaaa… deberás buscar alguien más con quien pelearte mi Victoria!

—¿Pasa algo Bella? —me preguntó Rene.

—¿Qué es ese olor mamá?

—¿Olor?... Ay Bella me estás matando, ven de una vez y deja de poner excusas…

Respiré hondo y seguí al muchacho de las maletas, me preguntaba como un humano podía llevar tantas cosas, mi madre había traído al menos la mitad de su guardarropa y eso no era precisamente poco.

—De prisa Jacob. —Le dijo James al muchacho, y él asintió sin decir nada mientras aceleraba el paso y cargaba todas nuestras cosas en una camioneta. —¿Te importa irte con él Bella? Yo traje mi auto pero irás más cómoda allí, sabes que amo los autos deportivos y con Phill y René creo que estamos llenos.

—No te preocupes James, no es molestia. —Le respondí giñándole un ojo y agradeciéndole. Cuanto más lejos estuviera de Victoria, menos tortuosa sería mi estancia en Forks.

Me subí al lado del muchacho y mis músculos se tensaron, la sensación fue tan súbita que lo miré de repente sin poder percibir exactamente qué me ponía tan alerta.

—¿Le incomoda algo Señorita Swan?

—Bella —corregí. Y él insistió.

—¿Le incomoda algo Señorita Swan?

Suspiré de nuevo mientras contestaba “Nada” y me enfoqué de nuevo en el camino, viendo a poca distancia el auto de James que iba delante nuestro. Mi celular sonó justo cuando pensaba como iniciar una conversación… era obvio que él no era un vampiro y la curiosidad me estaba matando.

—Bella, cariño… —la voz de René siempre me reconfortaba a pesar de los años— James y Victoria nos invitaron a cazar… dicen que están tratando de seguir nuestras costumbres… puedes creerlo!!! ¿No quieres venir con nosotros?

—Vayan tranquilos mamá, yo los espero en la casa.

—¿Estás segura cariño?

A veces debía ser enérgica con René, su proteccionismo era algo enfermizo.

—Estaré bien mamá. He dicho que vayan.

El auto de James entró en un camino de tierra lateral y nosotros seguimos por el camino principal. Repasé en mi mente un diálogo casuístico y traté de entablar conversación.

—Trabajas para James.

—Si, trabajo para ellos Señorita Swan.

El “señorita” me molestaba, e iba a volver a decírselo cuando una motocicleta pasó a nuestro lado tocando la bocina. Jacob sonrió y se le escapó un “estás loco amigo!” que percibí sólo por mi ultrasensible oído. Miré hacia adelante para ver quien había cambiado tan rotundamente el rostro adusto del muchacho y me quedé helada.

Sobre la moto, un muchacho saludaba… y no soy capaz de describir ni sus ojos, ni su sonrisa, ni la forma en que volaban sus desordenados cabellos… nada más sentí un calor que recorría mis venas como jamás había sentido… una mezcla de sed, curiosidad y coraje… una sensación terriblemente extraña y odiosamente dolorosa.

Me llevé la mano al pecho y Jacob aceleró. No preguntó nada. No me miró. No demostró en lo más mínimo haberse dado cuenta de nada. Y titubee… no pude entender si lo que sentí fue la sed que perdí el día en que mi padre se mató, o si esa sensación de peligro que sentía se había multiplicado por alguna razón.

CAPITULO 2: La historia de Edward

Papá está preocupado porque el hospital tiene pocos recursos y varios equipos están descompuestos. Emmet me hace reír con sus pensamientos morbosos hacia Rosalie y Alice… Alice definitivamente está completamente loca… mi linda hermana alborotada. El que me preocupa últimamente es Jacob. Tiene una manera extraña de alejarme de sus pensamientos y hasta ahora no entiendo cómo lo hace. Esta habilidad telepática mía la descubrí precisamente gracias a él, una tarde de invierno hace 12 años cuando el loco de Jacob quiso evitar a la pandilla de Sam yendo hacia los acantilados, el muy tonto quería perderlos en el bosque y ja! lo hizo tan bien que fue él quien realmente se perdió!

Jacob y yo siempre fuimos amigos… mi padre comenzó a atenderlo en el hospital desde que nació, tenía una enfermedad extraña que nunca se pudo diagnosticar… siempre estaba con fiebre pero eso parecía no afectarlo en nada, la gente no quería acercarse a él, pero para mi era mi mejor amigo.

Esa noche que se perdió lo llamé desde lo más profundo de mi mente, lo llamé desesperadamente como si llamara a un hermano y de pronto lo escuché: —Eres tu Edward? No te veo aquí… te perdiste también?

Es el único que lo sabe… jamás le dijimos a nadie, pero fue como si hubiera despertado algo nuevo desde esa vez, ahora “oigo” los pensamientos de quien quiero… Jacob suele bromear al respecto, dice que sólo por eso tengo más chance con las chicas que él, porque descubro sus pensamientos y actúo en base a ellos.

Suelo reír ante eso… realmente tiene razón! El pequeño gran problema es que los pensamientos de algunas niñas son tan poco interesantes que enseguida me salgo del medio y Jake lo sabe muy bien… suelo decirle que su inteligencia está fuertemente ligada a su paciencia.

Hay algo de Jacob que últimamente me pone nervioso. Ha comenzado a trabajar con la familia “Fria” como la llamamos en Forks. Son dueños del mayor aserradero de todo Washington y tienen un par más de negocios asociados. Los habitantes de Forks no nos ponemos muy contentos cuando se les antoja venir a pasar una temporada en su casa del bosque, se han tejido muchos comentarios a su alrededor y de más está decir que son bastantes raros, más allá de que nosotros seamos unos simples pueblerinos.

Es viernes y Jacob y yo solemos ir a Port Angeles con otros amigos, así que de alguna manera debo “apurarlo” a que hoy trate de terminar antes su trabajo… lo torturaré desde temprano… si hay algo que no soporta es que le gane mientras voy en moto.

Había dicho que iba al aeropuerto antes de amanecer, qué va… fastidiarlo un poco es un gusto y un juego de amigos, así que no me molestó el ring – ring del despertador. El viento que me golpea en la cara cuando la velocidad supera los 90 kilómetros me hace sentir lo suficientemente libre como para dejar de pensar un poco en que debo comenzar a tomarme la vida en serio como dice Carlise.

Pero ahora diviso demasiado cerca la camioneta de la Familia “Fria”, que suele conducir Jacob, así que dejaré las preocupaciones por las responsabilidades futuras un día más de lado. Le hago sonar la bocina mientras paso a su lado con mi pose más desenfadada y estaciono pomposamente a la vera del camino para mofarme de él.

Pero no veo a Jake, o sea… veo que conduce la camioneta pero creo que esta vez mi amigo comprenderá perfectamente porque lo único que vi cuando pasó a mi lado fue el rostro de ella.

“Ni la mires amigo… “ oí que pensó Jacob. Será su chica acaso? Espero que no porque si nunca creí en el amor a primera vista, creo que voy a cambiar de opinión.

CAPITULO 3: La historia de Jacob

Amo mi tierra, como Quileute desde niño he sentido que estamos unidos a ella por una raíz imperceptible. Hoy estamos básicamente restringidos a la reserva, pero el ruido de las olas rompiéndose por los acantilados de La Push sigue siendo para mi una de las mejores músicas que conozco.

Aunque reconozco que también me gusta un poco la música algo loca de Edward, ese cara pálida aburrido y delgado que desde niño prefirió pasar más tiempo con los mios en la reserva que con su propia gente en Forks. Edward siempre me cayó bien, sabía, muy a diferencia de la gran mayoría de los cara pálidas… ser sincero. Y yo valoraba eso por sobre todas las cosas.

A Billy le caía bien y Carlise también era un buen tipo, venía a la reserva una vez a la semana a dar atención a quienes lo quisieran y a traer medicinas; Emmet y Alice también eran buena gente, pero mi real compañero de juergas y demás era Edward.

Fue el único invitado cara pálida a mi iniciación como quileute adulto, y era el único cara pálida al que las jóvenes de la reserva pestañeaban sin cesar y regalaban amuletos hechizados para ganar al menos una sonrisa. Solíamos reír con Edward de nuestras viejas leyendas quileutes, y la verdad es que hasta el día de hoy seguía haciéndolo, pero el Gran Brujo hoy me cambió la perspectiva.

Es viernes, así que supongo que me estará esperando más tarde para ir a Port Angeles… pero pronto leerá mi mente para saber que hoy será distinto.

Estoy con los “Fríos” esperando a otros más, y el gran brujo me dio una dosis doble de su remedio para la fiebre, ya me anticipó que hoy más que nunca tendería a subir. Me pregunto si Edward será capaz de entenderme, o si pensará que estoy loco como antes pensábamos nosotros de mis ancestros.

Tengo que reconocer que estos “frios” son lindos muñecos de cera, no sé porque regla de tres a James se le ha ocurrido que una de sus visitas venga conmigo en la camioneta. Y es bonita, realmente bonita. Victoria me hizo memorizar los nombres de los tres, así que supongo que deberé llamar a la bonita por su nombre si se le ocurre mantener algún tipo de conversación.

El Gran Brujo me dijo que estaría tenso hoy, que debía por sobre todas las cosas controlarme ante cualquier cosa… pero cuando ella se sentó a mi lado me miró como acusándome, pude sentirlo, tan perceptiblemente como cuando Edward intentaba meterse en mi cabeza para comunicarse conmigo.

—¿Le incomoda algo Señorita Swan? —le dije, aunque en realidad era ella la que me incomodaba.

—Bella —me corrigió y me pareció sumamente impertinente.

—¿Le incomoda algo Señorita Swan? —repetí, marcando el límite entre ella y yo. Todavía no tenía muy en claro el propósito con que el Gran Brujo me había metido en este embrollo y esa historia de los frios se me hacía tan difícil de asimilar que todavía no estaba del todo convencido.

Ella respondió: “Nada”, mientras suspiraba y giraba su vista hacia el coche de adelante, en un gesto que me confirmó que algo no coincidía en el libreto del Gran Brujo.

Sonó su celular y pareció fastidiada con lo que escuchaba, la oí firme y decidida mientras respondía que esperaría en la casa. “Oh no”, pensé y efectivamente James desvió el vehículo hacia un camino lateral. Debía pensar rápido, y ella volvió a hablar…

—Trabajas para James.

—Si, trabajo para ellos Señorita Swan.

Casi no pude contener el impulso de girar donde lo hizo James, el Gran Brujo me había pedido que no lo perdiera de vista el día de hoy, ni a él ni a los nuevos “frios”, principalmente a la más joven. ¿Qué diablos hacía? Y la bocina sonó… “estás loco amigo!” pensé, pero verlo me hizo creer que si podría cumplir con ambos encargos.

Pero diablos, el baboso ni me miró, le clavó los ojos a la chica Swan como si jamás hubiera visto a nadie más… “Ni la mires, amigo”.

CAPITULO 4: Presentaciones formales

No soporté ni el silencio de Jacob, ni el ardor en la boca del estómago que me consumía, en una mezcla demasiado rara para un vampiro… ¿Qué me causaba ese desasosiego? Esa sonrisa y esos ojos que se quedaron grabados en mi, o esa quemazón angustiosa de peligro?

¡Para el vehículo! ordené y mis ojos se tiñeron de negro cuando sentí que Jacob aceleraba.

No.

No sé que me pasó… me abalancé sobre él y se vio obligado a maniobrar los mandos de la camioneta para no estrellarse contra un árbol. Cuando frenó, él ni siquiera tuvo tiempo de ver cómo me bajaba. Yo temblaba de pies a cabeza y trataba de controlar mi ira mientras caminaba frenéticamente hacia atrás, encaminándome al sitio donde James había cambiado de rumbo.

Lo vi venir a él en su moto y absolutamente todos mis músculos se relajaron, me olvidé por un momento de mi rabia y lo único que quise fue comprender porque me sentía tan idiotamente desarmada ante un frágil, simple, demasiado joven… pero terriblemente encantador “humano”.

Señorita Swan!... ¿dónde cree que va?

No te interesa muchacho.

Jacob… corrigió y precisamente “SI” me interesa.

En ese momento el muchacho de la moto llegó hasta nosotros.

Guau… ¿nos presentas Jake? diablos, 300 años y sigo sin controlar mis emociones. No lo pensé dos veces y me subí a su moto.

Voy con él. Le comuniqué a Jacob, y noté perfectamente sus puños apretados y su mirada severa para ambos.

Como quieras, pero será a la casa de James.

Ja… acaso me lo ordenarás tu?

No. No se lo “ordenaré” Señorita Swan… pero creo, por su bien que es lo mejor que puede hacer.

Ningún chiquillo me dice qué puedo y que no puedo hacer.

Apuesto a que un Volturi si… ¿o me equivoco?

Nuestras miradas se encontraron realmente por primera vez… este chico tenía fuego en la mirada y extrañamente sentí como me quemó. Bajé de la moto como en un trance.

¿Qué dijiste?

Dije “Volturis”… y sabes muy bien por lo que veo qué significa eso, así que me acompañaras o no?

Me desarmé… pensé de pronto en Alec y Jane… rememoré cada día que pasé en Volterra y lo mal que había terminado todo allí. Ví el rostro de Rene y de Phill. Sentí la mirada de Cayo y la indiferencia malvada de Marcus. Titubeé.

Yo sólo sé que debo llevarte a alguien que tal vez pueda ayudar. Esas son mis órdenes… y eso es lo que haré. me tendió la mano, y no sé porque se la tomé como si fuera la única tabla de salvación que conociera.

El muchacho de la moto no dejaba de mirarnos a ambos con la mirada más inquisidora que he visto en mi vida. Dejé de sentirme un vampiro. Dejé de sentirme superior, indestructible y vanidosamente perfecta. Mi ira me abandonó. Vï a Jacob como una puerta a una paz que había olvidado y sentí cada nervio de mi cuerpo invadido por una sensación extrañamente pasional cuando volví a mirar hacia la moto.

No es por nada amigo, pero podrías un segundo, aclararme “algunas cositas”.

Ahora no puedo Edward, pero puedes venir con nosotros… también me pidieron que te llevara a ti, un poco más tarde claro… pero tú como siempre…

Mmmm… como siempre te salvo el pellejo.

Ni lo sueñes!

Yo escuchaba la conversación sin oír. Un mundo de recuerdos, miedos y sensaciones se agolpaban en mi cabeza como un temporal de ideas que endemoniadamente me causaban ansiedad y por ende… sed. Pero cómo no tener sed ante la tibieza de ese cuerpo que se sentó a mi lado después de subir la moto en la parte de atrás de la camioneta.

¿Te irás en la camioneta? preguntó Jacob cuando lo vió subir la moto.

Claro.

Eres un interesado…

Tan obvio soy?

Demasiado… y de verdad amigo esta vez no te conviene. le dijo mientras ambos se acomodaban a cada uno de los lados dejándome en el medio.

Soy Edward Cullen. me dijo para presentarse mientras yo buscaba concentrarme repitiendo mentalmente todas las capitales del mundo buscando calmar mi ansiedad. Él se sentía tan tibio a mi lado que el instinto me empujaba a respirar hondo buscando guardar el aroma de su sangre hasta en la última de mis neuronas.

Bella Swan. respondí rehuyendo un contacto visual, aunque no pude evitar ver como sus manos jugaban impacientes con las llaves de la moto. Cerró los ojos y seguí tratando de colmar mi mente de información desordenada para no pensar.

CAPITULO 5: Explicaciones inconsistentes.

“Amigo, no me hagas esto” le dije a Jacob en mi mente. “No te cierres y dime algo… todavía no sé como diablos haces eso de cerrarte”

“Jajaaa… tu don es para la debilidad femenina Edward… mi sangre quileute te supera” se mofó Jacob.

“No, en serio hermano… debes explicarme al menos el 10% de todo este lio porque aunque me digas que es un troll, te confieso que acabo de enamorarme”

“No juegues con eso… en serio, es peor que un troll según el Gran Brujo… pero ahí vamos ahora y créeme que tengo tanta información como tú”.

“No amigo… juro que prefiero tener la información que tú tienes a lo que he escuchado en la mente de esta belleza… es una ensalada de pensamientos… habla con una tal René gritándole que donde se metió, habla con su padre, habla con un tal Alec … y…Dios… esto es de locos…”

“¿Qué pasa?” Jacob se perturbó de nuestra conversación mental porque me quedé callado.

“Voy a… transmitirte, lo que está pensando… tal vez para ti tiene algún significado: Ay René… René odio cuando tengo que cuidarte como si tu fueras mi hija en vez de yo la tuya… porque diablos tengo tanta sed!!!!!!!!! Voy a saltar al cuello de cualquiera de los dos en un segundo… Jane, Jane va a matarme si vuelvo a cruzarme con Alec… Arabia Saudí – Riad, Argelia – Argel, Argentina - Buenos Aires, Armenia – Erevan… y este Jacob no se que es un atrevido idiota, grrrr… debería saltar primero por su cuello si… y me lo guardo al otro de postre… tranquila Isabella, guarda la calma, eso eso… respira…. Aruba – Oranjestad, Australia – Canberra, Austria – Vienna, Azerbaiján – Baku Bahrein – Manama… yo sabía, sabía que esa Victoria se tramaba algo, “Volturis” será posible que haya sido tan idiota… y el Jacob este como sabe de los Volturis… Bangladesh – Dacca, Barbados – Bridgetown, Belice – Belmopan, Benín - Porto-Novo… no, no sabe nada, o no estaría aca sentado al lado mío… grrr… él es el que huele tan mal, pelo mojado… y este Edward…. No, basta… Bermudas – Hamilton, Bielorusia – Minsk, Bolivia - La Paz, Bosnia y Herzegovina - Sarajevo

Botswana – Gaborone… y qué estoy haciendo.. no sé donde voy, no sé a qué voy… René corre peligro y yo parezco una adolescente histérica en vez de un vampiro maduro de 300 años…”

Jacob frenó de golpe.

¿Qué dijiste?

La pregunta vino de ambos… y yo me quedé tiesa… ¿acaso lo había dicho en voz alta?

No dije nada.

Lo pensaste… dijo Edward mirándome tan fijo que mis ojos se quedaron enganchados a los suyos.

“Por Dios Jacob, haz que deje de mirarme o voy a estamparle un beso en esos labios preciosos”

“Qué idiota eres Edward, ella acaba de decir que es un vampiro y tu la quieres besar”.

“Pues que me saque hasta la última gota de sangre amigo porque acabo de perder la batalla.”

“Grrr… porque no me ayudas a pensar y dejas de dejarte llevar por tus pantalones!”

“Que no es eso Jake… ¿no la ves?... no sientes que las piernas se te aflojan?”

Le toqué la cara con el revés de la mano y la sentí helada… su piel era perfecta pero fría como el mármol.

Explìcate! le exigió Jacob obligándola a mirarla.

No…

Su voz indicaba que dudaba… y sus pensamientos aún más…

“Bella, Bella, qué hiciste?! René donde estás René… Phill!!!!... maldita seas Victoria… qué hago…? Tranquilízate… tranquilízate… no pienses en nada… ya no…. Respira… Renéeeeeee… Brasil – Brasília, Bulgaria – Sofia, Bélgica – Bruxelles, Camerún – Yaoundé, Canadá – Ottawa, Cavo Verde – Praia, Chile – Santiago, China – Pekin…”

Repetía países y capitales a una velocidad insultante, yo no sabía si reirme de sus pensamientos o si tomarme en serio los de Jacob; Jacob jamás me había parecido más serio y preocupado que ahora.

“Entonces es cierto” oí que él pensaba. “Es cierto… mi tribu debe protegerse.”

“Protegerse de qué Jacob?” le pregunté yo, mientras buscaba respuestas en los pensamientos que él no me dejaba atravesar.

Jacob bajó de la camioneta y empezó a pasearse alrededor apretando los puños, la situación me estaba poniendo realmente nervioso y lo peor de todo es que no tenía la menor idea de qué hacer.

“Jacob vuelve aquí y dejémonos de boberías… “

“No hermano, ella dice la verdad… mis leyendas eran ciertas… no lo sientes? No sientes ese olor dulzón a muerte que tiene.”

“Es perfecta Jacob, qué es lo que quieres decir”.

“Es un V A M P I R O, Edward… haz memoria de las leyendas que contaba mi padre.”

“Los vampiros no existen Jacob, esos son cuentos de niños”.

Bella seguía dentro de la camioneta, sin reaccionar y yo salí a buscar a Jacob.

“No seas infantil amigo”.

Él me miró y supe que en realidad creía aquello… intenté palmearle la espalda pero su piel estaba tan caliente que supe que algo malo pasaba en verdad.

“¿Qué te pasa?”

“No lo sé Edward… no lo sé pero si la tengo cerca voy a matarla… no me preguntes nada porque no entiendo, siento tanta furia…tanta ira…”

Por primera vez realmente me asusté, no habían trascurrido ni quince minutos de la primera vez que vi a Bella pero parecía que un mundo totalmente distinto al que conocía me estaba absorbiendo.

Basta! dije esto se está pasando de la raya… donde debemos ir y para qué?

Junto al Gran Brujo. respondió Jacob me subí en la camioneta, él se subió atrás junto con mi motocicleta y arranqué camino a la reserva.

Intenté durante todo el camino bucear en los pensamientos de ambos, pero era en vano, o estaba perdiendo mi estilo o los dos se estaban cuidando muy bien de ventilar sus ideas. La mente de Jacob era como un incendio, él sólo pensaba en como controlar la temperatura de su cuerpo que cada vez subía mas… y Bella… Bella recitó cada país y capital del mundo hasta que llegamos… en realidad la clase de geografía fue total… me hubiera servido un par de años antes. Lástima me dije y suspiré apagando el motor frente a la entrada de la Casa de Reuniones de La Push.

CAPITULO 6: El Gran Brujo

Bella:

Cuando nos detuvimos sentí por segunda vez en toda mi vida que mi corazón se paraba… o sea… yo ya estaba muerta, pero era un hecho que ese lugar era el peligro reencarnado para mí. La nariz se me llenó de ese asqueroso olor a pelo mojado que no había dejado de sentir desde el aeropuerto y todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo se tensaron como miles de fibras de hierro… sentía que el instinto me gobernaba y no hacía más que temblar.

Estábamos solos, comenzaba a amanecer y algunos rayos de luz reflejaron en mi piel el brillo de una piel diamantina… con rabia descubrí que Edward y Jacob me miraban fijamente sin comprender nada y entonces cerré los ojos deseando que ese fuera el último día de mi vida. Respiré hondo y sólo busqué en mi memoria tres sensaciones: la ternura de René, a quien amaba por sobre todas las cosas… la sensación de paz y protección que sentí al tomar de la mano a Jacob… y la emoción agolpada en cada uno de mis nervios en ese instante en que Edward me miró directo a los ojos.

—Nadie va a hacerte daño… —oí que alguien dijo, y me atreví a buscarlo con la mirada.

Un poco más atrás de Jacob y Edward un anciano me miraba, escrutando cada uno de mis movimientos… no había nadie más alrededor… y no caí en la cuenta de nada hasta que Jacob habló.

—Gran Brujo… ¿qué pasa? —preguntó Jacob y se notaba que sentía dolor… recordé a Jane y sus ataques rabiosos en Volterra.

—Ten paciencia Jacob Black… a su tiempo todo se responde…

—No puedo, me estoy quemando por dentro… —su voz sonaba tan crispada que en un arrebato me acerqué a él buscando aliviarlo de alguna manera. Bastó tocarlo para desencadenar lo que nunca jamás me perdoné después.

Jacob literalmente estalló, su cuerpo duplicó su volumen y supe al fin porque ese maldito olor a pelo mojado me había malhumorado todo el camino… Jacob era un licántropo… la tribu entera eran licántropos… y yo estaba entre ellos, sola… terriblemente sola… definitivamente era hora de pedir perdón si es que había un Dios que guardara algún lugar para mí.

Se oyó un ruido insoportable y quedé en suelo agazapada sin poder moverme, miré a Jacob que volvía de repente a su forma humana totalmente estupefacto… y miré a Edward… deseando, pidiendo, rogando a un Dios en el que ya no creía, que nada de esta historia bizarra y fantástica pudiera hacerle daño.

Las mil pretenciosas y engreídas creencias de creer que como vampiros eramos una raza superior se esfumaron ese amanecer… me sentí terriblemente vulnerable, sumamente ignorante y fatídicamente angustiada, temí por René, por Phill… por Jacob y Edward sin conocerlos… temí por mi alma si es que existía algún indicio de algún resto de ella en mí y lloré desconsoladamente.

Jacob:

No puedo pensar en absolutamente más nada que este calor que siento que circula por mis venas quemando cada centímetro de mi cuerpo. Nunca la fiebre fue tan abrazadora ni tan desesperante como ahora, la sensación que me inunda es de un volcán inmenso y profundo que necesita explotar urgente a menos que desee derretir cada parte de mi cuerpo.

Edward manejó como un loco, pero los segundos se me hacían siglos de infierno en esa piel. Salté de la parte de atrás de la camioneta y miré a la bonita, el Gran Brujo me había dicho que me lo diría a su tiempo… pero yo ya había entendido todo… ahora la veía brillar con los rayos del sol, perfecta, hermosa… engatusando a sus presas con todas las gracias que podía darle la naturaleza… y pensar que yo también pensé que era una belleza. “Tonto… y pensar que le dije a Edward que no pensara con sus pantalones”.

“Oye amigo, oí eso” me respondió él en mi mente.

—Nadie va a hacerte daño… —oí decir al Gran Brujo, mientras tenía los ojos clavados en la bonita.

“¿Como que nadie va a hacerte daño?... es un vampiro!”

—Gran Brujo… ¿qué pasa? —conseguí preguntarle pero una oleada de calor me quemó la garganta con cada palabra haciendo que me doblara en el piso de dolor.

—Ten paciencia Jacob Black… a su tiempo todo se responde…

—No puedo, me estoy quemando por dentro… —no pude terminar la frase, la maldita bonita… vampiro al fin y al cabo… por quien sabe que regla de tres se me acercó y me tocó.

El dolor cesó… la miré buscando agradecerle y caí en la cuenta de que ya no era yo… el cuerpo se me transfiguró en un animal enorme, brusco y terriblemente atroz… con la mente en blanco buscando una sola presa que cazar… ella.

El Gran Brujo ni siquiera me tocó, pero sentí un latigazo cegador que rompió en el aire y quedé inmóvil, viéndola agazapada en sí misma, vulnerable, sola… triste… sí triste, pude sentir su tristeza y su arrepentimiento… su melancolía me dolió, sentí como mi ira se aplacaba mientras oía su respiración resignada y volví a ser yo… confundido, alborotado, conciente de que la fantasía se había vuelto una realidad y no era un videojuego ni un cuento de fogata contada por los ancianos.

Volví a mirarla, la bonita lloraba, ¿podía un vampiro llorar?... me ví tentado a abrazarla… pero ni siquiera dejé que el deseo se convirtiera en pensamiento. Detestaría que Edward lo oyera.

Edward:

Algo pasaba y era evidente, Jacob estaba mal, médicamente mal. Tenía que llegar cuanto antes a la reserva y llamar a mi padre, así que conduje como un loco mientras intentaba entender un poco más de lo que le pasaba tanto a él como a ella, procurando ver el camino de manera conciente y apartar el recuerdo de la profundidad de sus ojos cuando nos miramos un rato antes. “Definitivamente me calaste hondo Bella Swan”, pensé y bajé de la camioneta para ayudar a Jake.

Él ya había saltado al suelo cuando llegué hasta él y al voltear a ver a Bella de nuevo me paralicé… ella brillaba bajo la luz del sol… titilaba como miles de estrellas prendidas a su piel, no resistí la tentación… busqué en sus pensamientos tratando de traducir sus ojos cerrados y sus gestos de desesperación.

“Sea lo que sea que pase René, eres la mejor madre que pude haber tenido… envuélveme con tu ternura otra vez aunque más no sea desde mis recuerdos.” —“Buena hija”, pensé.

“Si existes Dios… ojalá me puedas dar esa misma paz que sentí hace un rato con el tal Jacob, hace demasiado tiempo olvidé la sensación de recostar mi cuerpo sobre unos brazos que me protejan… aunque sean tan rudos como los de él.” —“Mmmmm… esa no me gusta amigo, ni pienses que te contaré que llevas el marcador 1 a 0.”

“Pero por sobre todas las cosas Dios… milagrosamente déjame sentir de nuevo ese ardor que recorrió mi cuerpo ante la mirada de Edward… a pesar de todos mis errores y a pesar de toda mi impertinencia vampírica me acabo de sentir humana por última vez.” —“Vamos Cullen todavía!!! Eso es una chance… y no dudes mi peligrosa vampiro que no la desaprovecharé.”

“Perfecta… es endemoniadamente perfecta y hermosa… Tonto… y pensar que le dije a Edward que no pensara con sus pantalones”. —pensó Jacob.

“Oye amigo, oí eso” le respondí mentalmente… tratando de distender un poco la tensión que había… pero fue en vano, el Brujo habló, sin dejar de mirar a Bella con una fijación que asustaba.

—Nadie va a hacerte daño… —le dijo a ella.

—Gran Brujo… ¿qué pasa? —reaccionó Jacob, instigándolo, aunque debió doblarse luego de dolor.

—Ten paciencia Jacob Black… a su tiempo todo se responde…

Y el resto fue una escena bizarra de película de terror… Bella se le acercó con un gesto de compasión extraña… Jacob gruñó con un aullido salvaje que reverberó en mi mente paralizándome… y de pronto ya no era él… era una mezcla musculosa de pelos que se movía rabioso en cuatro patas olisqueando el aire… y agazapado como para saltar furioso en segundos para destrozar a Bella… no sé qué magia desconocida cubrió la escena, pero todo se paralizó, el aire se volvió denso y los movimientos se detuvieron, sentí mil emociones que me atravesaban desde la mente de Bella y desde la de Jacob.

Soledad, tristeza, arrepentimiento… en ella. Confusión, duda, alboroto… en él.

CAPITULO 7: La profecía

Todos sabíamos la verdad… yo era un vampiro, Jacob era un licántropo… Edward era un humano… pero creo que de los tres sólo yo sabía que eso no era una pesadilla, que “eso” que nosotros a veces llamamos fantasía, son realidades escondidas… verdades ocultas de los círculos viciados de normalidad.

El Brujo había hecho algo, ninguno de nosotros podía moverse pero éramos totalmente consientes de lo que pasaba… y lo peor de todo… éramos consientes de cada palabra que nos decía:

—La tribu quileute arrastra el estigma de los lobos desde los grandes espíritus… tú lo sabes Jacob Black… has crecido con las leyendas de los ancianos… has tenido la fiebre… y has madurado lo suficiente para saber que eres el nuevo alfa… el designado por nuestro ancestro Taha Aki para guiar a la manada por el camino de los verdaderos guerreros. La tercera esposa profetizó antes de entregar su vida para salvar a Taha Aki, que una mujer Fría vendría y que sería distinta al resto de las mujeres Frías… que tendría costumbres distintas y purificantes ante la crueldad de su raza… profetizó Jacob Black que un Alfa Joven se vería obligado de corazón y alma a confiar en un “frío” y a protegerlo por el bien de los quileutes y habló de la trilogía, del triunvirato de bronce fusionado con la fuerza de lo prohibido… y dejó tres nombres grabados con su propia sangre en las pieles del augurio de los brujos: Jacob, Isabella, Edward. Yo agradezco la bendición de los espíritus… de ser testigo de la trilogía, de ser el instrumento que les servirá a cada uno de ustedes para mantenerse en esta difícil prueba… sellando el pacto de la unión con el mundo mágico por encima de lo que cada raza supone como derecho propio.

El brujo se me acercó y mojó mi frente con un líquido verdoso y maloliente… hizo lo mismo con Jacob y con Edward… y los tres sentimos liberados los músculos de nuestra prisión de aire.

—Deberán irse ahora, la tribu quileute aún duerme sólo por mi orden. Deberán irse a la casa de los Frios y detener la avalancha de muertes que trae consigo la venganza… no estarán solos… el espíritu de nuestro gran Taha Aki les hablará a través mío cuando sea necesario. Pero ahora… a pesar de no saber nada el uno del otro, deberán prometerse a ustedes mismos que cada uno será un todo con los otros… sea cual fuera la fuerza que los impulse.

Miré a Jacob y mi instinto se rebeló, el Brujo habrá dicho mil cosas… hasta incluso podía tener razón, pero diablos, me estaba pidiendo que haga pandilla con un hombre lobo adolescente?! ¿acaso tenía una remota idea de lo peligrosos que eran los licántropos jóvenes?... y ese humano… ¿cómo se supone que voy a resistirme al olor embriagador de su sangre?... podría cumplir mil años y ese aroma seguiría pegado a mí al igual que la profundidad de su mirada.

Él bajó los ojos y sonrió… ¿habrá reído histéricamente de esta locura imposible, o yo habré sido nuevamente la obviedad personificada?

Jacob, extrañamente apretó los labios y suspiró, se dio la vuelta y me tendió la mano en un ademán que desmanteló mi impulso de salir corriendo. Su seguridad y autocontrol resultaban una mezcla de coraje y comprensión tan rara, que tomé su mano sin temor… mi piel fría se deslizó segura y contrastante sobre la suya, mientras me preguntaba a mi misma que camino tomaría todo esto.

Edward también se acercó, sus ademanes dubitativos y recelosos me hicieron pensar de nuevo si esto no sería una pesadilla de ojos abiertos, o mi pasaje por el purgatorio después de haber sido asesinada por un lobo… pero no… cuando Edward se acercó el Brujo unió las manos de los tres con una cuerda áspera de yute y sentí el calor de una quemadura imperceptible que dejó una huella sutil en nuestras muñecas. “La trilogía” volvió a decir el Brujo… y desapareció.

CAPITULO 8:

Edward:

Si esta mañana al levantarme me hubieran dicho que pasaría por algo así, todavía estaría riendo a carcajadas. Pero como negar algo de todo esto si tengo una quemadura en la muñeca al igual que Bella y que Jacob… si he visto convertirse a mi mejor amigo en un lobo… y a la mujer más hermosa de la tierra en una muñeca brillando al sol.

La sensación que me dejó el brujo fue rara, tan rara que hasta quería creer que algo de lo que había dicho era cierto. Pero me resultaba más cierto el gesto de ella, el aceptar de lleno la mano de Jacob cuando minutos antes él casi se le abalanzó…

“Oye amigo, esa técnica de ‘atácalas y rescátalas’ no te la enseñé yo… ¿acaso el pupilo quiere superar al maestro?”

“Jaajaaajaaa… y en la historia se supone que el maestro eres tú?”

“Obvio… tengo un par más de años… ya debo ir a la universidad… he tenido más novias que tú… y etcétera, etcétera, etcétera… en serio hombre, la chica está loca conmigo”

“Esto no pasa por ‘TO BE OR NOT TO BE’ Edward… esto no es una conquista… además, vuelvo a repetírtelo, deletreado si quieres… es un V A M P I R O… entiendes eso no?

“Pequeño detalle Jake… a ver como me sale el deletreo a mi… es un B O M B O M…”

Discutíamos con Jacob en mi mente, en una intención escondida de relajarnos, pero Jacob no soltaba a Bella de la mano, y a pesar de nuestro juego verbal eso realmente me molestaba de manera sórdida y frustrante.

Subimos a la camioneta de nuevo y Jacob manejó en silencio, cerrándome su mente.

“Diablos Jacob, deja de hacer eso, necesito saber qué estas pensando”.

“Y yo necesito privacidad para pensar, Edward”

“Pero somos amigos o no somos amigos?”

“No me chantajees… en serio… apártate de mi mente y déjame asimilar las cosas a mi manera”

“Eso implica que puedo meterme en la mente de ella para distraerme.”

“Madura Edward… si es eso lo que quieres hacer… adelante.”

Me intimidó su tono, es cierto que estaba bromeando con él, pero Jacob parecía otro hoy… como si los años se le hubieran subido sobre los hombros de golpe.

Manejaba despacio como si quisiera dilatar el momento, pero su porte denotaba el control de sus propias emociones, y al mismo tiempo el desasosiego de lo desconocido.

—¿Cómo se supone que te controlaras? —le preguntó ella a él.

—No lo sé… supongo que deberás portarte extremadamente bien… y dejar de oler como hueles, porque me desconcentras.

—Jaajaaajaaaa, al menos huelo bien.

—La frase “portarte bien” implica dejar las ironías a un lado.

Me sentí tan fuera de la conversación que me enfurruñé y fue obvio. La cercanía de Bella era provocativa para mí y ella parecía ni fijarse que yo estaba ahí. Yo sin embargo cada vez estaba más consciente del cúmulo de sensaciones que provocaba en mi y no me gustaban. Estaba bien bromear con Jacob, y apasionarse por una hermosa mujer… pero sentir celos? No, ese no era mi estilo y debía reconocer ahora que moría de celos.

—Gracias por no notar que estoy aquí... —Bella volteó a mirarme— … pero no se preocupen, eso de ser “sólo” el humano es muy motivador. Claro, no tiene nada de fascinante hablar con el simple mortal de Edward.

—No te aproveches Edward… no creo que el papel de “víctima” te sirva esta vez.

—No juego a víctima hermano, pero sinceramente es un poco perturbador esta tu “historiecita” que contó el Brujo. O no es así?

—Estás enojado por no ser el centro de atención.

—No estoy enojado… sólo… —no pude terminar la frase, Jacob frenó de golpe frente a un James que apareció de la nada.

—¿Dónde estaban? —bramó con la voz mezclada con un sonido gutural.

Jacob apretó los puños y bajó del vehículo despacio, buscando bajar los decibeles de su respiración.

—¿Dónde estaban? —gritó de nuevo y golpeó la camioneta con el puño abollando parte del capot.

La velocidad con que Bella se plantó delante de Jacob me sorprendió, no alcancé a verla bajarse ni moverse, sólo la vi delante de él mientras ella le contestaba con nuevas preguntas.

—¿Y René y Phill donde están , James?

—Están donde deben estar, Bella.

—Deja de evadirme James y dime qué has hecho de ellos!!!

—Están cazando con Victoria…

Yo miraba a ambos como si fueran sacados de una escena de película de suspenso… los dos se miraban fijamente, pero con un odio contenido que podía olerse en el aire. Pero oí los pensamientos de James… y algo me dijo que debía “traducírselos” a Bella.

“Idiota… acaso crees que podrás conmigo?”

“Bella, soy Edward, esta comunicación es un poco torpe de mi parte y te explicaré el cómo después… pero quiero de alguna manera trasmitirte lo que está pensando James”.

“Grrr… sal de mi mente humano!!!” —respondió ella mentalmente.

“Amigo… —le dije a Jacob— … qué hacemos… Bella no quiere escucharme y este loco creo que está pensando mucho más de lo que dice”.

“La bonita no conoce tus dones Edward, apártate…!!!”

Jacob aulló pesadamente y volvió a transformarse en la criatura enorme que vi en La Push, abalanzándose hacia James y cayendo ambos al piso. Ver a los dos luchando resultaba sobrecogedor… los ruidos eran guturales, los movimientos feroces, las dentelladas entre uno y otro resultaban animales e instintivas…

“Quieras o no oírme Bella, lo que James dijo fue: ‘... no entiendo porque Marcus subrayó tantas veces que fuera extremadamente cuidadoso, será tan fácil como fue matar a Phill y a René’…”

Apenas terminé la frase Bella acompañó a Jacob en el ataque, James fue un recuerdo, minutos después.

CAPITULO 9: Dolor

Bella:

¿Cómo puede la vida cambiar de forma tan drástica y amarga? ¿Será eso lo que sintió mi padre cuando lo abandonamos?

Jacob destrozó a James… yo sólo ayudé en el factor numérico tal vez un minuto o dos… la furia dejó paso a la desesperación de saber que René estaba muerta… que ahora si, en forma definitiva y rotunda… estaba sola. Había elegido ser el monstruo que era únicamente para estar con ella y ahora no había un porqué.

Edward se me acercó y lo rechacé de plano...

—Soy un V A M P I R O, Cullen… no te lo explicó tu amigo el lobo? Como sangre!!! Acaso quieres morir???!!! —Estaba tan histérica que traté de aplacar mi rabia desquitándome con él.

—Cualquier “tonto” humano como yo puede darse cuenta que lo que acaba de pasar te supera, no importa lo que digas… estoy aquí y no me iré.

—Eres un suicida.

—Soy un hombre que quiere ayudarte.

Callé y bajé la vista, quería decirle “gracias… lo necesito” pero no me salió. Él se quedó a mi lado igual, y me agarró la mano helada acariciándome los nudillos despacio.

—No pensé que fuera tan fácil deshacerse de ustedes. —me dijo Jacob.

—Inténtalo conmigo “perrito” y verás que tal te va.

—Tranquila Bonita… escuchaste al Gran Brujo… no puedo tocarte… creo que si no hay tres no hay trilogía no?

—No creo que sea momento para sornas.

—Ok… ok… lo que quiero decirte Bonita es que eres un “vampiro bueno”. Tal vez para ti no tenga mucha importancia, pero si el Gran Brujo lo dijo es que trae cola. Esta profecía tiene siglos… muchos siglos y los secretos no se guardan mucho tiempo por nada.

—Pregúntale a tu Brujo porque no pudo salvar a mi madre entonces. —él me miró confuso, pero después centró su vista en Edward un par de segundos y dijo:

—Perdona… no lo sabía… siento mucho lo de tu madre.

Dio un par de vueltas, terminando de ocultar los restos destrozados de James, mientras Edward permaneció sentado a mi lado… podía sentir de tanto en tanto como su piel se llenaba de escalofríos debido a mi temperatura y como sus dedos se volvían cianóticos sobre los míos. Aún así no me soltaba, ni dejaba de hablar de un montón de tonterías sobre Forks tratando de entretenerme.

Lo peor de todo es que yo tampoco quería que me soltara… a pesar del dolor que sentía no me era ajeno el cuerpo tíbio que me abrazaba a medias, ni la necesidad de sentirme protegida, no por cualquiera, si no por “él”.

—¿Nos vamos? —preguntó Jake.

—Si… el tema es ¿dónde?

No lo necesitaba, pero Edward me ayudó a levantarme y distraídamente retuve entre mis manos las suyas hasta que no tuve más remedio que dejarlo ir..

—El Gran Brujo dijo esta mañana que un “Frío” sería el fin de los “Frios”… y asi como veo la película Bonita, esa eres tú. Dijo que debía convencerte de quedarte aquí y de ayudarte, que unos Volturi vendrían tras de ti después de haber roto el sello. Es todo lo que se… tal vez con eso se te ocurra algo.

—¿El sello? ¿El sello se ha roto?

—Odio cortar el idilio, pero creo que deberíamos irnos a “algún lugar”, porque que yo sepa el James ese no está solo no? La pelirroja debe andar por aquí. —nos recordó Edward.

Jacob asintió, nos subimos en la camioneta y él arrancó. Sin preguntar siquiera se dirigió a La Push.

—No es por nada perrito… pero…

—No vuelvas a llamarme así sanguijuelita… —me interrumpió.

—Tranquilos los dos. —dijo Edward— O creo que no pasaremos de un día en este menage a trois de fantasía.

No me gustó el comentario de Edward, pero tenía razón. Suspiré y me dejé llevar, tratando de repeler de mi nariz el olor a pelo mojado que crecía mientras nos acercábamos.

—¿Cuantos de ustedes hay en la reserva? No es por nada, pero no es que me sienta muy “segura” rodeada de licántropos adolescentes.

—Ni idea… déjame aclararte Bonita que hoy acabo de “nacer”…

—Jajaaajaaa amigo, nunca pensé que tuvieras tanto vello. —bromeó Edward.

—Pensándolo bien me importa poco… no me vendría mal terminar con todos estos años de vivir en este monstruo.

—Espera… acaso quieres decir que te gustaría que los amiguitos de Jacob te hicieran lo mismo que él hizo a James? — me encogí de hombros y no respondí

“Eres cruel Bella…” escuché la voz de Edward en mi cabeza y lo miré inquisidora “… me romperías el corazón si te fueras”.

Bajé la vista y no respondí de ninguna manera lo que él había dicho, mis emociones y mi cordura no estaban lo suficientemente atentas como para no perder en el jueguito de conquistar al vampiro… sólo pensé en él, y en la mirada que me cautivó la primera vez que lo vi… “ojalá algo de esto hubieras sido distinto… si yo fuera humana Edward Cullen… me hubiera derretido por lo que acabas de decir”

Edward:

¿Cómo es posible que no sienta repulsión al ver una escena tan sangrienta? O sea… Jacob acaba de destrozar a otro hombre y Bella parece tan animal como él, dominada por una furia sobrehumana, grosera… cruel.

¿Quién será René? Será que lo que le dije sobre ella desató tanta rabia que transformó esa mujer hermosa a la que estaba admirando en silencio… en… “esto”? Y qué demonios es lo que me empuja hasta ella ahora, estando incluso ensangrentada… enojada, desencajada de rabia… pero al mismo tiempo tan visiblemente vulnerable y sola…

Me rechazó a manotazos ni bien me le acerqué, y debo reconocer que su fuerza es obvia porque estuvo a punto de romperme el brazo sin proponérselo.

—Soy un V A M P I R O, Cullen… no te lo explicó tu amigo el lobo? Como sangre!!! Acaso quieres morir???!!!

Temblé cuando la oí… pero no de miedo… su dolor podía palparse en el aire y me ganó la impotencia de sentir que nada de lo que dijera podría contenerla. Hubiera sacrificado cada uno de los momentos de felicidad de mi vida por evitar al menos algo del dolor que sentía en ella ahora. Respondí sin pensar…

—Cualquier “tonto” humano como yo puede darse cuenta que lo que acaba de pasar te supera, no importa lo que digas… estoy aquí y no me iré.

—Eres un suicida.

—Soy un hombre que quiere ayudarte… le dije, y de inmediato… mientras ella me miraba con una mezcla rara de rabia y dolor, pensó: “gracias… lo necesito”… y le agarré la mano en un impulso. Su piel eras tan fría y al mismo tiempo tan atrapante que no la dejé a pesar de que los dedos se me amorataban de la hipotermia.

Jacob le dijo un par de cosas, y sé que ella contestó… pero no podía hacer otra cosa que mirarla, hasta que Jacob interrumpió.

“Hey amigo… te atrapó la Bonita? o es una de tus tácticas?”

“No seas idiota Jake… ¿no ves que está hecha jirones? ¿Quién es René?... se puso como loca cuando le dije que James dijo que fue fácil… matarla…”

“¿Eso hizo James?”… Jacob la miró con lástima y dijo:

—Perdona… no lo sabía… siento mucho lo de tu madre.

Le apreté las manos más fuerte a Bella cuando lo oí. Comencé a decir un montón de tonterías con el afán de entretenerla y tal vez de entretenerme también, mientas buscaba encajar alguna de todas las piezas de ese día de pesadillas, queriendo en parte que realmente fuera eso, y en parte que continuara porque si deseaba que Bella fuera real.

—¿Nos vamos? —preguntó Jake.

Y suspiré hondo mientras la ayudaba a incorporarse y soltaba su mano por obligación. Jacob volvió a decir algo de su Brujo y de unos Volturi algo, pero no le preste atención contrándome solamente en ella… hasta que recordé a Victoria.

—Odio cortar el idilio, pero creo que deberíamos irnos a “algún lugar”, porque que yo sepa el James ese no está solo no? La pelirroja debe andar por aquí. —dije, y nos pusimos en camino a La Push.

Bella y Jacob pelaban de tanto en tanto y debo admitir que a mí me molestaba que ella hablara con él y no conmigo.

—Tranquilos los dos. O creo que no pasaremos de un día en este menage a trois de fantasía.

Ambos parecieron resignarse al comentario…

—¿Cuantos de ustedes hay en la reserva? No es por nada, pero no es que me sienta muy “segura” rodeada de licántropos adolescentes.

—Ni idea… déjame aclararte Bonita que hoy acabo de “nacer”…

—Jajaaajaaa amigo, nunca pensé que tuvieras tanto vello. —bromeé tratando de meter algo de conversación que evitara una nueva exclusión.

—Pensándolo bien me importa poco… no me vendría mal terminar con todos estos años de vivir en este monstruo.

—Espera… acaso quieres decir que te gustaría que los amiguitos de Jacob te hicieran lo mismo que él hizo a James? — le dije

“Eres cruel Bella… me romperías el corazón si te fueras”. Le dije con el pensamiento y fue obvio que ella me escuchó en su mente. Pensó en mi y en la loca carrera de la madrugada, cuando toda esta locura empezó... “ojalá algo de esto hubieras sido distinto… si yo fuera humana Edward Cullen… me hubiera derretido por lo que acabas de decir”.

Y me derretí yo.

CAPITULO 10: El Sello

Jacob:

Debe ser algo relacionado con mi “nueva piel”… con las hormonas explosivas de un licántropo joven… pero no puedo sacarme de la cabeza a la Bonita… y eso me molesta… su olor dulzón me da vueltas en la cabeza y lo frio de su piel equilibra mi propio calor interno.

Me dan ganas de morderle los dedos despacito… uno a uno… para divertirme con su mirada encendida y rabiosa… con sus palabra que intentan ser hirientes pero que me muestran el grado de pasión que tiene en cada fibra, en cada pensamiento, en cada ademán que hace incluso en contra mía.

Es bueno poder de alguna manera cerrar mi mente a Edward, es obvio que a él también le pasa algo con la Bonita… y me pregunto irónicamente si en realidad no somos unos tontos los dos… Edward es humano… demasiado frágil y mortal… y yo soy un hombre lobo… que a pesar de mi gran autoestima debo reconocer que demasiado tosco y peludo para la Bonita.

Sigo manejando rumbo a La Push, buscando eliminar el morbo de mi cabeza y algo raro ocurre, el Brujo me habla igual que Edward en mi mente… y no está sólo… siento al menos unas tres voces más en mi cabeza.

“¿Jacob es el Alfa? No puede ser Gran Brujo… Jacob Black es sólo un niño”.

“Sería bueno que abandonaras un poco de tu soberbia Sam Ulley.”

“No es soberbia Gran Brujo… Jacob no sabe ni siquiera ser un lobo aún.”

“Tú tampoco lo sabías Sam.”

“Pero crecí lo suficiente… y soy un buen líder…”

“Pero no eres el Alfa, Sam… y tú más que nadie deberías de saber que un lobo se debe a su manada… y que debe obedecer a su Alfa”.

Apreté el acelerador alarmado ¿de qué estaban hablando?… y porque oía lo que Sam Ulley hablaba con el Gran Brujo, las cosas se complicaban más y esto estaba dejando de parecerme un mal sueño para volverse una realidad odiosa.

Era casi medio día cuando llegamos ante el Brujo de nuevo… y Bella entornó los ojos y tensó los músculos en cuanto vio a Sam y el resto de su pandilla.

No voy a bajar…!!! Quita a esos tus amigos rabiosos de allí o no respondo!

No es necesario Isabella… me dijo el Brujo … Aléjate Sam, sabes que la trilogía está escrita y que no depende de nosotros.

Juré defender a la tribu quileute…

Entonces hazlo, y déjanos pasar… esto está por encima de ti Sam le dije mientras abría la puerta para hacer bajar a Bella y Edward. Baja Bonita, nadie te hará daño… lo prometo… palabra de honor.

Para mi amor propio la reacción de Bella fue espontánea.

Más te vale, porque estoy confiando en ti Jacob Black.

Ambos tomamos a Bella de las manos y entramos a la cabaña del Brujo… no quise soltar su mano helada a pesar de que era obvio que debía. A Edward tampoco le sentó bien mi demora en dejarla ir.

El Brujo nos indicó que nos sentáramos y miró fijamente a la Bonita.

El sello se ha roto.

El sello era irrompible.

Si… hasta el momento en que llegara su tiempo de darse a conocer… y el tiempo llegó Isabella.

Tanto Edward como yo los mirábamos sin entender absolutamente nada… yo sólo había repetido a la Bonita frases sueltas que el Brujo había dicho pero que no tenían más significado que esa sensación de mi subconciente que era más fuerte que yo. Que me decía a gritos que esos sueños que de pequeño me mantenían días enteros sumidos en la fiebre, ahora comenzaban a tener sentido.

—¿Y qué tiene todo esto que ver con el sello?

—Mejor pregunta que tienes tú que ver con el sello… —la voz del Brujo y de la Bonita se me hacían cada vez más lejana mientras una nebulosa de calor me atontaba el cerebro… mientras veía mis pesadillas e imágenes de siempre en una confusa mezcla de realidad y delirio…

“Jacob hazme el favor de decirme que demonios pasa!!!....” oí la voz de Edward como nunca la había oído, como si una sola con la mía.

“Espero que no sea lo que estoy pensando”

“¿Y qué piensas?” —interrumpió Bella y terminé por callar

“En serio Jacob… qué pasa? Siento como si los tres fueramos uno solo… esto es distinto a ‘meterme’ en tus pensamientos”.

“Callense los dos!!! No te das cuenta Edward que la mente de los tres se ha fusionado?... es mi pesadilla… es la profecía de la trilogía: mente… fuerza… inmortalidad…”

Bella habló quedamente… con una voz ausente, pero que repercutía en la conciencia colectiva de los tres, como despertando de un letargo y de una ignorancia que ocultaba su propio conocimiento dormido.

“La oscuridad se alimenta de la avaricia de los hombres, del egoísmo y de la autocomplacencia, hay una leyenda escrita con las sangre de tres razas antes de que la oscuridad de sus almas ganara la batalla… la leyenda dice que sólo la unión de las tres razas puede volver el río a su cauce… y que las tres razas se unirán el día que se rompa el sello.”

“Y el sello se ha roto”. Repitió Edward y su voz resonó como un coro.

Los tres despertamos y nos miramos de una manera totalmente diferente… no sé explicar esa sensación de que el tiempo ya no es una medida, sino un camino, y más que eso un camino a recorrer.

Bella tomó mi mano y el contacto con su piel me devolvió a un estado de conciencia en el que mi lado “humano” se daba demasiado cuenta de ella… y de su lado peligrosamente “bonito”.

CAPITULO 11: Confusiones

Bella:

“Mente… fuerza… inmortalidad…”

Yo agregaría una terrible doble confusión. Trescientos años no habían servido para que me fuera más fácil asimilar este peso… ni tampoco para aclararme las sensaciones que caprichosamente me llenaban al contacto de estos dos extraños.

La voz de Edward resonaba en mis oídos, mezclaba mis sentidos y devolvía a mi recuerdo la loca diversión de su mirada y la ternura con la que hacía unos momentos había tratado de protegerme y animarme. Su piel era tibia y su olor extremadamente embriagador… me apetecía su sangre… y al mismo tiempo no concebía quitarle una vida que me hacía sentir a su manera tan viva.

Jacob era indudablemente “la fuerza”… a pesar de ser una especie de cachorro atolondrado… de que parecía extremadamente soberbio… de que era torpemente desafiante en todo… me sentía extrañamente protegida cerca suyo. Lo peor es que debía temerle, era el peor enemigo de la raza vampira… y sin embargo si hubiera podido dormir… me hubiera gustado dormir a la vera de su resguardo.

Quería tocar a Edward, enredar mis dedos en su cabello alborotado, acariciar la extensa superficie de su espalda, sentir su piel tibia estremecerse al contacto de mis dedos frios… BASTA… me repetí a mi misma… intenté comparar las sensaciones que había sentido con Alec y me perdí en un recuerdo tan frío como mi propia piel.

¿Realmente fue Alec algo para mi? ¿O fue la manera más cruel que encontré de competir con Jane? Cualquiera fuera la respuesta a esa pregunta… no competía con las emociones controvertidas que me provocaban Edward y Jacob. Alec fue un par de décadas de poder vertiginoso… de sangre devorada sin deseo… sin sed… por el simple hecho de asimilar costumbres que en realidad nunca asimilé… Alec fue un nombre, alguien que se mantuvo a mi lado a pesar de mi desapego y mi maquiavélica contrariedad. Un hermano lastimado para Jane. Una venganza prometida por parte de ella cuando lo abandoné. Nada. Ni nisiquiera la décima parte del interés que provocaba en mí Edward… ni la segura protección que sentía de Jake… y eso me hizo sentir culpable por primera vez.

Jacob:

“Mente… fuerza… inmortalidad…”

Tratando de no ser arrogante supongo que me toca ser la fuerza no? Pero podré ser lo suficientemente fuerte para que la Bonita no me gane en un lugar en que la fuerza bruta no tiene nada que hacer? Me agobia tenerla tan cerca, debería sentir ganas de matarla y sin embargo siento unos deseos insoportables de plantarle un beso en los labios marmóreos. BASTA… debo dejar de pensar ese tipo de cosas… tampoco es la gran cosa la Bonita… pensándolo bien es una vieja sanguijuela de unos trescientos años por ahí… pero diantres… linda sanguijuela caramba.

Respirar hondo no me ayuda… su perfume dulzón me lastima las fosas nasales pero la verdad que no me importa seguir respirando… significa que sigue allí y tontamente eso me tranquiliza.

Dijo que confiaba en mí. Debería de haberle dicho “tonta… no lo hagas, porque en cuanto pueda te robo un beso que espero que dure horas”.

Edward:

“Mente… fuerza… inmortalidad…”

Obviamente no soy la inmortalidad, y entre mente y fuerza me gustaría saber qué prefiera Bella… no sé si me estoy obsesionando pero sinceramente lo cultivaría si eso me acercara a ella.

Me siento estúpidamente humano y frágil en este jueguito de la trilogía. Se supone que uno sueña con ser Superman, o un villano sexy, en vez de un “simple y humano mortal”… estoy desvariando, me molesta no saber qué papel juego, dentro de todo envidio la posición de Jacob, al menos a él le dieron un súper poder no?

Debería de calmarme, concentrarme en tratar de oír los pensamientos de Bella por si acaso piensa un poco en mi… o los de Jacob para que de una vez por todas, ya que debo correr esta carrera, me diga cómo no quedar tan detrás.

La miro, y mi cuerpo se da perfecta cuenta de la reacción que me provoca. Mis manos sudan de manera escandalosa y respiro hondo el perfume dulce que no logro distinguir si sale de su piel, de sus cabellos o de algún secreto lugar que me esconde sólo para provocarme más curiosidad.

Es raro dejarme llevar por apasionamientos como este, es una chica… diablos… una simple? Hermosa? Torturante? Chica vampiro…

Decido seguir… necesito saber si tanta fascinación tiene un nombre cuerdo, o si por primera vez en mi vida voy a saber lo que es enloquecer de pasión.

CAPITULO 12: La Manada

Jacob:

—Iremos a tu casa Edward.

—Me haces quedar mal Jake… no necesito que me cuiden.

—Mmmmm… no te me pongas sensible hombre… no estoy precisamente pensando en protegerte a ti.

—¿Alguna de mis hermanitas tal vez?

—Descuida… se que ambas deben morirse por mi… —bromeé— … pero ahora como que me gustan más las “viejitas” de unos cuantos siglos.

Ni Edward ni Bella rieron, la verdad que tampoco lo dije sólo en broma, pero era obvio que debía tranquilizarme con las indirectas o iba a perder un terreno mucho mayor.

Como siempre que iba a lo de Edward, me sentía profundamente a gusto, dejando entre paréntesis a Rosalie, claro. Edward solía mofarse de nuestra tirante relación diciendo que después de la guerra venía el amor. Ja!… eso si que no ocurriría ni en veinte reencarnaciones… lo tenía totalmente decidido y grabado en mi memoria genética… escrito en mayúsculas y subrayado con línea doble. Me resultaba terriblemente curioso saber como Emett podía soportarla… pero bueno, ahora parecía que ciertas “inconsistencias” se me habían mudado. ¿Hombres Lobos y Vampiros?

—Bienvenido Jacob! —saludaron casi al unísono Carlise y Emet.

—Sr. y Sra. Cullen… —sonreí mientras le pasaba la mano a Carlise y besaba en la mejilla a Esme.

—¿La pandilla quileute vino a que le ganaramos una partida de beisbol? —preguntó Jasper que llegaba del trabajo para almorzar con Alice.

—Oye… está bien que esté crecido, pero de ahí a ser una pandilla entera hay deferencia… —reí.

—Creo que Jasper se refiere a Sam y los chicos, Jacob. Están en el patio de atrás con Emett.

Bella entró a la casa y me tomó la mano cuando lo oyó. Los Cullen la miraron confusos, pero fueron lo suficientemente correctos para no demostrarse demasiado curiosos, claro, sin contar a Alice.

—Hola! Tu eres?

—Bella Swan.

—Mmmm, con que una noviecita escondida pícaro Jacob!... si Jasper no estuviera aquí mismo escuchando te diría que me acabas de romper el corazón!

—Alice…

—Tranquilo Jasper, sabes que sólo juego con Jake… es Rosalie la que no podrá creérselo… voy a contarle.

—No tengo nada que ver con Jacob. —dijo la Bonita soltándome la mano como si la quemara.

—Oye… tampoco soy un monstruo deformado. —mala idea decirlo, la Bonita me hizo una mueca como diciendo “Eso crees… pequeño hombre lobo adolescente?”.

—Mamá… Papá… le presento a Isabella Swan… prefiere que le digan Bella… está en un programa de intercambio estudiantil… de… de… de Alaska… por eso está algo pálida y tiene la piel algo fría… pero supongo que pronto se acostumbrará. Vinimos porque quería saber si podíamos ser su familia de acogida mientras esté aquí.

—Edward… sabes que ni siquiera deberías preguntarlo. —le dijo Esme, tomando ya de la mano a Bella. Sonrió a pesar del contacto frío con la Bonita y la llevó a la planta alta para acomodarla en una habitación.

—¿Te parece que puedo pasar junto a los muchachos atrás? —pregunté a Carlise.

—Jacob, sabes perfectamente que esta casa es como tuya… pasa, pasa.

Edward miró a su madre alejarse subiendo las escaleras con la Bonita y después de un gesto de cierto fastidio me siguió.

—¿Pasa algo? —le pregunté. Su cara no me daba demasiados indicios del qué, pero denotaba perfectamente que algo lo perturbaba.

—Es Sam, Jacob… su mente es… no sé cómo decirlo… una maraña de ambigüedades… está tan molesto contigo, tan deseoso de golpearte… no sé… creo que no es el momento oportuno para hablar con él.

Cuando salimos al patio de atrás vimos a toda la pandilla de Sam. Emett nos sonrió desde el mismo ángulo y jugaba una pulseada con Paul cuando llegamos hasta donde estaban.

Notó lo tenso del ambiente y las miradas que tanto Sam como yo nos lanzamos.

—Oye… Emett, —le dijo Edward— sabes que eres mi cuñado favorito de mi no favorita hermana… asi que debo decirte que Alice fue a poner algo histeriquilla a Rosalie, te aconsejo que no le des tiempo.

Emett rió a carcajadas y agradeció entrando a zancadas a la casa.

—Estás jugando en el bando opuesto niño. —me espetó Sam de una.

—Ni soy un niño Sam, ni estoy jugando… Lo que si me parece es que estás terriblemente resentido y no eres capaz de pensar en lo que verdaderamente es importante.

—Crees que porque ya entras en fase eres un gran quileute? Ni siquiera tienes idea de lo que significa ser un verdadero licántropo… Tiene “un día”, has oído… un día de vida y piensas que lo sabes todo?... estás loco Black si piensas que tienes el mundo en tus manos… mírate… protegiendo a un vampiro… ellos son el enemigo… acaso no lo entiendes?

—¿Y qué crees tú que debo hacer Sam? ¿Aprender de tu experiencia?... De tu “gran” control?

—No tienes ni idea de cómo sobrellevar esto.

—No quiero pelear contigo Sam, deberíamos proteger a la tribu juntos.

—No mientras sigas del lado errado.

—No estoy en ningún bando… porque no confías en el brujo y en la profecía.

—Porque me debo a mi pueblo Black… no a los parapálidas y menos aún a los chupasangres.

—Me culpas de soberbia Sam, y no eres capaz de ver más allá de tu propio círculo… mi instinto… mi instinto quileute me dice que estoy en el camino correcto… no voy a obviarlo.

—Eres un idiota engreído Black.

—Soy el Alfa, Sam. El hijo de Efraim Black no nació para seguir al hijo de Levy Ulley. Si piensas que soy soberbio, entonces repítetelo hasta el hartazgo.

Sam tembló de la rabia. Hubiera jurado que entraría en fase antes de poder llegar a la puerta de salida rodeado del resto de su pandilla.

Edward me hizo un gesto adusto y yo callé, dejándolos ir.

CAPITULO 13: Los problemas

Edward:

Estoy entendiendo qué parte del rompecabezas soy. Sam nunca ocultó su desprecio a Jacob, ni esta mañana, ni ahora… y puedo suponer que cuantas veces se enfrenten será la misma cosa. Pero jamás pensé que las cartas estuvieran jugadas de esa manera.

—Debemos hablar Jacob.

—Déjame en paz un rato Edward… mi temperatura sube y bien sabes lo que puede pasar.

—Pues busca algo de hielo o citemos a Bella al pie de la heladera abierta… pero ambos deben escuchar esto.

Jacob me entendió y asintió suspirando. Buscamos a Bella arriba, mamá la acomodó en mi habitación y me dejó una esquela pegada por la puerta, diciéndome que mudó alguna de mis cosas al cuarto de servicio para que yo me mudara por un tiempo allí.

Hice una mueca de disgusto, aunque sabía bien que mamá tenía reglas bastante estrictas en casa sobre determinados “encuentros”.

Jacob tocó la puerta después de respirar hondo, como queriendo tomar todo el aire que pudiera de su alrededor y la llamó pidiéndole que abriera.

Nos sentamos en la alfombra mientras Bella nos miraba sentada en el borde de la cama, recogiendo su cabello en una cola de caballo que dejaba al descubierto los contornos de su rostro de una manera extrañamente infantil.

—Sam nos va a traicionar. —dije de golpe, centrándome en lo que necesitaba decir, para no quedarme como un tonto mirándola a los ojos.

—Sam es un idiota… no va a ayudarnos, eso es claro, pero de ahí a traidor Edward…

—Está de acuerdo con un tal Aro… que no sé quien es pero... —Bella no me dejó continuar.

—Aro es el líder de los Volturi. Algo así como la aristocracia de los vampiros. No es el Volturi más sanguinario, pero sí el que antepondría cualquier cosa a nuestra supervivencia.

—No es por nada Bonita, pero podrías definirme tu “nuestra”? ¿Te refieres a la raza chupasangre?

—Me refiero a los vampiros… te guste o no, prefiero ese nombre a “sanguijuela” o “chupasangre”.

—Perdona Bonita, sabes que no es nada contra ti. —Jacob volvió a mirarme, y continué.

—Concretamente Sam dijo: “No importa lo que el Gran Brujo diga, le daré a Aro a su chupasangre y él dejará en paz a la tribu. Llénate la boca Jacob Black, será un Ulley el que salve a La Push… son demasiados para luchar para sobrevivir”.

—Estás seguro de lo que dices Edward?... sabes que no soporto a Sam, pero de ahí a traicionar a los quileutes…

—Creo que él es mucho más sensato que nosotros. —miré a Bella y volvía a sentir unas ganas desafiantes de abrazarla, tenía una manera de entornar los ojos y arrugar la comisura de los labios cuando algo le preocupaba, que sólo se me antojaba susurrarle al oído que fuera lo que fuera yo seguiría estando allí, aunque fueramos unos insensatos, aunque toda esta historia pareciera sacada de un cuento adolescente mezcla de fantasía underground y romance shakesperiano.

Jacob era más rápido que yo, mientras yo trataba de no demostrar que a cada instante Bella me gustaba más, él era alevosamente expresivo.

—Bonita… —le dijo mientras la agarró de la mano y la estiró hasta el piso frente a él— … dos cosas: la primera, no vuelvas a decir nunca con el mismo tono de hace un rato ‘No tengo nada que ver con Jacob’… o vas a conseguir que me suicide de la rabia, o al menos que tenga que juntar mi corazón hecho papilla del piso. Y dos… podrías ilustrarnos un poquito más sobre esos Volturi?

Hizo reír a Bella, y eso me dio envidia. Me obligué a bloquear el pensamiento de ambos porque aun sin leerlos, sabía bien que Jake trataba de simpatizar peligrosamente con ella y que a ella el comentario le resultó patéticamente tierno. ‘¿Por qué no se me ocurrió a mi?’ pensé, y me limité a mirar la escena como un noviecito celoso.

CAPITULO 14: Aristocracia Volturi

Bella:

Es gracioso como algo a lo que te enseñan a temer (y no en vano) puede ser tan caraduramente gracioso. Hasta podría decir que su comentario resultó tierno, o sea, valerosamente tierno. ¿Cómo se supone que un licántropo puede pensar románticamente sobre un vampiro? Y ahí está él: sonriendo desafiante mientras me tira indirectas cada dos frases. La escena me resulta graciosa, y una vez más, tierna. Hasta que veo la cara de Edward y me siento en falta por haber sonreído. Bajé la cabeza tratando de separarme más de los dos y comencé a contar despacio mi parte de la historia:

—Los Volturi tienen más años de los que ninguno de los de mi raza, son considerados como la máxima autoridad… como los jueces… como los guías… son quienes mantienen en regla a todos aquellos que nos ponen en peligro, sean humanos o vampiros. Si alguno de nosotros se pasa de la raya… bueno… ellos se encargan de “silenciarlo”. Yo viví con ellos un tiempo… y no me enorgullezco de ello.

—No tienes que contarlo si no quieres.

—Necesito que al menos sepan algo de ellos, tal vez les sirva para defenderse en algún momento… suena raro… pero me gustaría que ambos estén bien.

Jacob no dudó y se me pegó más al cuerpo… y debo admitir que la sensación no era desagradable, pero la intención había sido más bien dirigida hacia Edward. Él me miró directo a los ojos y sonrió como si supiera que eso era así.

—Gracias… —me respondió casi en un susurro y me acomodó un mechón rebelde del cabello detrás la oreja. Su piel era tibia… y sus gestos tan torpemente humanos que me hacía preguntarme porqué no podía dejar de mirarlo, esperanzada en encontrar que en alguno de esos momentos, lo descubriría a él… observándome.

—Y después? Bonita… ¿qué hay con tu realeza?

—Se llaman Aro, Marcus y Caius. Aro es el más inteligente sin duda, es extremadamente refinado y amable. Pero es… —digo suspirando profundamente— terriblemente ambiguo… lo que hoy puede parecerle perfecto, si se torna amenazador sería su próximo blanco. Nunca duda en tomar las decisiones que considera como válidas. Marcus es el más frio… el que más detesta a los humanos porque los considera una raza totalmente inferior, pero mantiene su fastidio desdeñándolos, haciéndolos sus sirvientes… si tuviera que buscar calificativos diría sobre él que es indiferente y profundamente engreído. Y Caius… bueno, Caius es sencillamente cruel… sanguinario e inhumano… aunque eso suene redundante… no creo que en él quede ningún vestigio de emociones, de compasión… de arrepentimiento.

—¿Sólo son tres? —preguntó Edward.

—Tres son la realeza… pero a ellos acompaña la Guardia Volturi… y el problema principal está allí. Escogen a su guardia, es un “honor” para un vampiro ser parte de ella… y los beneficios de serlo están por encima de cualquier otra cosa que podamos obtener. No es dinero, es poder… y si existe algo por encima del poder, también lo es.

—Hablas como si te gustaran Bonita.

Miré a Jacob dolida, con la conciencia dolida…

—Los vampiros también cometemos errores Jacob. Yo también fui parte de la guardia.

Bajé la vista y sentí vergüenza, podía palpar sus miradas juzgándome, detestando todo lo que yo significaba y…

—No es asi Bella, —me dijo Edward acercándose despacio y tomándome del mentón para obligarme a mirarlo— no te juzgo… y no te detesto…

Me tomó tan de sorpresa que apenas si escuché a Jacob.

—Ni yo, Bonita. Y ya tu suelta… suelta muchacho… no hace falta que le des mimitos y esas cosas, ella ya lo entendió.

Edward no le hizo caso, y lo mejor de todo es que eso me encantó… por un instante lo comparé con Alec… y él me soltó de repente, como si la frialdad de mi piel le diera asco y por primera vez en mi vida, el sentimiento de angustia fue tan profundo que me estremeció.

Jacob también se dió cuenta del cambio y miró a Edward como si entre ambos hubiera un tipo de comunicación más profunda, y no tardó un minuto en preguntarme demasiado serio:

—¿Quién es Alec? —Mientras Edward se levantaba y salía de la habitación.

Ni siquiera me salió la pregunta de ‘¿Dónde vas?’.

—Está algo enojado… ya se le pasará… ¿Quién es Alec?

—Es parte de la guardia, alguien del círculo más cercano a los Volturi. Y era mi pareja.

—Eso ya lo sé Bonita… tus pensamientos fueron muy… cómo decirlo… “expresivos”… y realmente como que nos acabas de hacer añicos, o sea… no te lo tomes muy a pecho pero nosotros los chicos somos algo sensibles a ciertas cosas también. Y tu recuerdo fue muy vívido y muy… sexual…

—¿Y cómo se supone que ustedes saben eso? —pregunté entre sorprendida y airada.

—Edward no es un humano “normal”… tiene algo que le permite meterse en la cabeza del otro y escuchar lo que está pensando o hablar con él mentalmente.

Me aterré. No quería que nadie nunca supiera la cantidad de atrocidades que tenía en la mente.

CAPITULO 15: El pasado del otro duele

Edward:

Nunca pensé que algo me hará sentir tan absurdamente inferior y tan torpemente lastimado. ¿Cómo pude pensar que había una mínima posibilidad de que una criatura como Bella viera algo interesante en mí? Es más… ¿cómo podía dolerme tanto algo que ocurrió antes que yo naciera y a una mujer a quien hace sólo un día que conozco?

Me repetía de cientos de manera lo irracional del estado que tenía pero no podía alejar de mi mente la forma en la que Bella recordó a Alec… No vi un rostro, ni escuché una voz… sólo el recordar de escenas de sexo repetidas una y otra vez en una redundancia insultante a la virilidad de cualquiera. Jamás podría… “competir”… con algo así, me dió de alguna manera vergüenza ante el grado de fogosidad que sentí en el contacto.

Caminé rabioso por el pasillo de la planta alta de mi casa como si eso pudiera sacarme de la cabeza lo que Bella estaba pensando sobre el tal Alec ese y ella salió de repente de la habitación, alcanzándome con una velocidad nada común, a pesar de que intenté evitarla.

—¿Es cierto? —me preguntó.

—¿Qué?

—Que puedes meterte en mis pensamientos.

No respondí, ella estaba otra vez allí, frente a mí, impidiéndome pensar claramente. La miré firmemente a los ojos y ella se tapó la cara con las manos apenas susurrando: “Perdón… perdón… perdón… “, mientras echó a correr.

‘Jacob!!!!, ven a ayudarme!!!!’, le grité a él mentalmente mientras salía tras ella. Él me alcanzó cuando llegué a la entrada de su casa y corrimos en la misma dirección que ella, aunque ya no la veíamos.

—¡¿Qué pasó?! —gritaba Jacob mientras intentábamos encontrar alguna huella que nos indicara dónde había ido.

—No lo sé… preguntó si era cierto que podía leerle el pensamiento y luego echó a correr diciendo “perdón”… —Apenas si podía hablar de lo agitado que me sentía. De golpe Jacob paró en seco.

—Para Edward… está por aquí… puedo olerla. —dijo saliéndose del camino y entrando al bosque.

Ella estaba sentada sobre un tronco seco, abrazada a sus rodillas y con el rostro más triste que podía tener.

—Váyanse. —su voz sonó enérgica, pero crispada.

—Por lo que a mí me toca Bonita, todas las mujeres que conozco son algo histéricas, así que lo soportaremos mientras se te pasa.

Ella me miró a mí en vez de a Jacob.

—No puedo estar con alguien que conozca la oscuridad de mi alma, si es que tengo todavía una… no puedo estar con alguien que ha visto los asesinatos que cometí, la ambición que me ganó, las estúpidas crueldades que realicé… no puedo… no puedo hoy ni siquiera llorar por la muerte de mi madre porque he matado yo misma tantas madres que no puedo recordar un número… no puedo… entiéndanme… Fui mala! No entienden!!!... demasiado mala…

—Yo copié en mi examen de álgebra, Bonita… pero hoy no lo haría… eso se llama madurar. Levántate, y actúa como un vampiro con agallas o voy a sentarme a darte de nalgadas hasta que reacciones. —Jacob le tendió la mano para levantarla.

—¿Para ti no significa nada lo que acabo de decir?

—Mira Bonita… en menos de veinticuatro horas me enteré que hay vampiros, que soy un bicho peludo y que estar cerca de ti me marea por dos cosas: eres mi enemigo natural, y a pesar de eso me gustas a rabiar. No puedo remediar absolutamente ninguna de esas cosas… tampoco puedo remediar haber matado a ese James hoy… no puedo remediar haberle roto la nariz a Embry, ni que mi abuela se haya muerto sin escuchar que le pidiera perdón por todos los disgustos que le dí. No puedo remediar que ahora prefieras que sea Edward el que te esté diciendo esto. Pero hay algo superior a eso Bonita, hoy tenemos una misión… y yo confío en lo que eres hoy… ayer ya pasó y ni tú, ni yo, ni Edward podemos cambiar algo más que no sea nuestro propio futuro.

Bella lo dejó hablar, y esquivó mirarme, aunque en realidad yo me sentía algo culpable de que ella hubiera hecho confesiones sobre cosas que en realidad no oí. Aceptó la mano de Jake y no se la soltó hasta que llegamos de nuevo a la casa. A pesar de eso, mientras él tomaba algo de la cocina para comer, le susurre al oído en una confesión sincera:

—No oí nada de eso en tu mente… salí de la habitación porque pensabas en un tal Alec y reconozco que me ganaron los celos por ti.

No le di tiempo ni a mirarme y desaparecí yendo detrás de Jacob. Había decidido que ese apasionamiento no era sano para ninguno de los tres, así que me propuse que sería el último de mis suspiros de “amor”.

CAPITULO 16: Tácticas de Guerra

Bella:

Fue un acuerdo tácito, ninguno de nosotros lo dijo aunque los tres lo asumimos como una realidad. Esa mezcla de emociones románticas debía esconderse en algún bolsillo perdido de un saco viejo. Cualquiera de las alternativas resultaba demasiado complicada y Jacob tenía razón… la misión era otra.

Edward puso sobre el tapete todo el plan de Sam. Yo hablé sobre los dones de la Guardia Volturi y Jacob contó en detalle la leyenda quileute sobre la Trilogía… aunque no nos sirvió de mucho para entender por donde ir. Estuvimos un par de días después de nuestro “gran” descubrimiento, tratando de afianzar nuestra escasa seguridad al tiempo en que buscábamos ignorar la sensación de estar pasando por un mal sueño del que pronto despertaríamos.

Edward era protector por naturaleza, invirtió todos sus ahorros en enviar a su familia de vacaciones al otro lado del país, mientras él definía si algo de lo que estaba viviendo podía cuadrar en el campo de la lógica.

Su actitud me provocaba ternura… cómo podía él imaginar el riesgo real que corrían ante los Volturi ? Cómo podría él o alguien de su familia no retorcerse de dolor ante el poder mental de Jane? Cómo podría él no quedar completamente enceguecido por el don de Alec? Cómo podía yo seguir aquí y no entregarme para terminar con la charada irrisoria de una trilogía que no era más que tres postadolescentes jugando a ser defensores? Cómo podía yo… dejar que alguien le hiciera daño a él… debía ir a hablar con Aro… estaba decidido.

—A ver… recapitulemos Bonita… Sam tiene un trato con Aro por el cual les permitirá a los Volturi estar en Forks sin que mi tribu les haga daño con la condición de que te lleven de aquí y no vuelvan. ¿Es así Edward?

—Si. —respondió Edward a secas, mientras me miraba como reprochándome algo.

—La guardia Volturi tiene “chupasangres” con poderes o algo así que literalmente nos pueden dejar fritos. ¿Es así Bonita?

—Sí… algo así. —Asentí.

—Yo debería de confiar un poco en el espíritu de la tribu y “entender” de alguna manera que el resto de los licántropos me ayudará contra la guardia… claro, eso siempre que saque de contexto el hecho de que antes establece que “habrá una gran batalla”.

—No te olvides de la parte de… “espíritus puros perecerán…” —agregué. Ya me sabía de memoria el repetir monótono de Jacob, que una y otra vez recitaba el cuento de sus ancestros buscando pistas que le dijeran qué hacer.

A menudo pensaba en Jake, me resultaba tan extraño ver al menor de nosotros tres con el aplomo de un toro, tratando de protegernos como si fuera un superhéroe y al mismo tiempo con una jovialidad y simpatía que dos por tres me arrancaba una sonrisa. A veces suspiraba profundo y me sonreía con la mirada, cuando yo rehuía al contacto de sus manos o cuando un “ya suéltame Jacob” salía de mis labios. Para él era natural abrazarme y ponerse a jugar con mechones de mi cabello en cuanto tenía oportunidad.

Lo malo, lo que me plantaba en el alma una sensación de ahogo, era que por cada vez que pensaba en Jacob, pensaba el triple en Edward. Trataba de no tenerlo cerca porque me dolía que no se acercara a mí con la asiduidad ni el desparpajo con que lo hacía Jake. Y pensé para mí misma como tres días viviendo con dos extraños podían significarme más… que trescientos años de nada.

—¡Jacob! —llamó de pronto Edward— ¿cómo empezaba tu discursito de la leyenda?

—“Ambición nocturna en la manada hambrienta, en una noche de torpe sacrificio no humano… y muerte, desazón y penuria donde la traición se enmascara en una protección inexistente… y traición en el filo del colmillo ensangrentado en las siglas de un gran jefe. Repite el cántico guerrero ISNOIRSUMATAB, ISNOIRSUMATAB, ISNOIRSUMATAB”.

—No irás… —me dijo Edward, y el peso de su mirada era terriblemente violenta.

—¿De qué hablas? —le respondí.

—Sabes a qué me refiero… no insultes mi inteligencia… aunque deba hacer que Jacob te encierre entre barrotes no te irás.

—No sé a qué te refieres.

—Hazme un favor Jacob… ¿puedes dejarme un minuto a solas con Bella?

Jacob nos miró a ambos y refunfuñó.

—Un minuto Edward… esto es un pacto… y sabes cómo siento esta historia porque conoces mis pensamientos… sabes que la Bonita es “nuestra” Bonita no?

En cuanto salió, él se acercó a mí sin dejar de mirarme como si yo no fuera un vampiro de piel helada que se mareaba de ganas de probar su sangre. Se me acercó tanto que pude sentir el calor de su respiración, el ritmo acompasado de su corazón… su olor a madera de bosque de abetos… cerré los ojos cuando sentí que sus dedos dibujaban el contorno de mi rostro y la comisura de mis labios.

—No es el momento, ni es el lugar… y puedes decir que ni siquiera te conozco bien, pero no podría vivir sin ti Isabella Swan. No voy a dejar que te vayas junto a ningún Aro… la única que realmente puede hacerme daño eres tú… dejándome sin ti.

Edward rozó mis labios con los suyos con una lentitud y una delicadeza que yo no merecía… y por primera vez en trescientos años supe que no quería absolutamente nada más que esa sensación.

—Promételo. —exigió— Promételo, aunque nada signifique yo para ti… que no me romperás el corazón entregándote a esos Volturi.

El calor que todavía entibiaba mis labios no pudo articular más que un sí. Y él fue directo a la puerta para reencontrarse con un Jacob que de muy mala manera había aceptado salir.

—Esta me la debes Edward. —bufó.

—No lo sé… si estoy en lo cierto ahora me deberán ustedes.

—¿A qué te refieres?

—Seré un “simple” humano, amigo… pero por alguna regla de tres acabo de entender el mensaje de tu cuento indio… no preguntes cómo, no preguntes siquiera porque… pero lo cierto es que estoy más que seguro de cada una de las “traducciones” que te haré.

—Oímos. —Dijo él y se pegó a mi lado.

“Ambición nocturna en la manada hambrienta…”, la manada de tus licántropos Jake, que atacarán de noche… “en una noche de torpe sacrificio no humano…”, Bella pensaba entregarse a los Volturi y como verán es además de malo, inútil… “y muerte, desazón y penuria donde la traición se enmascara en una protección inexistente…” es la gente de la tribu Jacob, que creen estar protegidos por Sam cuando en realidad él ha hecho un trato con los Volturi… “y traición en el filo del colmillo ensangrentado en las siglas de un gran jefe. Repite el cántico guerrero ISNOIRSUMATAB, ISNOIRSUMATAB, ISNOIRSUMATAB”… sigue las letras Jacob, son como un mensaje cifrado donde algunas palabras están con sus iniciales y otras van enteras, sólo léelo… Isabella Swan NO IR Sam Uley MATA Brujo…

CAPITULO 17: La Push en ruinas

Jacob:

Cuando Edward me pidió salir estuve a punto de entrar en fase. Qué demonios!!! la Bonita me gustaba demasiado y ya era para mí un grave conflicto estar enamorándome de un vampiro. ¿Enamorándome? ¿Era esa la palabra correcta para este sentimiento incorrecto?

Edward era mi mejor amigo… pero yo debía intentar igual… la Bonita parecía inmune a cualquiera de nuestros esfuerzos por aproximarnos de un modo más “cercano” a ella.

Y ahí estaba Edward, abriéndome la puerta mientras yo chispeaba fuego

—Esta me la debes Edward. —le espeté en la cara mientras volvía a entrar.

—No lo sé… si estoy en lo cierto ahora me deberán ustedes.

—¿A qué te refieres?

—Seré un “simple” humano, amigo… pero por alguna regla de tres acabo de entender el mensaje de tu cuento indio… no preguntes cómo, no preguntes siquiera porque… pero lo cierto es que estoy más que seguro de cada una de las “traducciones” que te haré.

—Oímos. —le dije y buscando marcar un poco el territorio me pegué a Bella un par de segundos hasta que empecé a oír como en cámara lenta los resultados

“Ambición nocturna en la manada hambrienta…”, la manada de tus licántropos Jake, que atacarán de noche… “en una noche de torpe sacrificio no humano…”, Bella pensaba entregarse a los Volturi y como verán es además de malo, inútil… “y muerte, desazón y penuria donde la traición se enmascara en una protección inexistente…” es la gente de la tribu Jacob, que creen estar protegidos por Sam cuando en realidad él ha hecho un trato con los Volturi… “y traición en el filo del colmillo ensangrentado en las siglas de un gran jefe. Repite el cántico guerrero ISNOIRSUMATAB, ISNOIRSUMATAB, ISNOIRSUMATAB”… sigue las letras Jacob, son como un mensaje cifrado donde algunas palabras están con sus iniciales y otras van enteras, sólo léelo… Isabella Swan NO IR Sam Uley MATA Brujo…

No sé cómo… pero era como si cada palabra que Edward decía, hubiera estado dormida en mi memoria y despertara a gritos… repitiendo en un eco monótono que no podía ser cierto, que había sido un tonto por no entender antes las amenazas de Sam… por no estar ahora junto a Bily, junto a Seth, junto a Leah… protegiéndolos no de los malditos chupasangres, sino de uno de los nuestros, de un Sam cegado por lo que él creía era el único camino para eliminar al mal.

—Mi gente… —susurré. Y sentí como Bella me tomaba de la mano y me la apretaba fuerte mientras yo no hacía otra cosa que temblar, mientras cada músculo de mi cuerpo me pedía entrar en fase y correr… correr hasta llegar a La Push y comprobar que nada de esto estaba pasando.

—A la camioneta Edward! —oí que gritaba Bella y me arrastró hasta ella para subir.

Edward no habló… manejó a mil por hora mientras la Bonita me abrazaba a su cuerpo helado haciendo que mi temperatura se estacionara

—No entrarás en fase Jacob… esperaremos a llegar.

Es irónico pensar como estaba tan cerca de ella, llenándome los pulmones de su perfume dulzón… aferrándome a sus manos de mármol como si ella fuera una puerta a la tranquilidad y un escape a la desesperación que ganaba cada centímetro de mi.

Edward frenó de golpe cuando llegamos a la reserva. Volví a temblar, la muerte tiene un aroma rancio que dudo pueda borrar de mi memoria a pesar del tiempo que pase.

Llamé a Billy y al Gran Brujo a gritos, pasando por un par de cuerpos que intenté no mirar mientras los nombraba por lo bajo pidiéndoles perdón por no haber llegado antes. Oí un quejido apenas audible desde de una de las cabañas y encontré el cuerpo moribundo de nuestro Gran Brujo.

—Jacob… tu padre consiguió escapar con un grupo de la tribu… iban a refugiarse en los acantilados… Sam…

—No hables Gran Brujo, iremos a un hospital.

—No hay tiempo… ahora debes terminar sólo… pero ten fe en tí… nuestro espíritu vive en ti… Sam no entiende… y no podrás hacerlo entender… a su tiempo Jacob, deberás hacer lo que tengas que hacer… sé que podrás, eres el Alfa… y un Alfa se sacrifica… sé que lo harás…

Sus últimas palabras fueron menos que un susurro, su pecho dejó de moverse y el puño que apretaba fuertemente se abrió. El amuleto Sagrado cayó a mi lado y sólo fui capaz de gritar…

—¡¡¡Nooooooooooooo!!!

Bella:

Jacob se quebró… su grito era tan desgarrador que dolía el alma escucharlo, me arrodillé a su lado y lo abracé mientras su cuerpo temblaba y él repetía monótonamente que la venganza no tardaría en llegar.

Le tomé el rostro con las manos y lo obligué a mirarme:

—La venganza no te hará libre Jacob… el amor lo hará... James mató a mi madre… mi madre por la que elegí ser este monstruo que soy y yo tampoco pararé, pero no porque quiera vengarla, sino porque no es justo que inocentes paguen por errores que yo cometí. Perdóname Jacob… si hubiera siquiera imaginado que los Volturi me perseguirían de esta forma… me hubiera entregado sola antes.

Estaba decidido, no había otra salida que entregarme a Aro y dejar La Push, me hicieran lo que me hicieran yo moriría feliz: iría de nuevo junto a mi madre y acababa de conocer el sabor del amor en el recuerdo de los tibios labios de un hombre al que me dolía el corazón por perder.

Jacob me alcanzó en la puerta y me abrazó tan fuerte que impidió que me moviera. Lloraba y yo podía palpar su dolor a través de la piel.

—Suéltame Jacob. Debo ir, esto debe terminar.

—Esto recién empieza Bonita… y yo no quiero obligarte a no ir… quiero “pedirte”, quiero “gritarte”, desde lo más profundo de mi que no me dejes ahora. Te necesito… seas lo que seas… quédate conmigo… por favor… —lo dijo hundiendo su rostro en mis cabellos y abrazándome con una fuerza desquiciante… desesperada…

Ví a Edward parado cerca nuestro y sin pensarlo, sintiéndolo como lo más correcto, abracé también a Jake. Es complejo pensar en el vericueto de las emociones humanas. Edward me inspiraba pasión. Jacob me inspiraba ternura y protección.

CAPITULO 18: La búsqueda

Edward:

Hace un par de días me mofaba del discurso eterno de Carlise: “Debes madurar Edward”. ¿Si hubiera “madurado” ya esto me resultaría menos molesto y dañino?

¿Cómo puedes aborrecer a tu mejor amigo? ¿Cómo puede dolerte hasta este punto que una mujer lo abrace con el afán protector que lo hizo Bella? Definitivamente estaba volviéndome loco… yo la había besado hacía una hora y aún guardaba la exquisita sensación de sus labios apenas rozados por los míos… había oído sus pensamientos… ella había dicho que no quería absolutamente más en la vida que no fuera volver a sentir eso.

Y aquí estábamos de nuevo, los tres, y yo no podía odiar a Jacob por sentirse tan atado a ella como yo.

Era doloroso tenerla tan cerca mío conteniéndome las ganas de abrazarla, y al mismo tiempo sintiendo rabia incluso por la escasa posibilidad que le daba a Jake con sus acciones. Era doloroso pensar que no hacía una semana que la conocía y sin embargo la necesitaba como si siempre hubiera estado allí.

Pero era aún más doloroso escuchar los pensamientos de Jacob… o sea, éramos amigos… cómo podíamos competir por la misma mujer? ¿era eso una competencia? ¿o era “eso” que nos pasa una sola vez en la vida con esta fuerza tan demoledora?

No quería responderme a mi mismo… él estaba tan confundido como yo y no podía juzgarlo si yo había roto ese pacto intrínseco y me había acercado más a ella… El problema era que resultaba auto flagelante bucear en los pensamientos de él:

“Hermano… han matado a mi gente… esos chupasangres asesinos han matado a “mi” gente… y yo estoy aquí sentado al lado de la Bonita… y no puedo odiarla… al contrario… necesito frenéticamente que permanezca a mi lado. ¡Dime que estoy enloqueciendo Edward! ¡Dime que no puedo sentir esta necesidad que siento por ella! ¡Grítame en la cara que soy un idiota por haberle rogado! ¡Explícame qué demonios me pasa!!!

Ni siquiera le contesté aunque más no fuera en el pensamiento ¿qué podía decirle? ‘Oye amigo, cálmate… me siento igual.’

No. Definitivamente no podía decirle algo como eso, pero tampoco él era un tonto y eso lo sabíamos los tres.

“Sé que a ti también te gusta…” Lo dijo sin mirarme, mientras conducía con la vista fija en el camino que llevaba a los acantilados que rodeaban la parte este de La Push. “No soy quien para decirte nada en contrario… sólo quiero decirte que si tengo alguna oportunidad con ella no la desaprovecharé… pero quiero ser sincero contigo también… eres mi amigo Edward, siempre lo fuiste y siempre lo serás, pase lo que pase… quiero pedirte que eso continúe asi.”

“Jacob… esta conversación no es…”

“Tienes las mejores cartas Edward, y esta conversación ‘SI’ era necesaria, no quiero esconder lo que me pasa de las personas que en este momento se han vuelto el centro de mi vida… y esas personas son tú y la Bonita… necesitaba abrirme contigo hermano… perdona… probablemente estés pasando el mismo derrotero de emociones que yo… lo siento.”

“Ya calla y maneja Jake… terminarás convenciéndome de que somos una pareja de tres y ninguno estaría contento… nuestro objetivo ahora debería ser buscar a los tuyos y eso es lo que haremos”.

—No es por nada chicos… pero alguno de ustedes podría hablar? Estoy lo suficientemente nerviosa y sedienta como para provocar una pequeña “catástrofe” en nuestra unión y el silencio precisamente no ayuda.

Los dos la miramos pensando en qué decir cuando Seth se cruzó en frente nuestro haciendo mil y un gestos con el brazo para pararnos.

—Te quedas aquí. —le dijo Jacob a Bella y bajó de la camioneta de un salto. Yo bajé tras él, no sé si por temor a quedarme solo con ella y volver a besarla o por la culpa que sentía ante Jake.

—Eres un traidor Jacob Black… esa maldita huele a chupasangre! Mi padre y madre murieron por proteger al grupo que escapó y tú nos entregas? ¡¿A tu pueblo Jacob?! ¡¿A tu sangre?!

—Has dicho muchas cosa Seth… pero no todas las has visto con el cristal verdadero… Bella es la “fría” de la que hablaba la leyenda de la tercera esposa de Taha Aki.

—Esos son cuentos Jacob.

—Siempre los vimos asi Seth… pero no lo son.

Un grito que salía del bosque terminó la discusión. Eran Leah, la hermana de Seth. Su voz sonaba profunda… estridente… furibunda… y definitivamente no suya…

—¡Taha Aki está presente ahora! ¡¿qué ha pasado a mi pueblo quileute que no reconoce la sabiduría de las leyendas traídas desde el espíritu del bosque?! ¡Nuestras almas pertenecen a la fuerza de la naturaleza indómita de los lobos! ¡La Trilogía se ha formado… y nuestro Alfa está a la cabeza… seguid y obedeced al Alfa! ¡Esa es la orden de Taha Aki!

Leah se desmayó al terminar, como si fuera un muñeco usado por un espíritu gigantesco. Y el grupo completo de sobrevivientes vio… estupefacto, como Bella bajaba de la camioneta y tomaba de las manos a Jacob y a Edward, mientras el amuleto sagrado que colgaba del cuello de Jacob se abría a los ojos de todos, descubriendo la piel del augurio de los brujos, escrita con la sangre de la tercera esposa y el destino del trío de bronce: Jacob, Isabella, Edward.

CAPITULO 19: El encuentro

Bella:

No podía culpar a los sobrevivientes por verme con esa mezcla se miedo e ira que se plasmaba en cada mirada. Pero por alguna extraña razón valoraron sobremanera esa voz de ultratumba que los instó a respetar… “eso”… que me estaba cambiando no sólo la manera de ver las cosas, sino el sentimiento de egoísmo que por primera vez estaba dejando lugar a una necesidad inmedible de proteger a otros que no fuera yo misma o René. Me pregunté hurgando en cada espacio de mi conciencia, como era posible que hubiera vivido tanto tiempo y recién ahora me sintiera lo suficientemente madura para tener fe en algo superior a mi.

Llevamos a los sobreviviente a la casa de Edward… nuestra estrategia era mantenernos lo suficientemente cerca del centro del pueblo para que los Volturi no quebraran su propia regla de “invisibilidad”… Aro nunca se pondría en evidencia frente a los humanos, y esa era una carta que debíamos jugar.

El problema para mi ahora era otro… había demasiada gente y yo tenía demasiada sed.

—Debo salir. —le dije a Jacob.

—Cumple tu promesa Bonita…

—No estoy rompiendo ninguna promesa Jacob… tengo sed… no tienes idea de cómo me está enloqueciendo el aroma de tanta sangre… debo comer… o no respondo de mi…

—No puedes, ayuna. No dejaré que mates a nadie para alimentarte. —Jacob sonó desafiante, aunque noté que su voz se crispó mientras completaba la frase.— Debes reformarte Bonita… por favor.

—Como sangre Jacob. Es lo único que puedo comer. Pero hace demasiado tiempo que soy “vegetariana”… así que déjame ir a cazar algún venado o mi siglo de abstinencia se romperá.—

Yo también soné ofuscada. La verdad no quería estarlo, pero las manos ya me temblaban de contenerme y el olor me resultaba tan embriagador que los ojos se me inyectaban de sangre.

—Iré contigo.

—No. Debes quedarte a defender la casa.

—Está Edward. Él lo hará.

—Se quedarán los dos.

—Es peligroso… afuera hay hombres lobos.

—Ahora mismo tengo uno a mi lado también.

—Es distinto. Yo no te haría daño. —me acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y sentí el calor sobrehumano que despedía su piel.

—Déjame ir Jacob.

—Prefieres que te acompañe Edward? —preguntó clavando sus ojos en los mios.

—No. Prefiero ir sola y volver en cuanto esté satisfecha. Me sabré cuidar. —Me paré en puntas de pie y lo besé en la frente.— Estaré bien.

Me tomó de la muñeca y me estiró hacia él.

—Por favor… déjame acompañarte… no estaré tranquilo si no lo haces.

—Dame espacio Jacob, todo esto es demasiado para mí como para complicarlo aun más.

Salí al bosque y sentí como me siguió con la mirada hasta que desaparecí. ¿Qué estaba haciendo? No era Jacob el que me sacaba la respiración ¿Por qué no lo paraba? ¿Acaso lo necesitaba también?

Cacé rápido, bebí rápido… tenía una ansiedad desesperada por volver. Y cuando bajé por la ladera de la montaña mi ansiedad se convirtió en terror.

—Hola mi amor.

Alec me miraba un metro más abajo con su sonrisa infantil y su encanto de hombre misterioso.

—Alec…

—No Bella… volvamos a hacerlo de nuevo… dije: “hola ‘MI’ amor”.

—No ironicemos Alec ¿qué quieres?

—De ti, ya veré más tarde. Por lo pronto debes venir conmigo. Aro te espera.

—No iré a ningún lado contigo Alec. Estoy dispuesta a hablar con Aro, pero será en terreno neutral.

Sentí un gruñido conocido a mi espalda.

—Hola querida Isabella… —dijo Jane. Mi escudo no era instantáneo… formaba capa tras capa de protección en mi, pero requería tiempo para fortalecerse, así que el poder de Jane me golpeó… no con la fuerza que ella hubiera querido, pero lo suficiente para no dejarme correr. Grité, crispada por el dolor mientras caía al piso tratando de fortalecer más rápido mi escudo.

—Déjala Jane.

—Eres un idiota Alec… tú podrás quedarte embelesado por la princesita de Aro… pero yo no!

—No volveré a repetirlo hermana… déjala.

Jane bufó, se cruzó de brazos al lado de su hermano, pero cesó su ataque.

—Levántate Isabella… y vámonos ya. Tienes ya un tiempo jugando al gato y al ratón conmigo. Es hora que te pase el berrinche y vuelvas.

—No estás aquí para eso Alec, ni yo estoy dispuesta a contestarte al respecto. Vé y dile a tu “amo” que me reuniré con él, pero no sola.

—Giré sobre mis talones para marcharme y él me sujetó de los hombros hasta lastimarme, obligándome a mirarlo.

—¡Suéltame Alec!

—Elige Isabella, o vas con Aro o voy contigo.

—¡¿Eres tan torpe como para no entender?!

—Jane…

Grité de dolor. Jane sólo esperaba la orden y la acató con gusto. Pude sentir hasta la última de mis terminales nerviosas crispadas por el espasmo invisible del dolor concentrado que provocaba Jane.

—Mis órdenes son claras Isabella: o vas con Aro o voy contigo. Elige.

El dolor no me dejaba pensar, veía en mi memoria —intercaladamente— los rostros de Edward y de Jacob, y no hacía otra cosa que gemir doblada sobre mi propio cuerpo, atrapada por el dolor.

—Por favor… —Supliqué. Y en un eco sórdido, Alec volvió a repetir.

—Decide.

Lo miré con rabia y él me hizo el mismo gesto cómplice de cuando fuimos pareja… se me acercó con el pulso firme y me atrajo de un tirón hacia él hasta dejar mi cuerpo casi fusionado con el suyo.

—Decide. —Volvió a susurrarme al oído mientras me besaba el cuello y nacimiento de los pechos.

—¡Déjame! Te abusas de tus dones Alec… por eso te dejé… —quería gritarle de mil maneras que no toleraba siquiera que me hablara, pero Jane cada vez presionaba más y definitivamente estaba a punto de colapsar a causa del dolor, la voz apenas me salía de los labios cuando ví que a la distancia tres lobos se acercaban a la carrera. Distinguí el pelo rojizo de Jacob y la emoción de sentirlo cerca y con el ánimo de protegerme, dejó espacio a la angustia de pensar que Alec podía lastimarlo.

El poder de Jane chocaba contra una muralla infranqueable en cuanto se trataba de licántropos, era imposible para ella hacerles frente con otra cosa que no fuera su propia fuerza… y eso, no era precisamente algo que Jane tuviera desarrollado. Echó a correr en cuanto los vio.

Alec sin embargo se comportó como un imbécil. En vez de huir se trenzó en una lucha frenética con Jacob mientras yo miraba temerosa a los otros dos lobos, intentando descifrar si estaban en el grupo de “odio a Bella” o si podía bajar la guardia para ayudar a Jake. No tuve tiempo a reaccionar, los dos me miraron y miraron a Alec. Gruñeron, pero se abalanzaron a ayudar a Jake.

—Por favor Jacob… Alec es un excelente rehén… grité… y él entendió la indirecta, lo mordió en el brazo y ví por primera vez lo que la saliva de un licántropo hacía en nuestra piel. Alec se quedó entumecido, con la piel amoratada, pero tan consciente de lo que pasaba que a pesar de todo el daño que nos habíamos hecho mutuamente alguna vez… sentí lástima.

CAPITULO 20: Rehén

Jacob:

No tenía idea de porqué… pero la Bonita se retorcía en el piso como si estuviera sintiendo un dolor inmenso, por mi parte estaba tratando de calmar a Seth y Leah que me siguieron y sufrieron su primera transformación en cuanto el viento trajo el aroma dulce de ese par de vampiros de rostro infantil y porte adolescente.

La rabia fue más fuerte que la cordura para mi y me abalancé sin pensar contra la maldita sanguijuela rubia. “Cobarde!!!”, grité mentalmente cuando al verme echo a correr, sólo para darme tiempo a ver como el idiota abrazaba provocativamente a la Bonita y la besaba en el cuello con una efusión que me cegó.

—Por favor Jacob… Alec es un excelente rehén… —me gritó ella cuando me arrojé literalmente a destrozarlo… tal vez no esté mal que admita que mi espíritu de Alfa se impuso a mi espíritu humano… fue instintiva la estrategia de dominarlo en pos de usarlo como rehén, a pesar de habar grabado en mi mente su cuerpo pegado al de la Bonita, recorriéndole el cuello con los labios de una manera que despertaba algo más que la rabia en mi.

—Jacob!!! —gritó Bella, y ví a Seth y Leah demasiado cerca de ella, gruñí amenazadoramente y les ordené que custodiaran a la sanguijuela que se retorcía aletargada por mis dentalladas y la ponzoña que lo dejaría al menos un rato en remojo.

Volví lo más rápido que pude junto a la Bonita, después de transformarme nuevamente, pero los sentimientos eran demasiado confusos: sentía tanto enojo por no haberme dejado venir con ella, por haberla visto pegoteada con esa sanguijuela idiota con cara de niñito travieso… por la posibilidad de que la hayan herido… por sentir, sin estar seguro, que ella sentía lástima por el vampiro aquel.

La miré con rabia y no le hablé. Pensé en mis adentros que era un idiota, que debería dejarme llevar por mis propias emociones y abrazarla hasta que los brazos me dolieran por lo feliz que me sentía de verla bien. Pero no pude. El enojo me bloqueaba y no toleraba siquiera mirarla a los ojos. ¡¿Por qué tenía que ser un vampiro?!

—Jacob…

—No quiero hablar Bella.

—Nunca me dices Bella.

—¿Es como te llamas no?

—Sabes que no me refiero a eso… estás enojado.

—¡¿Y si lo estoy qué?!

—Gracias por no hacerme caso… —dijo, y bajó la mirada con cierta culpa.

No sé que me pasó, me acerqué a ella malhumorado y la abracé con furia… quería decirle que odiaba ser un licántropo mientras ella era un vampiro… quería decirle que de buena gana hubiera matado a ese idiota por besarla asi… quería decirle que en realidad me tenía las hormonas tan alteradas que no me dejaba pensar. Pero no… en vez de explicarme primero, yo el super tonto, la besé a la fuerza.

Y ella no luchó, se dejó besar con los brazos lánguidos a su costado, como si fuera una muñeca de trapo que alcé y sacudí. Esa no era mi idea de un beso… me sentí tan estúpidamente caprichoso que la solté casi al instante.

—Olvídalo… no me volverá a pasar. —Le dije, y dí la orden de partir.

Bella:

Jacob evitaba mirarme. Lo sentía tan enojado que no sabía qué hacer… sabía que me había seguido y debía agradecerle por eso. Si él no hubiera evitado lo que Alec quería hacer estaría ahora con Aro… quien sabe en qué condición.

—Jacob…

—No quiero hablar Bella.

—Nunca me dices Bella.

—¿Es como te llamas no? —fue tan irónico que me hirió

—Sabes que no me refiero a eso… estás enojado.

—¡¿Y si lo estoy qué?! —

Susurré un gracias porque no supe que más decir, sospechaba el motivo de su furia pero ¿quién era yo para hablar de realidades y de confusiones?

Lo sentía temblar a centímetros mío, y parte de mi clamaba por tranquilizarlo… por decirle que él era para mí, la protección, el soporte… el alivio de mi culpa…

Y de repente él se aferró a mi abrazándome con coraje, buscando mis labios en una actitud desesperada y tosca… pero al mismo tiempo afectiva… tierna…

No respondí. No reaccioné al calor del beso pero de una manera distinta… Alec lo había intentado hacía un momento y hartazgo e indiferencia fue lo único que sentí. Jacob se sentía aplastantemente pasional, pero mi instinto se revelaba con él de una forma torpemente filial.

No quería herirlo, de eso estaba completamente segura… lo necesitaba, de eso no cabía duda… pero mi respiración no enmudecía por él y realmente lo lamentaba.

—Olvídalo… no me volverá a pasar. —Me dijo soltándome, como si hubiera leído mis pensamientos.

CAPITULO 21: Tortura

Edward:

Estaba terriblemente tenso, Jacob se había marchado sin decirme nada y como nunca me había cerrado su mente para impedirme entrar. Yo oía a Billy contar sobre el ataque de los Volturi a la reserva, intentando no perder los detalles por si eso servía de algo para un enfrentamiento futuro… pero no, estaba terriblemente tenso.

Jacob me habló de repente y no comprendí el alcance de lo que me dijo hasta que los ví llegar… Bella, él… dos lobos y un vampiro más, custodiado por ellos y aletargado.

“Prepara la jaula que tiene tu padre para los osos”.

“¿De qué hablas?”

“¿Podrías hacerme caso y dejar de cuestionar todo? Este bicho no estará mucho más tiempo controlado”

Bella ni me miró, subió a su habitación y me dejó solo con Jake.

—¿Pasó algo? —pregunté.

—No… nada Edward… solamente dos sanguijuelas atraparon a la Bonita caprichosa, Seth y Leah acaban de entrar en fase… tenemos un vampiro de rehén… y estoy cansado…

—Oye amigo! Tranquilo… ojalá tuviera alguno de los súper poderes de ustedes para no ser una carga y ayudar más… pero no te la tomes conmigo!

Él me miró y suspiró.

—Tienes razón… es sólo que dentro de todo ahora mismo envidio tu “simplicidad”.

De pronto sentí el vacío. Una pérdida total de sensaciones motoras que me dejó helado… no había luz, ni sonidos, ni tacto… me sentía como flotando en una nebulosa sin siquiera voz para gritar auxilio.

Bella:

Oí a Jacob gritar mi nombre desesperadamente desde la planta baja. En cuanto bajé ví a Alec encerrado en una especie de jaula y al resto de los que estaban allí, totalmente inertes en el piso.

—¡Déjalos Alec! —grité, mientras me arrodillaba junto a Edward y Jacob.

El contacto con ambos al mismo tiempo volvió a desencadenar la misma situación que en la cabaña del Brujo, sentí los cuerpos y las mentes de ambos fusionadas con la mía y ambos despertaron al instante.

“Gracias a Dios!... están bien?”. “Sí”. Respondieron casi al unísono. “Y podemos oírte… nos estás hablando mentalmente, Bonita… tengo una teoría al respecto Edward… ¿a ver que piensas?... recuerdas lo que dijo el Brujo: Mente… fuerza… inmortalidad… creo que cuando ‘entramos en fase’ por decirlo de alguna manera, en esta especie de fusión, cada uno de nosotros extiende su… ‘don’… sobre los otros tres”

“Guau!... eso sería genial”.

“¿Cuál es tu súper poder Bella?... qué nos transmites?”

“¿Estar muerta tal vez?” —respondí irónica mientras los ayudaba a incorporarse, sin soltarlos de las manos.

—Bella ¿qué diablos? —Alec nos miraba sin dar crédito a sus ojos… ¿cómo pueden romper mi defensa?... Oh! Caius tenía razón… el sello se ha roto.

“Sería bueno que nos explicaras eso del sello Bella”

“Es una vieja profecía… nuestra raza fue creada a partir de un pacto… un pacto que se cerró con la sangre del primer vampiro en una tumba de piedra cerrada con un sello en la misma ciudad de Volterra. La profecía dice que cuando el sello se rompa la raza vampiro morirá… porque el enemigo socavará los cimientos desde adentro.”

“Al menos sacamos algo bueno de todo esto… las sanguijuelas se extinguirán”.

No hice ninguna acotación al comentario de Jacob. Yo también era una ‘sanguijuelita’ y sabía que él estaba lo suficientemente dolido por lo de hacía un rato como para incluirme en la lista aunque más no sea como catarsis.

La ‘separación’ esta vez tardó más… y dio tiempo a que Billy preparara un té de hierbas que forzadamente Alec debió beber y lo dejó tan desencajado como la ponzoña de la mordida de Jake.

Una vez más sentí lástima por él. Siempre fui yo la que le hice daño buscando una revancha estúpida y egoísta con Jane… él me amo, y yo estaba segura de ello porque me abrió las puertas al honor de pertenecer a la Guardia, a los privilegios que traía consigo ese honor, e incluso, a la subordinación de Jane a mi.

Lo miré con culpa… lo había usado, siempre lo había usado… por vanidad, por avaricia, por placer. Y él me había dejado marchar y me había protegido de Jane siempre, sin condiciones, sin pedir nada a cambio.

—Juega de nuestro lado Alec, por favor.

—Nunca fue un juego Isabella… al menos no para mi.

—No es el momento… ni creo que arregle algo con esto Alec… pero perdóname, nunca debí… ya sabes…

Alec no me contestó, y mi soberbia se partió en mil pedazos mientras veía el daño que había causado sin motivo. Le acaricié el cabello metiendo mi mano en la jaula, y quedamente susurré:

—Perdón.

CAPITULO 22: Rupturas

Edward:

Bella era un enjambre de pensamientos de culpa… nombraba a Jane, a Alec, a René, a Phil… nombraba incluso a Jake y a mi… pero su mente no decía nada en concreto que me permitiera entender algo de su desazón. Repetía una y otra vez que era “su” culpa, que no debería haber hecho tanto mal… que no era capaz de perdonarse a si misma… que esto no estaría ocurriendo si hubiera dejado las cosas correr.

Y a mí su tristeza me palidecía, me desesperaba al punto de crispar uno a uno mis nervios buscando horadar una y otra vez dentro de su mente buscando explicaciones que al parecer no existían.

Intenté hablarle…

—Aléjate de mi Edward, todo lo que toco se convierte en hiel.

—No es momento de autocompadecerse.

—No lo hago. Hazme caso y sólo aléjate de mi.

—¿Y lo que pasó entre nosotros?

—No pasó nada Edward… me besaste y te bese. Nada más. No hagas un drama pasional de eso.

¿Podía ser tan fría para decirme eso? ¿O fingía?

—A eso le llamas “nada”?

—Eres un niño para mi… ¿Cuánto has vivido?... ¿tienes idea de cuantos besos he dado en mi vida Edward Cullen?... es más… ¿tienes alguna remota idea de cuantas veces y con cuantas personas he tenido sexo?... no seas ingenuo Edward, tengo trescientos años… el “amor” es una fantasía tan o más vieja que Papá Noel.

Eso me hirió. Definitivamente eso me hirió, no fui capaz de responderle nada y la dejé ir mientras me quedaba al pie de la escalera, tan golpeado moralmente como si una manada de dinosaurios me hubiera pasado encima.

Jacob:

Ví a Bella subiendo la escalera mientras Edward la miraba desde la planta baja con la mirada lo suficientemente triste como para saber que algo no estaba bien.

¿Le habrá contado ella algo de lo que pasó en el bosque? No sabía que pensar de mi mismo, me sentía un ruin por haberla besado a la fuerza, y al mismo tiempo me sentía un cobarde por no seguir insistiendo. La Bonita me gustaba de verdad, me gustaba como nunca me había gustado alguien, pero… ¿podía yo ser tan iluso para pensar que una relación vampiro – licántropo podía funcionar?

Y además estaba Edward… tampoco había visto nunca que una mujer le calara de verdad. Y esta, definitivamente lo había hecho. ¿Y la sanguijuela asquerosa que me miraba rabioso desde el fondo de la jaula? ¿qué rol jugaba en el tablero?

—¿Pasó algo amigo? —le pregunté a Edward.

—Estoy hasta el cuello Jacob… jamás pensé que una mujer me lastimaría tanto.

“Nos”, pensé yo y él me miró.

—Ni siquiera puedo reprocharte que hayas pensado eso Jacob… tampoco soy tan tonto para no darme cuenta que a ti te gusta también más de lo saludable.

—No me gusta que hablemos del tema Ed… ahora nos desconcentra de algo que necesita nuestra atención… dejemos que el río fluya decía el Gran Brujo… y eso es lo que yo voy a hacer.

CAPITULO 23: Explicaciones

Bella:

Una hora después de mi discusión con Edward terminé de juntar fuerzas para hablar con los dos… o con los tres, porque los cité casi frente a la jaula de Alec… necesitaba que él escuchara también.

—Bueno, quiero dejar las cosas en claro… para todos. Me gustaría que me dejaran hablar y no dijeran nada, cada uno podrá juzgarme después. —comencé despacio, sin mirar a ninguno de ellos, estaba harta de vivir acomodándome a las ganas y sueños de los demás y me propuse a mi misma que eso definitivamente debía cambiar.

—Nací como vampiro por voluntad propia… preferí que me transformaran a quedarme sola a enfrentar la realidad de que mi madre quería escaparse con alguien distinto a mi padre. Cumplí mi objetivo de ser la eterna hija amada? No lo sé… al final siempre reclamé a René de una u otra forma que la historia hubiera sido así. Phill era lo que en la Guardia llamábamos un “reclutador”, recorríamos el mundo buscando vampiros con dones que pudieran servir a los Volturi… o humanos con lo que Aro llamaba “oportunidades de proyección”.

Jane y Alec provienen del mismo sitio que yo… Jane era de alguna forma la mejor amiga que tuve siendo humana, estudió a mi lado con los maestros que ponía mi padre, fue mi confidente y mi hermana… debo decirte aquí Alec —dije mientras lo miraba— que recordar hoy cuanto la quería y cuanto daño le hice me hace sentiré una persona ruin. Fue idea mía convertirla, necesitaba compañía y para Phill sería una forma de salirse de mi fastidia adolescente, así que la transformó… y tu llegaste en el momento errado, no tuve corazón para matarte después, asi que ambos fueron según las propias palabras de mi padrastro: “un par de muñecos con los que podrás jugar”… claro que el trio dinámico sólo duró hasta que Aro nos vio, cada uno de nosotros era para él la extensión de su fe vampírica… nos educó, nos amoldó… nos enseñó secretos que sólo él sabia… y nos hizo su guardia, pero su guardia más cercana, su círculo de oro. Mi alma se cegó y mi avaricia tocó fondo, yo era la “princesa de Aro”, pero no toleraba que el don de Jane fuera tan magnífico y que tuviera a Aro tan maravillado, asi que jugué sucio, me aferré a ti… te utilicé sabiendo que Jane te adoraba y te protegía como su única familia… mantuve un salvoconducto que me diera piedra libre para poder lastimar a Jane sin que ella pudiera defenderse… te hice mi rehén… y nunca te ame… —suspiré. Apretaba mis propios puños como si quisiera golpearme a mi misma hasta arrancarme la piel. Jacob y Edward me miraban cautos, atentos, pero de entre toda la visión, la mirada de Alec era la más difícil de sostener… y precisamente porque en ellos no veía rencor.

—Te llevó muchos años darte cuenta de que no te amaba Alec.

—Lo supe siempre Isabella… yo también tengo pecados… el mio fue saber que no me querías como para que te hiciera feliz estar conmigo… pero retenerte igual. Jane no te odia por haberla envidiado, te odia por no haberte dado cuenta de otras cosas que te contaré después. Continúa… es obvio que no soy el único al que estas explicando las cosas aquí.

No me quedaban miradas de súplica, nos conocíamos demasiado bien para saber que eso había sido una disculpa mutua.

Me volví a dirigir a Jacob y Edward y continué:

—Dejé la guardia para convertirme en una “reclutadora” hace poco menos de diez años… he transformado desde eso un total de catorce vampiros de los cuales he vuelto a matar a tres por órdenes de Aro… y no voy a mentir… para miera un honor ser un Volturi, tal vez tanto como para ti ser un quileute Jake… el último de los vampiros que maté tenía un don raro que asustó a Marcus… tenía la capacidad de tocarte y retener tus peores y mejores emociones, sólo para devolvértelas comprimidas de una sola vez, haciéndotelas sentir. Estaba a mi merced cuando me miró y me dio las gracias por matarlo… me dijo que me regalaría algo que tal vez podría rescatarme de lo que era… y me tocó… —cuando llegué a este punto las palabras me salían lentas, casi silenciosas, escondidas de los oídos de todos, pero continué— … nunca pensé que mi egocentrismo, mi vanidad, mi egoísmo, mi avaricia y todos los sentimientos obtusos que me llenaban el alma pudieran doler tanto. Ese día pare… no supe qué camino tomar… no supe qué hacer… quería que alguien fuera capaz de borrar la cicatriz que sentía cruzándome los recuerdos y en eso a Phill se le ocurrió visitar Forks. Y la historia se complicó del todo, conocí un hombre lobo al que en vez de temer… respeto; conocí a un humano que en vez de desear como comida… —callé, no sabía que nombre ponerle a lo que sentía por Edward.—Soy esto… un vampiro cruel, arrepentido y confundido… un vampiro que hace cien años come sangre de animal sólo para probarse que puede llegar a ser “vegetariano”… soy esto… y sentí lo que me dijo tu Brujo como la gran oportunidad de redimirme… de curar mi cicatriz… de dejar de recordar una y otra vez que he sido mala y sin justificativos.

Dejé de hablar. Jacob se acercó a mi y lo rechacé con un gesto… Edward ni siquiera lo intentó, pero me lo merecía.

—Ninguno de ustedes se merece alguien como yo.

—Creo que ninguno de nosotros pretende “merecerte”… los sentimientos no se tratan de eso Bella. —me dijo Edward por fin.

—Sé que la trilogía es cierta y me quedaré aquí hasta que se cumpla la profecía del sello. No voy a lastimar a nadie más… soy un V A M P I R O… no puedo amar a un hombre lobo, no puedo amar a un humano… y definitivamente no supe amar a un vampiro… cuando todo termine me iré.

CAPITULO 24: La historia desconocida de Jane

Bella:

Me quedó una espina sobre lo que había dicho Alec, en cuanto lo miré el entendió la curiosidad de mi mirada.

—Te lo contaré. Pero sólo para demostrarte que tu sentido de crueldad todavía no llega ni remotamente al de muchos.

—Te oigo Alec.

—Conoces el don de Jane… pero no conoces que el mismo fue “educado”… el don de Jane es un experimento de Caius, Isabella… sabes lo que siempre ha creído él.

—Que somos una raza superior.

—Pues bien, ha manipulado el don de Jane, ha conseguido que este se reorientara… la ha hecho odiar estar viva, y ha volcado esa misma rabia como una forma en la que ella haga daño a través de su poder. No sé como explicártelo, desconozco el mecanismo que utiliza él… sólo sé que mi hermana ha sufrido, yo lo he sentido en parte… pero Caius la torturó de formas en las que no imaginas Isabella. Y tú y yo eramos sus rehenes. Jane soportó eso para salvarnos a ti y a mi. Y nosotros fuimos tan egoístas, cada uno a su manera…

No le respondí. ¿Era eso una trampa? ¿O Alec me decía la verdad?

—Si Jane hubiera tenido algo que contarme sólo lo hubiera dicho.

—¿Y si te lo dijo y nunca prestaste la suficiente atención como para escuchar?

Alec me agarró con la guardia baja, recordé más de una ocasión en la que Jane me pidió que nos encontráramos y yo estaba tan atareada que siempre postergaba los tiempos. Bajé la cabeza y callé.

—Bonita… no lo escuches.

—Jacob tiene razón. —dijo Edward.

No los oí, mi mente hurgaba cada conversación con Jane, cada mirada, cada indicio que pudiera darme una clave sobre la verdad y mi corazón se crispó de pronto en la lectura entrelíneas de sus frases, de sus cambios de humor, de su dejar de participar en cosas que hacíamos siempre… cuando todavía éramos amigas.

—¿Qué exactamente le hizo, Alec?

—No lo sé… yo soy tan culpable como tú Isabella… le dí la espalda sólo porque ella no supo cómo pedir nuestra ayuda. Me enteré de todo después, Jane hace ciertos “ataques” últimamente, llámalo histeria vampírica… pero me ha echado varias cosas en cara últimamente. Lo que no entiendo es que haces tú metida con “estos”… Tú… “Isabella Swan”… una de los miembros de la guardia más temidos… convertida apenas en un reclutador? No sé Isabella, dejaste todo para irte detrás de que? De un pueblito lleno de lobos y mortales?

—No entiendes nada Alec… estoy harta de vivir sin vivir… ¿no te pasa lo mismos?... ¿no sientes que tanto poder empalaga?

—¿Qué pasó de ti Isabella? Tú más que nadie ansiabas poder?

—Yo… más que nadie Alec… necesito sentirme viva… nada más… y no lo estoy… y he buscado de mil maneras y en mundos dispares conseguir únicamente eso.

—O sea que ahora no te queda absolutamente más nada que hacer que matarnos a todos para “ver” si así te sientes viva?

—Eres un necio Alec, yo no busqué esto.

—Rompiste el sello Isabella.

—Sabes que eso es imposible, el sello estaba en Volterra, yo me marché de allí… han sido los Volturi tratando de romper el equilibrio inclinando la balanza hacia ellos… yo sólo me salí Alec… yo sólo seguí a mi madre hasta aquí para verla morir a manos de uno de ustedes…

—Tú también fuiste un “ustedes”, no intentes ahora aparecer como la dulce caperucita roja del cuento de papá y mamá.

—Lo sé, y por eso hablé como hablé. Terminaré lo que la trilogía disponga… y luego me iré.

—Ellos no les dejarán ganar Isabella.

Miré a Jacob y a Edward cuando Alec dijo eso, la cicatriz en mi muñeca me ardía como si la quemadura fuera tan reciente como nuestra conversación. El mareo y la sensación de nebulosa volvió y sentí a Edward y a Jacob en mi cabeza otra vez.

“Deja de escucharlo Bella, ni a Jacob ni a mi nos importa qué pasó antes… y ok… ya entendimos el resto.”

“Sí Bonita… échale tierra al chupasangre y déjate de darte una y otra vez la cabeza contra la pared… sobre lo otro, bueno, sobre lo otro como que nos acabas de cortar el rostro… y bueno, juntaremos los pedacitos de nuestros respectivos corazones de a poco, peo ya córtala con la sanguijuela, no te hace bien.”

“No nos ‘hace’ bien Bella… por favor”.

Sentí que mi mente era abrazada de alguna extraña manera por los dos, sentí la fuerza de Jacob y desee la ternura de Edward… y la voz de Alec se desvaneció de mis pensamientos, aunque no se borró el dolor y la culpa de haber vivido mi vida sin pensar en cuanto daño hacía a los demás.

CAPITULO 25: Sentimientos

Edward:

Me había quedado dormido con una sensación de cansancio agotador. Esa unión mental que se producía entre nosotros resultaba agobiante físicamente, pero me permitía estar en contacto con cada una de las emociones, pensamientos y sensaciones de Jacob y Bella. No era ni remotamente parecido a la comunicación mental que yo podía lograr normalmente… era una fusión, un formar parte de cada fibra de la otra persona. Desconocía que pasaba externamente con nosotros, pero la sensación de pertenencia colectiva que se producía en mi sistema sensorial no tenía descripción.

Desperté acosado por una pesadilla vívida, con las palabras aún flotando en mi recuerdo, y habiendo reconocido una vez más ciertas partes del recitado de Jacob.

Corrí hasta él buscándolo y lo ví al lado de la jaula del vampiro. Era definitivo, el tipo no me caía bien.

—Jacob… necesito tu siguiente estrofa.

—¿estrofa? De qué hablas Ed?

—La leyenda de los ancianos… la recuerdas tal cual ¿no?

—Ni que pudiera olvidarla. Me la han hecho repetir como si fuera mi nombre durante más de diez años.

—Pues recítala.

—“Los bosques dormidos reciben la furia del rojo almibarado, en un clamor de venganza injusto, cuando los tres se han mentido entre si y la manada paga el precio de mentiras ajenas sacrificando la esencia en la ladera de los acantilados grises. Repite el cántico guerrero VICATACAVE, VICATACAVE, VICATACAVE”.

—Debemos prepararnos… Nos atacarán, pero serán sólo dos, no los Volturi.

—Podrías darme la traducción completa?... odio quedarme en medias tintas.

—Victoria atacará y está furiosa.

—¿Puedes decirme cómo haces eso? Me pone nervioso… ¡cómo es posible que tú que ni eres quileute te sepas el cuentito del derecho y del revés!

—Deja de quejarte y ve por Bella… avísale.

—¿Y eso?... a qué se debe que hayas tirado la toalla?

—No lo hice… pero ya no sé cómo comportarme. Y realmente no quiero hablar del tema Jake.

No tenía ganas de remover la espina que me dolía… y realmente me dolía… miré a Alec y sentí envidia, él había tenido a Bella de maneras que yo posiblemente jamás la tendría. No estaba seguro de querer que ella conociera hasta qué punto sentía que el pecho me dolía.

Jacob:

No había más vueltas… Edward estaba tan frito como yo. Qué diablos! La Bonita nos había mandado por un tubo, y de todas formas igual, cada uno de nosotros seguía con la esperanza de que al menos una parte de todo lo que nos había dicho fuera sólo porque la estábamos empalagando demasiado.

Pero era cierto… dolía.

—Bella? Estás allí?...

Ella abrió la puerta y mi alma se rompió del todo, su tristeza se palpaba como un cuerpo aparte y lo único que yo quería hacer era abrazarla hasta que mi fuerza rompiera ese dolor en mil pedazos.

—Pasa algo? —Me dijo rehuyendo la mirada.

—Vengo a traerte un mensaje de Edward… pero antes quiero prometerte, quiero decirte… que me hago a un lado, que ya ni te miro, que ya no te siento… que voy a hacer lo que sea aunque eso implique olvidarme que existes Bonita… pero no puedo verte asi… en serio, es más fuerte que yo.

—Ya no me mires… y ya no me sientas… pero no porque yo esté triste, sino porque no te merezco. Soy un desastre Jake, he vivido tres siglos y he sido tan egoísta que cargo con un karma que no podré limpiar jamás. No quiero que ninguno de ustedes sienta nada por mí… nunca… no lo merezco…

Me quedé parada como un idiota mientras ella salía de la habitación… juro que la hubiera besado de nuevo si ella no hubiera sido tan rápida para salir. Era frustrante esa sensación de desear a alguien y que se te escurriera como agua entre los dedos.

Bella:

Estaba confundida respecto a mis sentimientos. Mucho. Sabía definitivamente que Alec nunca fue nada para mi… pero Jacob y Edward me llenaban de maneras distintas. El primero era los brazos que sentía me protegían a pesar de ser el peor de los enemigos de mi raza, era divertido, tierno y a su lado me sentía definitivamente segura. Edward era la sensación imposible de que mi corazón latía a mil por hora, era el deseo, era el calor de su piel traducido en mil terminaciones nerviosas, era su perfume enredado en mis fosas nasales queriendo que dedicara su vida entera a amarme, en cuerpo y alma.

Pero Alec me lo había escupido en la cara: yo era una egoísta sin nombre. Y tal vez no estaba segura de cuál de los dos tipos de amor era el verdadero, pero sí estaba completamente segura que no quería herir a ninguno de los dos.

CAPITULO 26: Victoria

Edward:

Bella bajó las escaleras mientras Jacob la seguía por detrás.

—Tengo una nueva traducción —anuncié, tratando de no mirar a Bella. —¿Podrías repetir la estrofa por partes Jacob?

—“Los bosques dormidos reciben la furia del rojo almibarado…

—Esa es la mujer de James… la pelirroja.

—… en un clamor de venganza injusto…

—Ella sabe que James está… —me costaba decirlo, no era algo que me resultara agradable y menos aún normal— … muerto. Pero piensa que lo planeaste desde el principio Bella y ha pedido a los Volturi una venganza.

—… cuando los tres se han mentido entre si…

—Los tres Volturi se han mentido entre si, uno de ellos pretende cambiar las cosas, uno de ellos está manipulando las cosas a su favor, pero el más desconfiado duda, no está de acuerdo, no entiende como Bella pudo haber roto el sello sin estar en Volterra. Decide no atacar.

—… y la manada paga el precio de mentiras ajenas sacrificando la esencia en la ladera de los acantilados grises … —Jacob me miró sin necesitar la traducción.— Es Sam no? Sam y su manada, tengo amigos allí Edward, dime que Quil y Embry no…

—No lo sé Jacob, todo lo que estoy diciendo lo hago como si estuviera leyendo un libro en mi memoria… pero sí es Sam y los que arrastre con él, habrá una lucha Jake, una batalla entre vampiros y licántropos y definitivamente Sam no ganará.

—¿Y el cántico? ¿Cuál es la traducción del cántico? “VICATACAVE, VICATACAVE, VICATACAVE”.

—Victoria ataca, Volturis esperan.

—Eso último no tiene sentido… porque habrían los Volturi de esperar? James no mató a René y a Phil por nada, fueron ellos los que iniciaron todo esto.

—Fuiste tu Isabella. —Alec se metió en nuestra conversación como si fuera uno más en vez de un prisionero.

—¿Yo? —ella se dio vuelta a mirarlo como si le hubieran tocado alguna fibra sensible.

—Tú rompiste el sello y escapaste… ¡¿qué pretendías?! ¿Qué no te siguiéramos?

—Estás loco Alec ¿qué ganaría yo rompiendo el sello?

—Lo que siempre quisiste Bella, llamar la atención. —Bella lo miró dolida, y a mi me molestó que él la pusiera así de sensible.

—¡Basta! —grité yo… o hacemos algo de este tipo o le tapamos la boca. —Además ahora hay dos problemas que tenemos que cubrir: Victoria y Sam.

Jacob me dio la razón, pero no tuvimos tiempo de preguntar el parecer de Bella, una llamarada roja se abalanzó sobre ella rompiendo el vidrio del ventanal principal de la sala, Bella me empujó detrás del sillón y se paró en frente con una rapidez que me dejó mudo… un gruñido desafiante reemplazaba su voz y los ojos se le inyectaron de un rojo furioso mientras la pelirroja se le plantaba enfrente como una leona.

Jacob se entretuvo con otro vampiro… un hombre esta vez… de cabello negro trenzado y piel morena, alguien que jamás había visto en Forks. La pelea resultaba brutal, la mezcla de gruñidos, gritos y aullidos retumbaban por cada rincón de la casa mientras los muebles no eran más que marionetas que cada uno sacudía a su antojo mientras los zarpazos y dentelladas no hacían otra cosa que causar aún más confusión. Alec gruñía y sacudía la jaula a su manera, tratando de zafarse, mientras llamaba a Bella a gritos y amenazaba a Victoria.

Billy se metió en la pelea con el grupo de sobrevivientes de la Push, cayendo de sorpresa desde arriba e inclinando la balanza, los lobos eran jóvenes y torpes pero superaban en gran cantidad a los dos vampiros. La pelirroja consiguió escapar… el moreno terminó despedazado por Leah y Seth, mientras Jacob me sacudía de pies a cabeza procurando levantarme.

—Para ya! —le grité a Jacob mientras Bella salía corriendo de la sala. —¡Síguela a ella!... irá tras la pelirroja… ayúdala…!

Jacob me miró y negó con la cabeza, me concentré en escuchar los pensamientos de Bella: “Contrólate… contrólate!!!!!” se gritaba a si mismo y yo seguía sin comprender.

—No irá tras Victoria Ed, está escapando de nosotros… ambos sangramos…

Miré mi brazo ensangrentado y la espalda de Jacob manchada también de un hilo de sangre viscosa y tibia. Suspiré y me odié por mi fragilidad torpe de humano.

—Síguela Jacob…

—Déjala… necesita un tiempo a solas Ed… y nosotros también.

Alec seguía llamando a Bella desde su jaula y un grupo de seis licántropos jóvenes rodeaban la jaula pretendiendo completar una matanza más.

—Basta! —les gritó Jacob y uno a uno fueron saliendo de fase y entrando el sopor de despúes de una lucha.

Miré la casa semi destrozada de mis padres, sentí el nudo en mi garganta de una emoción sobrenatural… y miré los restos deformes de un vampiro en el piso, deseando desde lo más profundo de mí que mi Bella jamás tuviera ese fin… y que no tardara, porque no sería dueño de mi alma hasta volver a verla.

CAPITULO 27: El acantilado

Bella:

Mi vida no era un cuento de caperucita roja, mucho tiempo maté para comer y mi elección final por una vida menos cruel no se basaba en humanismo, sino en autocontrol. Mientras corría me preguntaba si mi culpa sería menor si mis objetivos cambiaran, y era cierto… no mataba humanos por el hecho simple de saber que podía controlarme, no porque valorara el hecho de dejarlos vivos.

Era tal cual había dicho Alec, mi esencia era llamar la atención. No ví la realidad de mis padres, no ví la realidad de Jane, no ví el momento en que debería de haber abandonado esta historia para no comprometer a los quileutes… para no enredar mi propia existencia con un Edward y un Jacob a quienes sentía como partes complementarias mías.

No veía ahora un horizonte claro… y trataba de pensar en porciones disociadas contestando una a una las preguntas que me acababa de hacer, cuando de pronto paré.

Olía a licántropo y no sólo a uno, olía al perfume húmedo mezcla de tierra y pelo mojado, pero multiplicado por tres. Giré y ví a Sam.

“Si existes Dios… por favor… que no sea yo quien lo mate”, me dije a mi misma.

¿Debería? Era la pregunta… debería defenderme si en realidad era yo quien merecía morir… si en realidad era yo quien había desencadenado todas esta historia incongruente.

No tuve que responder, reconocí el olor de los míos y respiré para retener el aroma dulzón del aire mientras vía que en el claro del bosque aparecía casi la mitad de la guardia Volturi y un Aro enceguecido de ira.

Sam miró confundido la comitiva que se acercaba, pomposa y desafiante, desde el lado opuesto al acantilado y gruñó por instinto. Aro se lanzó con rabia contra el Alfa y el resto de la guardia liquidó a un lobo más mientras acorralaba al último en el acantilado, haciéndolo caer por la pendiente rocosa sin más freno que las piedras puntiagudas del barranco y el agua helada del océano gris.

—Mentiste… —le dijo Sam ya con el último hilo de voz, y saliendo de fase, demasiado herido para poder huir.

—Nunca confies en un vampiro, lobo… lo primero es lo primero, deprecio lo suficiente a tu raza para odiarla incluso más que a un traidor.

Remató el trabajo mientras me miraba con la mayor saña que hubiera yo visto en sus ojos, ordenando a Dimitri y Jane que me sujetaran.

—¿Dónde está mi hermano? —gritó ella, mientras me aplicaba el primer latigazo de dolor en el fondo de mi conciencia.

—Basta Jane! ­—lloré… sin tiempo a activar ningún tipo de escudo y retorciéndome del dolor en los brazos tiranos de Dimitri.

—Déjala Jane. —Ordenó Aro.

—Pero Alec…

—¿Necesito repetírtelo Jane?

Ella agachó la cabeza y negó:

—No señor. —mientras se hacía a un lado.

—Levántate Bella… y quiero una explicación coherente a esa chiquilinada que hiciste.

—No sé a qué te refieres Aro.

Él vino hasta mí con los ojos encendidos de rabia, pero sólo me tomó de la muñeca y se concentró

—No te atrevas a poner tu escudo. —Me amenazó, pero disminuyó la presión en mi brazo y distendió el tono de voz en cuanto detectó en mis pensamientos que nada de lo que él pensaba era real. Yo no había roto el sello. Al fin él estaba seguro de ello.

CAPITULO 28: Trueque

Jacob:

Vimos venir a la Bonita por el camino lateral de la casa, y no venía sola… el olor a chupasangre me resultaba fastidioso y repugnante, y no sólo a mi… la mitad de los jóvenes quileutes guarecidos en la casa entraron en fase.

—Alto! —ordené como el Alfa, viendo que Bella me lanzaba una mirada suplicante antes de presentarnos al vampiro estrafalario que la acompañaba tomada del brazo.

—Jacob, Edward… quiero presentarles a Aro…

—Encantado “señores”… si es que puedo hablarles de esa forma. —miró a Edward con sentido crítico y a Jacob con el respeto de un buen enemigo.

—He de decirle que no es una visita grata para nosotros. —respondió Edward.

—Lo sé… pero Bella me ha dejado saber algunas cosas que han despertado mi curiosidad, y bien lo sabe ella, no suelo quedarme con incógnitas inconclusas… así que he venido para que me hagáis entrar en razón y vea si existe manera de que esto no sea una matanza. No me agradan las tensiones insulsas.

—Ustedes vinieron aquí y mataron a mi gente ¿a eso le llama “tensiones insulsas”?

—Jacob, por favor… —me dijo Bella.

—¡Por favor nada Bonita!

—Por favor Jake… mataron a mis padres también.

Aro se giró para ver sorprendido a Bella…

—¿A qué te refieres?

—A Phill y a René, Aro.

—Ellos murieron tratando de rescatar a James de La Push.

—A ellos los mató James… y yo maté a James.

—Conmigo. —agregué.

Aro empezó a ponerse nervioso.

—Basta Bella! Me explicarás que significa todo esto, o la guardia acabará contigo y todo este maldito pueblo húmedo plagado de licántropos!

—¿Quién diablos es usted para gritarnos?

Aro lo miró con ojos que traslucían una fuerza descomunal.

—Soy Aro Volturi, pequeño lobo adolescente… y te sugiero que demuestres al menos respeto… tu raza y la mía han estado en guerra desde antes que tú o yo naciéramos… y ahora creo que hay algo que necesitamos entender juntos. No pienso atacarte… por ahora… así que decide…

Lo miré más con rabia que con duda. Era evidente que tenía bastante más experiencia que yo en cualquier tipo de lucha que intentáramos y tampoco estaba sólo, la misma que habíamos visto en el prado y otro vampiro corpulento lo acompañaban, y no quería exponer a los demás… no por mi rabia al menos.

Edward:

Ví que Jacob se acercaba a la ventana mientras gruñía de una forma tan gutural que presentí problemas.

“Al menos ha vuelto sana y salva”, pensé mientras veía a Bella acercarse a la puerta del brazo de un hombre adulto, con aire de caballero del Medioevo. A pesar de todo lo que ella nos había dicho… a pesar de saber que estaba confundida y que necesitaba su “soledad”… me metí en su mente para dejarle un segundo de mis propios pensamientos:

“Temí por ti cuando te marchaste… y me he sentido un inútil por no poder defenderte yo a ti… pase lo que pase, ahora o mañana o hasta el último minuto que pueda estar contigo… necesito que sepas que no hay nada que me haga dejar de pensar en ti.”

—Jacob, Edward… quiero presentarles a Aro…

Dijo ella a viva voz, para responderme mientras bajaba la mirada con un pensamiento de esperanza: “que no ‘pueda’ estar contigo no significa que no quiera”.

—He de decirle que no es una visita grata para nosotros. —respondí envalentonado.

—Lo sé… pero Bella me ha dejado saber algunas cosas que han despertado mi curiosidad, y bien lo sabe ella, no suelo quedarme con incógnitas inconclusas… así que he venido para que me hagáis entrar en razón y vea si existe manera de que esto no sea una matanza. No me agradan las tensiones insulsas.

Jacob montó en cólera y comenzó una discusión que cada vez se hacía más fuerte… pero yo me concentré en escuchar los pensamientos de Aro… y de traducírselos a mi Bella y a Jake.

“¡¿Que James mató a René?!... y a Phill...? es imposible… René jamás su sublevaría a mí… no con lo que me debe…“

—Basta Bella! Me explicarás que significa todo esto, o la guardia acabará contigo y todo este maldito pueblo húmedo plagado de licántropos!

“¿Y Victoria?... porqué ella no hizo ningún comentario esta tarde… no sabía nada?... y porque Caius estaba tan insistente en que hallaríamos la clave en Forks?... hay cosas que no me cierran y eso está molestándome definitivamente!!!... maldito licántropo impertinente!!! Quién diablos te crees para hablarme así!!!”

—Soy Aro Volturi, pequeño lobo adolescente… y te sugiero que demuestres al menos respeto… tu raza y la mía han estado en guerra desde antes que tú o yo naciéramos… y ahora creo que hay algo que necesitamos entender juntos. No pienso atacarte… por ahora… así que decide…

Los tres miramos alrededor de la sala, era evidente que no habría una lucha sin bajas y dentro de la confusión de cada uno, todos teníamos en claro que una parte de la película estaba incompleta y fuera de lugar.

—¿Cuál es tu propuesta? —preguntó más sereno, pero firme, Jake.

—Me dejarán tocarlos y que vea a través de ustedes si dicen la verdad… si es así, haremos un trueque, quiero a Alec conmigo otra vez, yo les devolveré a Bella a cambio.

—¿Tocarnos?

Bella explicó en unas pocas palabras el don “observador” de Aro, su capacidad mental para captar los recuerdos y los pensamientos actuales de quienes tenían contacto táctil con él.

Los tres nos acercamos a Aro y él, uno por uno, fue escrutando nuestras mentes en una búsqueda de respuestas a situaciones que para él tenían un tenor distinto.

Su mirada y sus expresiones fueron cambiando mientras nos “percibía” uno a uno, hasta que al fin resumió:

—Ambos están enamorados de ti Bella… y entre ustedes hay un pacto… una trilogía…

Ella no respondió, se limitó a bajar la cabeza mientras extendía la mano para que Aro la tocara. Y yo me metí apresuradamente en la mente de Aro para saber que sentía ella, viendo desfilar un aglomerado de frustraciones, culpas, sueños perdidos… crueldades… un beso… el mío… recordado como un impulso eléctrico en los poros, como una montaña rusa peligrosa… una sonrisa… la de Jake, con la sensación de descanso y abandono… una responsabilidad… la de terminar con un legado dado por el Brujo… un montón de culpas más, repitiendo a Jane y Alec que el egoísmo la había cegado… y el dolor… por una madre amada muerta.

—Me basta con eso, definitivamente tú no has roto el sello.

—Libera a la sanguijuela Edward —dijo Jacob, mientras estiraba del brazo a Bella.

Alec miró a Bella con cierta tristeza y caminó hacia Aro, abrazando a la rubia al llegar.

CAPITULO 29: Sentimientos

Jacob:

Duele amar. La sensación de no estar completo es frustrante y resultan tan impotente que te desequilibra. Te prometí que ya no te molestaría Bella… y tu piel me llama de una manera tan extraña y persistente que negarme a mi mismo el acercarme a ti se siente como un desgarro profundo en el alma, como la ponzoña de las víboras del bosque que no te matan, pero que mantienen tu cuerpo afiebrado, tenso y adolorido...

Es tan difícil verte con esa máscara de autosuficiencia y responsabilidad cuando siento que te estás muriendo por dentro… y es aún más difícil para mí discernir si debo realmente dejarte soportar esa cruz sola, o si te acompaño a pesar de tu negativa de dejarme estar.

No hace falta tener el don de Edward para sentirte, ni para saber que por tu mente pasan la culpa y la indecisión. No hace falta conocerte de años para saber que nunca voy a estar más atado a alguien, de lo que hoy estoy de ti. No hace falta rehundir más la espina dándome cuenta que es a Ed a quien miras con ojos de renuncia y de dolor… a pesar de todo.

Edward:

Me gustaría poder no leer nunca más los pensamientos de otros… caer en la felicidad de la ignorancia para evitar el acecho del dolor y de las marcas que surgen del conocimiento de aquello que no podemos dominar.

Escucho los pensamientos de Jacob y mi alma se parte… él quiere a Bella… igual que yo, pero con un amor más puro, más sacrificado, más entregado al honor. Él respeta su “no”, respeta mi propia condición de amarla también… agacha la cabeza dando el paso al costado sabiendo que forzar las cosas tampoco la hará feliz ¿Soy egoísta? ¿o soy tan débil que no admito renunciar a ella sin luchar? ¿renuncia Jake? o ¿está dejando que ella escoja lo que realmente siente?

No quiero seguir pensando, no quiero seguir luchando con un amigo por un sentimiento que siento más fuerte que mi voluntad, no quiero sentir que me gana el sentimiento de deseo al de coherencia racional… no quiero… pero me quedo clavado al piso por más que me cerebro me ordena moverme y salir de allí… me quedo atado a ella, con los brazos inertes a los lados del cuerpo para evitar que mis dedos la rocen y su perfume me llene, evitando perderme aún más en la disquisición insana de ya no saber qué hacer.

Bella:

Nunca pensé que Aro me dejara ir, menos aún que se metiera en la casa sabiendo perfectamente que había licántropos dentro. Y allí estaba, con el rostro confundido y lejano, buscando algo en su memoria o rearmando el esquema mental necesario para su estrategia final.

Yo estaba hecha un escracho, podría haber acabado conmigo sin esforzarse siquiera, mi cuerpo, mi mente y mi alma, si es que aún la conservaba, no eran más que masas uniformes de culpabilidad y del oscuro conocimiento de la bajeza del egoísmo.

Había tirado por la borda todo aquello que conocía como bueno, me había dejado llevar por la egolatría y la vanidad antes que por una meta propia… y había lastimado tanta gente!!!

—Espera… ¿puedo hablar con Jane? —pregunté a Aro.

Ella se me adelantó y me espetó cortante:

—“YO”… no quiero hablar contigo Bella.

—Escúchala al menos Jane. —le dijo Alec.

—Ya te dije “hermanito” que ella tendrá influencias sobre ti, pero definitivamente a mi me tiene sin cuidado.

—Todo lo que sientas en contra mío está bien… he sido lo suficientemente mala como para no ser merecedora de perdón… sólo quería decirte que lo lamento mucho, lamento no haberme dado cuenta, lamento no haber estado a tu lado, y lamento que a pesar de estar realmente arrepentida no pueda cambiar lo que pasó.

—Tienes razón Bella… no puedes. —me respondió y reinició el camino de regreso, mientras Alec suspiraba y después de mirarme fijo, corría tras Jane.

—Tú… Licántropo… tengo algo que corroborar entre los míos… necesito volver a reunirme contigo en un día. —Aro lo dijo con impertinencia, pero Jacob respondió de manera más irónica aún.

—Te doy ese “un día” chupasangre… no más.

Aro sonrió ante la insolencia de Jake, pero le fue indiferente… había algo que le preocupaba más. Los años vividos nos demuestran a veces que los verdaderos problemas no son el cuándo ni el cómo luchar… sino que el quién no esté bien identificado. Y esta vea, el quien se esbozaba como un augurio poco feliz para Aro.

CAPITULO 30: Duerme amor… si yo pudiera estaría soñando contigo

Edward:

Estaba realmente cansado, con los músculos sobrecargados de adrenalina y esa sensación de haber ejercitado días enteros, con el peso de una casa sobre los hombros. Me quedé dormido demasiado temprano, mal acomodado en la pequeña cama de Alice mientras pensaba en Bella como un chiquilín de primaria enamorado de su primera profesora de inglés.

Soñé pesadillas bizarras, donde la fantasía de mi gran realidad actual se mezclaba con cuentos cursis de transformaciones mágicas donde un “yo” menos normal tenía una chance un poco más real con mi vampiro favorito.

Sentí un escalofrío sobre mi cara y desperté a medias, todavía aletargado… mientras el perfume dulce de Bella se metió en mis fosas nasales como una poción rara que me mantuvo semiadormecido mientras sentía que los dedos recorrían los botones de mi camisa y los labios se detenían en mis párpados, en mi oreja… en mi cuello… en mi pecho desnudo.

—Bella…

—No hables… mi piel y mi alma te buscan, te necesitan… y si muero mañana quiero saber que te ame… como nunca nadie te amará jamás.

Su fuerza era paralizante, pero no me importaba, me besaba con furia, con rabia, de una manera tan pasional que era imposible mantenerse estático y no dejarse llevar por la sensualidad abrazadora de sus manos firmes, seguras… táctilmente inteligentes…

Su propia ropa cayó al suelo de una forma escandalosamente encantadora y tragué saliva rogando que si aquello era sueño, no me despertara más… su piel fría contrastada con el calor que me inspiraban sus besos me erizaban cada uno de los vellos del cuerpo y sólo pedía a mis sentidos que me permitieran seguir sintiendo cada uno de esos escalofríos como una oleada de placer nuevo, sobrecargado de adrenalina y deseo.

Ella me hizo el amor… y yo me quedé casi paralizado gozando de su osadía y de su experiencia… me quedé allí, presa de ella y con mis propios instintos revelados con cada uno de sus movimientos, de sus suspiros, de sus gemidos ahogados por besos, de su cuerpo entero que se fusionaba con el mío como si amar no fuera de a dos sino una criatura única formada por nuestros cuerpos en movimientos sincrónicos y seguros.

—Bella… esto es…

—Esto es una locura que no volveré a cometer… pero hoy no quiero pensar en eso… hoy quiero que tus manos me toquen y que tus labios me besen y que tu olor se impregne en mi para llevarte en mis recuerdos como la única pasión que quiero recordar.

—No te dejaré ir Bella… —ella no me dejó terminar de hablar y volvió a besarme tierna pero desesperadamente. Era difícil para mi seguir su ritmo grácil y la pericia con la que sus manos me tocaban, me guiaban… me llenaban de oleadas se placer en puntos que ni yo mismo conocía… y yo terminé rindiéndome a ella, dejándome amar en un tiempo que me fue imposible medir y que me dejó exhausto, rendido sobre la almohada mientras ella recostaba su cabeza en mi pecho cuando la aurora comenzaba a despuntar en el horizonte.

Desperté sólo, pero oliendo a ella… completamente perdido, pero increíblemente enamorado.

CAPITULO 31: Amanecer solitario

Bella:

Estaba loca. Lo que había hecho no tenía nombre… y sentí la culpa de haberme dejado llevar por mis instintos. Pero el día anterior cuando Aro estuvo en la casa la desesperación por que él hiciera daño a Edward, me dolió aún más que el veneno de mi transformación… más que la sed… más que la muerte de mi padre…

Nunca más pasaría, era una promesa a mi misma. Y no sabía aún cómo lo miraría a él para que realmente comprendiera que no habría “otra vez”.

—Duerme amor… si yo pudiera soñaría contigo. —le dije, cuando sentí su respiración sosegada y comprobé que dormía. —Toda mi vida en realidad permaneceré despierta para recordar la pesadilla de no tenerte.

Salí de la habitación y me senté en el desván de la entrada, viendo por el gran ventanal el amanecer de un rojo que simulaba un incendio voluptuoso, mientras jugaba con un mechón de mi propio cabello.

Jacob apareció por el extremo contrario una media hora después.

—No duermes eh! —bromeó mientras me abrazaba desde atrás. A diferencia de mi reacción de siempre no intenté esquivarlo ni zafarme después.

—No… —dije apenas.

—¿Qué te pasa? —preguntó mientras me hacía girar despacio para poder ver mis ojos.

—Acabo de acostarme con Edward. —le espeté sin miramientos y él no reaccionó, tragó saliva mientras yo veía que su nuez de Adán bajaba con un movimiento fuerte y él suspiraba. —Y soy lo peor de lo peor por estar diciéndotelo… pero no quiero mentir más… no quiero jugar contigo de ninguna manera… y eso implica poner todas y cada una de mis cartas sobre la mesa. Soy egoísta y no puedo encontrar la manera correcta de no serlo… porque a pesar de ello necesito que estés conmigo… a mi lado… porque en ti siento la fuerza que necesito para seguir.

Jake se levantó del sillón despacio y apretó un puño.

—Si… como el fiel amigo… —dijo irónico.

—No me gustan los “calificativos”… a veces no expresan la totalidad de nuestros significados.

—Las cosas tienen colores Bella, y las medias tintas no van conmigo.

—Lo que pasó anoche no volverá a pasar.

—Lo que pasó anoche pasó porque lo sentiste… a mi me duele por eso…

¿Qué podía yo decirle? ¿Qué no era una reverenda idiota? ¿Qué efectivamente no estaba enamorada de Edward? ¿qué él tenía una chance mayor a ser “mi amigo”?

No. Definitivamente no podía decirle nada. Yo buscaba en él los brazos de un hermano mayor y en Edward los brazos de un amante.

No sabía qué hacer, sabía que lo había herido pero si Edward hablaba antes con él sería peor.

—¿Lo amas? —preguntó cuando el silencio ya era un muro que crecía geométricamente entre los dos.

—No lo sé… siempre creí que el amor era una mezcla entre pasión y amistad.

—Y él te apasiona.

No respondí pero la respuesta era obvia. Él jugueteó con el picaporte de la puerta y parado en el dintel me dijo antes de salir:

—Voy a contestarle una sola cosa a tu “egoísmo” o a tu “sinceridad” Bonita… yo no me conformo con ser el “amigo”, cada vez que vuelvas a mi, mi propia alma luchará por ese otro lugar que hoy llena Edward. De eso te hablaba cuando hablé de medias tintas, si te acercas a mi más allá de nuestra Trilogía, siempre verás un Jacob que está peleando por ti. Hoy tengo tu amistad —suspiró profundo antes de seguir— es tu elección si me dejas seguir intentando lo otro o no… pero no me pidas que me haga a un lado voluntariamente mientras “usas” mi amistad.

Cerró la puerta detrás de él, dirigiéndose al depósito de leña y yo no fui capaz de seguirlo. Mi mente pedía por él, pero mi piel repetía otro nombre a través de mis poros.

CAPITULO 32: Verdades

Edward:

Cuando desperté me sentía aturdido. Todavía no estaba seguro de haber tenido un sueño demasiado vívido o una realidad hipnotizante. Supuse que debía dejarme llevar por mis percepciones más agudas y definitivamente confiar en que ella había estado allí.

Cuando me levanté Jacob y el resto de los quileutes que se hospedaban en mi casa desayunaban un café humeante con pan recién tostado.

—¿Y Bella? —pregunté sin mirar directamente a Jacob, en verdad me resultaba difícil de asumir el hecho de que ambos estábamos enamorados de la misma mujer.

—Afuera. —respondió él sin mirarme tampoco.

Salí algo incómodo de allí, aún no había encontrado las palabras para hablar con Jake, pero estaba decidido a hacerlo, había sido mi mejor amigo durante toda mi vida y no quería perder eso.

La ví a ella ayudando a Billy a apilar algunos de los troncos para la chimenea. Ella levantó la vista cuando oyó el chirriar de la puerta de atrás y me ignoró.

—¿Puedo hablar contigo? —pregunté.

—Claro.

—A solas… —agregué en cuanto noté que ella me prestaba atención pero no pretendía alejarse de allí.

Suspiró y se mordió los labios mientras volvía hacia la casa, después de indicar a Billy que la esperara, que no tardaba en regresar.

—¿Si Edward? —me dijo mirándome fijamente a los ojos sin parpadear.

—Anoche… —comencé.

—Anoche fue sólo sexo.

Bella me dejó pasmado. Respiré agitado y rabioso mientras la miraba sin parpadear, aún sin creer lo que me decía

—No fue eso lo que dijiste inicialmente… —dije apenas en un susurro.

—Te lo digo ahora entonces, y me gustaría que te quedara bien en claro.

No me salían las palabras, me sentía herido y al mismo tiempo tenía la esperanza de que fuera sólo un artilugio de Bella para alejarme por el concepto absurdo de que no podíamos estar juntos… “debía” ser eso… yo la había sentido completamente mía hacía sólo horas… no podía haber cambiado tanto.

—Es que…

—Edward basta, no tengo tiempo de curar heriditas de enamorado… tenía ganas de estar contigo y eso hice… nada más, se llama “sexo”, te lo repito.

—Eres cruel Bella, sabes que yo siento más que eso.

—Si, soy cruel… ¿no escucharte a Alec cuando me lo echaba en cara la otra vez?... por lo visto es parte de la naturaleza humana el ser ilusa… la gente no cambia Edward y los vampiros tampoco.

Se recogió el cabello que le caía sobre la mejilla y volvió hacia Billy, mientras yo quedé atornillado al piso queriendo saber si el dolor que sentía terminaría alguna vez y cerrando mi pensamiento a una realidad que ella acababa de escupirme en la cara con la mayor de las indiferencias.

Jacob:

Billy me había pedido que hiciera el desayuno y yo respondí como un ogro. Estaba de tan mal humor que él terminó por darme un sermón sobre la madurez que sólo escuché a medias mientras cada palabra de la Bonita se repetía como un eco monótono en mi mente.

Ví de reojo a Edward cuando ya todos estaban servidos y yo terminaba mi propia taza de café, la verdad no sabía cómo comportarme con él. Si fuera yo quien estuviera en la misma posición, no dejaría espacios para que alguien me soplara a la Bonita. Me dí cuenta de repente lo irónico que es el amor y lo posesivo que nos vuelve.

—¿Y Bella? —preguntó genéricamente, con la vista baja, como rehuyendo a enfrentarse conmigo.

—Afuera. —respondí tratando de no demostrar mi frustración y siguiéndolo con la mirada hasta que desapareció por la puerta de atrás.

Sabía que estaba mal, sabía que era irresponsable de mi parte y que a mí mismo no me gustaría… pero lo seguí… escuché su conversación con la Bonita palabra por palabra y en el fondo, incluso a pesar de mis propios sentimientos, sentí lástima por él.

Volví a la casa confundido, esperanzado tal vez… culpable, desconcertado por las palabras de Bella, procurando digerir su psicología rara del “sacrificio” y nada me cerraba con coherencia.

—Jacob… —me llamó ella desde la puerta— … Aro ha enviado un emisario a buscarnos, llama a Edward por favor y vamos.

CAPITULO 33: Cuarto intermedio

Edward:

Estaba vacío. Me preguntaba de mil formas cómo la vida y las perspectivas podían cambiar tanto en tan poco tiempo… yo no era más que un joven pueblerino sin responsabilidades que de un día para otro se había convertido en parte de una historia fantasiosa y era el flamante dueño de un corazón roto.

—Edward… el chupasangre mayor quiere reunirse con nosotros. Ha enviado un emisario.

Suspiré y traté de concentrarme en lo que decía Jacob… ¿me importaba realmente? ¿podía decirle a mi mejor amigo que me sentía fatal porque la chica que ambos queríamos me había despreciado después de darme la mejor noche de mi vida?. No… no podía. Agradecí por un segundo que él no fuera capaz de leer mis propios pensamientos.

—Ok… si ambos creen que está bien ir, iremos.

El resto fue el tormento de volver a verla y de sentir, efectivamente, que le era indiferente, a la par que soportaba el cuchicheo medieval de la rubia que nos buscaba.

Jacob:

Bella insistió en que debíamos ir con la chupasangre, me tranquilizó diciendo que nosotros éramos tres y ella sólo uno, que no sabía luchar y que ella ya había activado sus escudo. No le entendí mucho en realidad, si yo iba era simplemente para asegurarme que ella volvería, y que los Volturis no le harían daño.

—¿Estás segura? ¿porqué no viene él hasta aquí?

—Ha mandado a Jane… y la ha obligado a venir sola… esa es una señal de que confía en nosotros Jacob, es una prueba que nos da.

—No me convence Bonita.

—Sé que te parece una locura… pero por favor confía en mi.

—No es fácil confiar en ti. Quien me dice que no serán tan fría como hace un momento con Edward. —Ella bajó la cabeza y no respondió. — Perdona, no debí escuchar pero es parte de mi naturaleza. Fuiste cruel… y lo que es peor… le mentiste.

—No mentí, sólo que tienes razón en algunas cosas… las medias tintas son malas… estoy contigo, o estoy con él, no puedo estar con ambos. Y he decido que no estaré con ninguno, no haré daño a ninguno… y sencillamente debía entenderse así. No voy a pedirte que entiendas eso Jacob, tampoco que secundes mi decisión… pero esto es otra cosa, Aro nos está llamando para desenredar un lío que no tiene nada que ver con los sentimientos de los tres y creo que es hora que nos hagamos responsables.

Ella tenía razón respecto a aquello, mi tribu había sido reducida a unos 15 sobrevivientes, la familia de Edward volvería en poco menos de una semana y en Forks había demasiado gente en peligro como para tener un camino de solución y no ir por él.

La rubia llamó desde la puerta.

—¿Y bien? Tú y tu junta de testosterona ¿vendrán o no?

—Cuida tu boca rubia… o podrías perderla.

—Es mi nariz la que perderé si debo oler tu inmundo aroma más tiempo… ¿acaso ustedes los lobos no son capaces de sencillamente bañarse?

—Mi paciencia tiene tope rubia… y está cerca… continúa buscándome y palabra de quileute que me encontrarás.

—Basta… —dijo Bella. —cuanto antes nos vayamos, antes deberán dejar de soportarse.

—Es cierto, recuérdame por favor reclamar a Aro una cuota de poder mayor por hacer su trabajo “sucio”.

Jacob la ignoró y subió junto con Edward a la parte de atrás del vehículo de Jane, ninguno de los cuatro habló hasta llegar al vestíbulo del hotel de Forks. Aro había rentado todo un piso para ellos y mantenía a la guardia aplicando muchos de sus dones para pasar desapercibidos.

Bella saludó a una tal Zafrina con un abrazo gentil, preguntándole si Aro por fin la había convencido de unirse a la Guardia, a lo que respondió que no, que esta era una cruzada general a raíz del sello.

—Yo confío en ti Bella, por eso estoy aquí. Sé que tu alma de hierro ha empezado a fundirse… ya te lo he dicho antes. Ten fe en ti.

CAPITULO 34: Mesa Redonda

Bella:

Llegamos rápido, gracias a Dios. Aro había poblado el pequeño hotel de Forks con la excusa de filmar una película de terror, así que mantuvo decorosamente consigo a la guardia Volturi completa y unos cuantos vampiros más… reconocí a los Denali, y a un par del aquelarre egipcio… ví a Zafrina al lado de Dimitri y eso me confundió. Sabía durante cuanto tiempo Aro había tratado de convencerla de unirse a la guardia, pero también conocía su forma de pensar respecto a lo que ella denominaba “el abuso del poder”.

—¡Zafrina! —dije abrazándola espontáneamente— ¿Aro por fin ha logrado convencerte acaso?

—No… este viejo vampiro nunca podrá contra mi tozudez latina y mi alma libre… estoy aquí por el sello Bella…

—Yo no lo rompí Zafrina, te lo juro.

—Yo confío en ti Bella, por eso estoy aquí. Sé que tu alma de hierro ha empezado a fundirse… ya te lo he dicho antes. Ten fe en ti.

Volví a dirigirme a Aro, que esta vez estaba acompañado de Marcus y Caius.

—Me has citado Aro… qué es lo que pretendes de nosotros.

—Eres demasiado soberbia Isabella. ­—bramó Caius— deberías recordar quienes somos.

—Son “los Volturi”, Caius… y jamás les he perdido el respeto… he cazado y matado por ustedes…

—Y has gozado de los privilegios también!

—Si, no niego que he sido una superflua y soberbia vampira… y no me enorgullezco de ello… pero hoy no soy culpable de lo que alegan.

—¡¡¡Lo eres!!! —volvió a gritarme él.

—Basta Caius. —dijo Aro en forma tranquila— no hemos citado a Isabella por eso.

La rabia me ganaba espacio cada segundo que pasaba. No podía entender porqué los supuestos indicios del sello me señalaban a mi, y había traído tanto a Edward como a Jacob conmigo a un lugar del cual ni siquiera sabía si saldríamos bien.

—Y para qué la hemos traído entonces? —preguntó Marcus.

Yo temblé de pies a cabezas y agarré la mano de Jake, era una tonta… ni siquiera había pensado que su principal enemigo en esta historia eran los licántropos, y Jacob era el Alfa, si acababan con él…

—No tocarás un solo pelo de Jacob.

—Ni que lo quisiera Isabella, huele fatal… ¿cómo puedes tú soportarlo mi querida?

No contesté, mientras sentía el pulso de Jake cada vez más acelerado en la muñeca que tenía asida.

Edward se acercó a Aro sin que lo viera.

—Aquí estoy… lo hubieras dicho antes y hubiéramos ahorrado la discusión.

Miré a Edward aterrada, incapaz de defenderlo a esa distancia y mi seguridad se quebró detrás de su mirada desafiante

Edward:

Al llegar mi percepción de cada mente se triplicó, todo en mi cabeza parecía un murmullo amplificado y hasta el dolor que sentía en mi pecho se vió rebasado por el cúmulo de pensamientos e ideas de cada una de esas mentes.

Dejé de escuchar las conversaciones del plano real y cada pensamiento se me volvió nítido y coherente como si fuera mi propia mente la que los pensara. Todos temían, todos estaban confundidos, todos hubieran dado algo de sí para evitar el desasosiego de pensar que la rotura del sello significaba su fin, y de pronto oí la voz de Aro llamándome.

—Aquí estoy… lo hubieras dicho antes y hubiéramos ahorrado la discusión.

—Eres un buen entendedor Edward Cullen.

—De qué estás hablando Edward… vuelve aquí. —me dijo Bella.

Y no me quedó otra opción que meterme en los pensamientos de ella y de Jake.

“Basta! Necesito que me dejen aquí con él.”

“Estás loco. No te dejaremos aquí”

“Es mi decisión”.

“No voy a discutir contigo… dije que no”.

“Bella… Si tu puedes decidir que entre tú y yo no hay nada…. Yo puedo decidir sobre qué hacer o no con mi parte de este juego”

Ella calló, yo había metido en dedo en la llaga y por lo visto dolía.

La Bonita tiene razón, Ed… quedarte es suicidio”.

“¿No entienden verdad? No importa, no lo puedo explicar ahora”.

Dentro de todo estaba feliz, había sentido un dejo de culpabilidad y preocupación en Bella… y eso, en mi idioma significaba: chances. Pero ahora había un problema más, y ese problema era sobrevivir”.

“No voy a dejarte aquí Edward… si no quieres que terminemos los tres muertos, vuelve aquí conmigo… no te vengues ahora por lo que te dije hoy… por favor” suplicó Bella y yo le dediqué una mirada profunda, mientras le repetía en la mente.

“Sé que estoy haciendo bien Bella… déjame aquí… yo volveré a ti aunque vuelvas a rechazarme mil veces… es esa promesa la que me mantendrá vivo. Te lo juro”

“Llévatela de aquí Jacob, sé lo que hago, confía en mí.”

Aro hizo una indicación a Jane y ella volvió cínicamente a invitar a Bella a salir.

—Tú también Chucho… —le dijo ella a Jake.

CAPITULO 35: Rencores

Bella:

Me sentía totalmente aletargada… indefensa a cualquier golpe por más sutil que fuera. Edward estaba sólo… y yo no podía protegerlo.

Jane nos devolvía a la casa de Edward, mientras mi alma se quedaba en el hotel, tratando de entender algo de su locura de permanecer con Aro. Ella no tardó en notarlo mientras Jacob trataba de calmarme diciéndome una y otra vez que todo estaba bien, así que no tuvo mejor idea que decir con saña:

—¿Y desde cuando eres tan considerada Bella? ¿O les estás mintiendo a ellos como me mentiste a Alec y a mi?

—Basta Jane… estoy pagando ahora lo que te hice pasar…

—Jamás podrás pagar lo que me hiciste pasar.

—Es cierto, jamás tendré tu perdón… jamás olvidaras que me olvidé de ti… jamás podré borrar lo que sea que hayas sentido… y créeme, “eso” ya es castigo suficiente.

—No Isabella, no lo es… y yo juré que te lo haría pagar moneda sobre moneda, pero con tu propia sangre.

Miré a Jane profundamente dolida, pero no por lo que ella decía en esos momentos sino porque no era ni remotamente la tierna y dócil niña con la que había compartido mi infancia, y la persona que tenía enfrente parecía la misma hija del dolor.

—Nada de lo que diga borrará lo que hice, ni mi comportamiento, ni mi ceguera… cúlpame cuanto me quieras culpar Jane… ya no tengo como correr de ello… ¿porque no terminas con todo esto de una vez? ¿Por qué no me matas?

—Porque sería demasiado fácil para ti, todo este vivir de muertos terminaría… no sentirías más dolor… no sabrías del peso de las sombras… no… “esa” no es mi idea de una venganza Bella.

Jake me hizo una seña y yo callé, lo único que quería era llegar de nuevo a la casa y dejar de oir a Jane, realmente me merecía cada una de sus palabras.

Ella frenó frente a la casa y yo bajé tan rápidamente que no la dejé despedirme con otra de sus ironías.

Jacob:

—Cobarde. —Escuché que dijo la Rubia cuando Bella se bajó más que rápidamente después de que hubieran discutido todo el camino.

La había mirado y escuchado mientras volvíamos y por algún extraño motivo sentí que esta vez debía tratar de entender algunas cosas antes de salir corriendo tras Bella.

—Oye Rubia, te importaría contestar algunas preguntas.

—Eres raro… ¿acaso no te das cuenta que somos enemigos naturales?... ¿Cómo diablos se te ocurre que me “gustaría” soportar tu curiosidad? —la mirada de ella era rabiosa, flemática… iracunda.

—Tal vez porque no soy “tan” inteligente. —le dije con una mueca.

—Eso es obvio Chucho.

—“Chuchito” para mis admiradoras.

—Idiota.

—Mmmmm… “chuchito idiota”… eso suena muy largo ya… algún apodo cariñoso más melódico no se te ocurre?... podría ser tu “chuchi” o algo asi, no crees?

—Creo que eres un imbécil, y lo que es peor aún estás perdido por alguien que no merece ni siquiera que la odien.

—No sé cual es tu historia con la Bonita… pero todos tenemos derecho a arrepentirnos… eso decía mi abuela.

—Bájate “chuchi”… ­­—me dijo irónica— no me apetece perder mi tiempo con licántropos.

—Ah… eso solo porque no me conoces, si no estarías muerta con este ardiente cuerpo latino.

—Ya estoy muerta tonto.

—No importa, no has dicho nada en contra de lo “ardiente” ni de los “latino”… así que ya es un buen indicio.

—Ay! Que necio eres! Bájate…

—Ok, ok… ya entendí, se te ponen los ojitos colorados y me muestras los colmillos… entiendo Rubia… ya me voy… pero hazme un favor… deja ya el rollo de los rencores y del pasadito ese que te desvela… eres tan o más bonita que la Bonita… y ya no puedes borrar lo que haya pasado, que no te carcoma… ya tú verás. Arrivederchi.

Bajé del auto y entré en la casa después de saludarla una vez más con la mano. La mirada triste y apagada que enmascaraban sus ojos no concordaban con la fuerza vehemente de su carácter, y esa extraña combinación me resultaba desafiante y fascinante.


CAPITULO 36: Recuerdos

Bella:

El osado de Jacob se había quedado más tiempo en vez de entrar tras de mi, estaba tan loco que se mofaba mordazmente de Jane… pero yo no podía escuchar ni uno más de sus reclamos, cada palabra sabía a un puñal metido en la carne y empeorado con sal.

Mi pasado volvía a mí con una nitidez escandalosa y se contrastaban en mi mente las dos caras de Jane… el rostro retraído de hoy y la sonrisa tiernamente infantil de ayer. Un ayer que ya llevaba siglos.

Me pregunté desde cuando había dejado de ver a los demás para encerrarme en un “yo” inmaculado y perfecto; desde cuando me había convertido en una Volturi más, tan estrictamente soberbia como Caius y tan ciega de egoísmo como mi propio padre.

―No hiciste bien en quedarte atrás. ―le dije a Jake cuando entró a la casa.

―¿Y eso porque? Yo no tengo miedo a la Rubia, Bonita… y por lo que sé, tú preferirías que fuera yo que su hubiera quedado con los chupasangres en vez de Ed… así que no seamos hipócritas entre nosotros. Además… oye, la Rubia no la pasa bien y es obvio, un poco de aliento no le hace mal a ninguno.

―¿Tienes que ser tan “sincero” con tus comentarios?

―¿No fuiste tú muy “sincera” hoy cuando me tiraste a la cara lo de Edward?

Odiaba que me respondieran con una pregunta, pero odiaba aún más que Jake tuviera razón.

―Grrrr! Te odio. ―le dije.

―Eso es perfecto… el odio es un sentimiento ardiente.

Él me guiñó un ojo y salió, dejando que masticara a boca llena la desesperación por Edward y la rabia por él.

Jacob:

Había algo que me molestaba, algo más allá de la desilusión de saber que Bella estaba enamorada de Edward y que en realidad mis chances estaban reducidas a menos de la mitad. Sentía un miedo especial a estar equivocado, a ser demasiado joven para entender cosas que desde mi óptica se veían tan simples como la propia naturaleza de La Push.

Yo separaba las cosas por etapas y trataba de verlas desde otros ojos para simplificarlas, aunque eso me llenara de preguntas nuevas, tan punzantes como el agua helada de los acantilados de La Push:

La Bonita me gustaba de una manera que jamás me había gustado nadie y no me apetecía esconderlo aunque eso significara quedar en ridículo… ¿estaba mal demostrar a alguien que lo amas?.

Edward era un tipo al que respetaba como un hermano más por sobre cualquier otra cosa, incluso sobre la Bonita… ¿debería cambiar mi amistad con él porque pretendíamos a la misma mujer?

Me sentía preocupado por haberlo dejado en el hotel sin ninguna protección, pero lo había hecho porque mi instinto decía que ese viejo vampiro no tenía intenciones de llevar esto a un nivel más… ¿debía respetar mi olfato o el hecho de ser “enemigos naturales” bastaba para matar?

“Enemigos naturales”… la Rubia lo había dicho levantando un muro ante mi intención de sonsacarle algo más que desnudara su tristeza. Me quedé pensando en ella, no era difícil interpretar su ira como el trasfondo de su soledad. Pensé de repente en cómo veía yo la soledad… y traté de ser parte de esa soledad mientras entraba en fase y corría por el bosque hacia los acantilados, buscando liberar un poco las energías y aclarar la mente.

El aire se sentía fresco y húmedo en la cima, el horizonte se veía sobre la playa como un sol adormecido entre unas nubes grises espesas que no dejaban entrever más que un par de haces de luz… las olas semejaban un manto de espuma que ronroneaba por lo bajo cubriendo la playa en golpes aletargados y furiosos.

Ella estaba sentada al borde mismo del acantilado y sentí frio al verla, no pude evitar salir de fase y acercarme a ella con un dejo de compasión.

―Vete chucho. ―me dijo sin siquiera mirarme. ―No estoy con ganas de matar a nadie hoy.

―¿Y te da esa “anorexia” seguido?

―Que te vayas chucho… ¿ustedes los lobos son todos tan suicidas? No te das cuenta que soy un vampiro?... tu raza y la mía se matan entre sí… ay… no sé porqué te doy tantas explicaciones!!!

―Porque si hubieras deseado matarme ya lo hubieras intentado, lo cual, obviamente tampoco hubieras conseguido… pero como soy un caballero me reservo esa observación.

La Rubia me miró sarcástica y volvió a mirar hacia el horizonte.

―Bonito lugar no? ―le dije.

―¿Qué parte de “déjame en paz” quieres que traduzca a tu idioma indio?

—¡¡¡Y qué parte de “déjate ayudar” no entiendes tú!!!

La había tomado por los hombros sacudiéndola ya harto de su intento de menosprecio, cuando quien estaba tirada en el piso sintiéndose fatalmente infeliz no era nadie más que ella.

Pero erré… en vez de conseguir una reacción sólo provoqué llanto.

CAPITULO 37: Doble espía

Edward:

Aro me había retenido en el hotel… o sea, eso era lo que él quería que el resto creyera. Conmigo había sido lo suficientemente claro: “Sé que Bella no rompió el sello… pero a menos que descubras quien lo hizo no tendré otra salida que iniciar una guerra. Pasa por los sacrificios del poder, no puedo perder respeto ante la raza, no puedo demostrar dudas ni debilidad. ¿Estás dispuesto a trabajar como mi espia, o no?

Eso era ahora, un “frágil humano” rodeado de vampiros, tratando de jugar al James Bond… mientras intentaba de sacarme a Bella de la cabeza a manotazos, entreteniéndome en una pesquisa de mente en mente buscando indicios que me orientaran hacia donde virar.

Aro había dispuesto todo como para que realmente pareciera un encierro, pero había sido lo suficientemente inteligente como para dejarme los huecos suficientes para investigar. Debía reconocer que esperaba algo más de los vampiros ¿no los pintaban como seres superiores con la experiencia de siglos acumulada en sus vidas? La verdad es que no diferían mucho de los huecos comentarios mentales de muchos de los adolescentes del instituto en Forks, que diariamente oía en el salón de clases.

“Grr… este clima húmedo me hará desastres en el cabello… acaso Aro no podía escoger otro lugar?”… “Lástima que se nos ha prohibido cazar, sería bueno probar la sangre americana”…

“Definitivamente esos lobos huelen mal, que fastidio para el resto del mundo tener que soportarlos”... “Necesito volver a Volterra urgente, espero que Heidi mantenga la cena y no se la termine ella sola”…“Maldita seas Isabella Swan… tu madre ya me burló una vez… tú no lo conseguirás ahora, me vengaré a través de ti.”

Mi corazón se aceleró con ese último descubrimiento, no distinguía ni podía identificar al dueño de la voz… pero sabía perfectamente de qué lugar procedía, así que me senté en la cama dejando mi mente lo más en blanco que podía, mientras buscaba entre el murmullo que me atosigaba algún registro del pensamiento de Aro.

“Necesito hablar contigo… hay una voz que oigo muy cerca de ti, y está diciendo cosas raras… pero no son cosas que yo pueda interpretar.”

“Repítemelas”

“Maldita seas Isabella Swan… tu madre ya me burló una vez… tú no lo conseguirás ahora, me vengaré a través de ti.”

“Es imposible que uno de los nuestros haya odiado a René, era el vampiro más alegre y social que conozco, jamás se llevó mal con nadie. Además todos saben que Bella ha sido mi protegida durante demasiado tiempo, sólo un loco osaría desafiarme. ¿Acaso no entiendes quién soy?”

“Respeto su rango señor… pero no le parece que dada mi situación ¿yo sería lo suficientemente torpe de decir algo que me comprometiera para mal?”

“Los humanos me causan extrema curiosidad Edward… pero recuérdame anotar que saque de la lista de mis preferidos a los adolescentes y jóvenes de este lugar. Respétame!!! Y deja las ironías a un lado o terminarás como mi almuerzo!!!”

“Ok… seguiré buscando, pero déjeme probar algo”

“Dime qué”

“Monte una escena ficticia… no sé… algo así como que me interrogará o me torturará o algo asi… “

“La verdad que no sería mala idea hacerlo de verdad, te pedí resultados… y no los veo”.

“No parece una persona muy paciente ‘señor’… y también yo estoy perdiendo la paciencia, estoy aquí porque amo a Bella y no quiero que nada le pase, estoy dispuesto a ayudarlo pero necesito más información… asi que ahora —y no es una imposición— dígame si hacemos lo que le propuse o si definitivamente me pego un baño para que al menos tenga un almuerzo limpio”

“Tienes agallas… así que te daré una última chance… pero que te quede bien claro que ‘último’

significa que no hay una segunda oportunidad”.

“Está bien, es un trato”.

CAPITULO 38: La bella que era bestia

Jacob:

—Oye… lo siento… yo…

No sabía realmente qué decir ¿en qué libro hay guías de cómo un hombre lobo puede consolar a un vampiro?... la biblioteca de Forks no era de lo más variada, pero definitivamente no creía que existiera algo parecido.

La rubia estaba tan compungida que contagiaba, sus manos temblaban, sus ojos lloraban sin llorar… su cuerpo se veía tan indefenso que lo único que atiné a hacer fue sentarme a su lado y recostar su cabeza sobre mis piernas mientras iba tomando mechones de su cabello y los reacomodaba detrás de la oreja despacio. Ella me miró con los ojos más sinceros que he visto en mi vida, y suplicó:

—Mátame…

Me dio un escalofrío profundo, de esos que se te cuelan hasta el hueso y recordaban los saltos de acantilados, pero no atiné a responder, esquivé sus ojos y miré hacia la paya que se dibujaba debajo tratando de concentrarme en la manera que las olas rompían con fuerza contra las paredes de roca.

—Vivir es una bendición, porque no la aceptas.

—Ya te lo dije, porque estoy muerta… porque además de estar muerta mis recuerdos están poblados de dolor… porque estoy sola… porque me siento tan mal que estoy confesándoselo a un maldito lobo!!!

—Lobo si… maldito no… ven aquí. Hagamos algo que hacemos los lobos en La Push cuando necesitamos algo de adrenalina.

La levanté de un tirón y aunque opuso una firme resistencia, que acepto me costó doblegar, la abracé desde atrás y me arrojé junto con ella desde la cima del acantilado hacia el mar.

La caída fue como una de tantas… el vacío que se sentía por debajo como abriendo una boca gigante buscando tragarte, el viento que golpeaba el cuerpo entero como si te gritara que eras un loco travieso, la sensación de libertad y de adrenalina rabiosa que te circulaba por el cuerpo como si cada poro volviera a vivir en un instante de locura. Y luego el agua, el chapuzón de agua helada que te paraba el corazón unos segundos pero al mismo tiempo de devolvía la energía de luchar, de sobrevivir, de simplemente estar, incluso más allá de cualquier problema.

—Y bien? Le pregunté después de sacarla casi ahogada sobre la arena húmeda de la playa, mientras mi cabello goteaba sobre su rostro.

—Guau… ¿eso ha sido porque en verdad ibas a matarme? ¿o sólo porque te gusta presumir?

—Tenía la esperanza de que te murieras Rubia… pero ha sido para presumir. —le respondí bromeando.

—Me llamo Jacob Black, Rubia… ¿y tu?

—Ya lo sabes… soy Jane.

—Bueno Rubia… “Rubia Jane”… procura hacer más saltos de acantilado y deja de pedir que hagamos el trabajo sucio de terminar contigo… eres demasiado Bonita para desperdiciarte por allí.

—¿Debo entender eso como un cumplido chucho?

—Podría ser, no te va ese papel de “bestia” que quieres mostrar, el cuento era la “Bella y la Bestia” Rubia Jane y te va mejor el primer papel… pero es sólo decisión tuya.

—Ojalá mi vida hubiera sido decisión mía.

—Déja de vivir el pasado… “eso” es decisión tuya… te hicieron chupasangre… y bueno, ok… hueles asquerosamente dulce, no puedes comer una porción de torta de cumpleaños y la perfección de tu cara empalaga… pero incluso con esos defectos y otros que no nombro para no aumentar tu trauma, eso tiene su lado bueno no? —Conseguí que ella hiciera una mueca de media sonrisa— Y el Caius ese te ha hecho daño, te ha utilizado y ha conseguido que no valores vivir… bien, mi padre me ha pegado y dejado las piernas marcadas en más de una oportunidad, aunque debo admitir que con razón… y bien que me ha utilizado en muuuuuuchas oportunidades para cocinar porque él odia hacerlo, pero el que decide si algo de eso me molesta o me derrota… sólo soy yo. Lée entre líneas Rubia Jane, a Caius no le importa como estés, eso debe importarte a ti.

Ella volvió a mirarme fijo, con un par de ojos terriblemente rojos que contrastaban idílicamente con su pálida piel y el rubio dorado de su cabello, mientras yo me daba cuenta que sus ojos agradecían mis palabras con sinceridad. Intentaba encontrar las palabras adecuadas para decirle algo, pero un olor que no era el suyo llenó el aire de repente… y salté de su lado gruñendo mientras entraba en fase, a la espera de los tres chupasangres se acercaban a nosotros desde el este del bosque.

CAPITULO 39: Desesperación

Bella:

Estaba sola en la casa, Billy había decidido marcharse hacia Port Angeles con los pocos sobrevivientes de la reserva, y yo estaba de acuerdo, ante un ataque no podría defenderlos a todos y los pocos lobos que podrían en fase tampoco podrían con la experiencia de la Guardia. Estaba preocupada hasta rayar la histeria… Edward había decidido quedarse con Aro, Jacob había decidido meterse al bosque y no pasar tiempo conmigo… y yo… yo me miraba al espejo y lo único a lo que atinaba era a maldecirme a mi misma, por amar a un humano, por lastimar a un licántropo, por ser incapaz de deshacer este lío que involucraba a tantos y del que me sentía terriblemente responsable.

Intenté pensar en algo que me indicara qué podría haber disparado todo esto y no conseguí aislar nada importante durante los últimos 2 años, era escandaloso darse cuenta que no había hecho otra cosa que vivir para mi, sin tener noción del mundo. Me prometía a mi misma que eso debía cambiar, en un mea culpa muy particular, cuando sentí cierta conexión con Edward y su voz comenzó a sonar terriblemente familiar en mis propios pensamientos.

“Bella… por favor necesito que hagas memoria… no te asustes, estoy bien.”

“Debería matarte yo misma ¿cómo diablos se te ocurrió quedarte con Aro?”.

“Tranquila, aunque debería estar feliz… supongo que eso significa que no has sido demasiado sincera esta mañana con lo que me dijiste al levantarme.”

“No volvamos a ese tema Edward, yo ya cerré el capítulo.”

“Yo no, y definitivamente creo que mientes… pero me preocuparé de eso después, tu meras ‘ganas de matarme’ ya me hicieron feliz ahora…”

“Grrrrr… Edward!”

“Eres más bonita cuando te enojas ¿lo sabías?... pero bueno, al grano mi impulsiva vampira… quien te diría algo como esto: …’Maldita seas Isabella Swan… tu madre ya me burló una vez… tú no lo conseguirás ahora, me vengaré a través de ti.’… creo que era exactamente así.”

“…tu madre ya me burló una vez?... por Dios Edward, mi madre era una de las vampiras más queridas en Volterra!”

“Aro me ha dicho lo mismo”

“Aro?... me confundes Edward”

“Aro sabe que no fuiste tú quien rompió el sello, pero dice que como hay muchas evidencias en tu contra, a lo que se suma el hecho de que estás unida a un licántropo y enamorada de un humano…”

“Eso último no es así”.

“Bueno, perdón… y que estás CASI enamorada de un humano.”

“Deja de ser chiquilín y mordaz”.

“Como sea… cree que debe condenarte porque no hacerlo le haría perder autoridad”.

“Idiota”.

“Estratégico le diría yo… conoce mi habilidad y la está usando… me ha puesto a vigilar a quienes están cerca a ver si descubro algo.”

“Y has escuchado esa frase que me dijiste recién”

“Correcto, pero no puedo distinguir el quien… los pensamientos suenan en mi cabeza como voces, pero no conozco de quién es esa voz. Le he pedido a Aro que junte a los suyos y me permita estar más cerca, pero necesito tu ayuda para guiarme sobre posibles blancos… él ha consentido que lo haga, pero será una puesta en escena, no tengo una segunda oportunidad.”

“Estás loco Edward… deberías haber venido con nosotros… yo iré a negociar con Aro de alguna manera, no puedes quedarte allí.”

“Sí, estoy loco, pero loco por ti… y no voy a permitir que algo que no pasó haga que tengas que volver a ningún lugar que no sea a mi lado… Así que piensa… ahora piensa y dime cualquier cosa que se te venga a la cabeza respecto a lo que te dije.”

Suspiré… no sabía si Edward había podido captar ese suspiro pero era de doble intención, por un lado me desesperaba saber que mi “gran” conocimiento de los demás era casi nulo, nunca les había prestado atención… y el hecho de que Jane me odiara tanto era más que un ejemplo. Y por otro, por otro lado Edward me estaba dando a entender que estaba allí por mí, peleando por mí, y eso me hacía recordar acaloradamente el sabor de sus labios y la tibia textura de su piel.

“¿Y?” —me apremió. Y yo comencé a hablarle sin demasiada convicción.

“René hubiera sido una santa si no era un vampiro… su único pecado ha sido abandonar a mi padre por Phill habiendo estado casada, jamás ha matado a un humano, jamás ha abusado de su posición, ha intercedido en muchas contiendas entre aquellares para poder frenar castigos peores de los Volturis. Discúlpame Edward, es que realmente no hay nadie que pudiera odiar a René…”

“Espera… cállate… te hablo luego”.

Edward:

Sentía que Bella se esforzaba por pensar en algo que me guiara, pero nada de lo que decía me resultaba un ovillo del cual estirar, cuando de pronto la voz volvió a sonar en mi cabeza… “esa” voz.

“Todo podría haber sido distinto René… mira donde me has hecho terminar, si no te hubieras negado a ser ‘mi’ mujer nada de este maldito circo sería lo que es”.

Me concentré en grabar cada modulación de esa voz virtual, cada acento, pero mi memoria no registraba nada que me ayudara a indicar un quien.

“Deberías de haber sabido que un ‘no’ significaba tu ruina René… ese estúpido idilio con Phill no podía significar más que lo que te estaba ofreciendo… y ahora no estás… ese imbécil de James tampoco cumplió con lo que le encargué y ahora definitivamente ya no estás!!!! Porqué tuviste que ser tan tonta René… porque tuviste que rechazarme… lo único positivo de todo esto es que ya que no fuiste mía, tampoco podrás ya ser de nadie.”

El tipo estaba loco. La rabia por mi deducción no me duró ni 10 segundos… ¿no estaba acaso yo loco por Bella también?

CAPITULO 40: ¿Traición?

Jacob:

Mi cuerpo temblaba aparatosamente y sentía que el viento que arreciaba al pie de los acantilados me traía el olor de esos malditos vampiros que a pasos de mí, me rodeaban… Eran cuatro más la Rubia Jane, así que no sería tan engreído para creer que me saldría con la mía esta vez. El grandote al que había oído llamar Dimitri era un verdadero ropero andante, tal vez tendría más chances si comenzaba con él… al menos sería una manera de intentarlo aunque fuera una batalla muy difícil de pelear, y lo que era peor, casi un suicidio.

—¡Detente Dimitri! —gritó la Rubia Jane, mientras se colocaba delante de mí. ¿Acaso estaba loca?

—Jane?... pasa algo?, no seas idiota y salte del medio que acabaré con ese perro.

Ella no movió ni un paso y disminuyó el tono de su voz, pero sonó aún más firme cuando dijo:

—Que te detengas Dimitri, he dicho.

—Me importa poco lo que dijiste Jane, no te pondrás a defender a un lobo a estas alturas de tu vida… ¿acaso las mujeres de Volterra se han vuelto unos vampiros menopáusicos? ¡Sal de mi camino?

Desde mi cuerpo lobuno no atiné a correr, ví al chupasangre que se me abalanzaba solamente para verlo caer a los pies de la Rubia Jane hecho un ovillo lastimero. Sus gritos de dolor resultaban ensordecedores, y oí a Jane que me miraba directo a los ojos, mientras pronunciaba un:

—Vete. —al que no reaccioné.

—Aro te matará por esto Jane.

El tipo al que habíamos mantenido de rehén en la casa de Edward parecía quemarla con los ojos.

—¿Y tú que harás Alec?... ¿te unirás a él para hacerlo?

—Eres mi hermana Jane, ya te he hecho suficiente daño al no darme cuenta antes de las cosas que estabas pasando. ¿Pero no te das cuenta que esto es un suicidio y que me arrastras con él?

—No estás obligado a nada, ni yo pido tu sacrificio.

El tercer vampiro quiso atacar, y cayó casi en el mismo lugar fulminado por una mirada de la Rubia Jane, ella se mantenía rígida delante de mí, mientras los dos chillaban y se retorcían en el piso como si algo los quemara por dentro.

—Ya vete… —volvió a repetirme y le acerqué el hocico despacio intentando decirle que tampoco dejaría que ella quedara sola con los otros tres. —Vete Chucho!!!... ya hazlo de una vez… vé y protege a Bella … aunque quieran, ninguno de los tres podrá tocarme y créeme… sé defenderme bien. El único que tiene la potestad de eliminarme en Aro… y ellos saben con cuanto se enfrentan de no hacerlo a su manera.

No atiné a nada… ¿cómo iba a dejarla allí sola después de lo que ella había hecho por mí? Es más… ¿Por qué diablos lo había hecho?

Fui detrás de una de las grandes piedras de la playa y me salí de fase, sólo para volver una vez más al lado de ella, con el semblante tan o más duro que el suyo.

—¿Qué haces chucho? Grrrrr… que terco eres! —me gritó.

—Así es… pero ya estoy grandecito para que alguien me dé una zurra, asi que te la aguantas Rubia Jane. ¿Y ahora que?

—Ahora nada perrito… “te vas”… y no lo diré de nuevo.

—Ja! A que no!

Alec nos miraba entre confundido, hastiado y frustrado.

—Jane… reacciona… estas lastimando a los tuyos y defendiendo un lobo ¿acaso no lo entiendes?

—“los mios”?… no seas sarcástico hermanito… los mios me hicieron daño y los mios me han utilizado… y los mios acaban de atacarme… te parece que debo “entender” algo más?

El tipo se calló y la miró consternado esta vez.

—Aro te matará Jane, y lo sabes.

—Me haría un favor… —le dijo desafiante.

Tomé a la Rubia Jane de la mano y tiré de ella suavemente, en el preciso instante en que una fina garúa comenzaba a azotar la playa como un manto húmedo que quisiera cubrir no sólo la tierra, sino la mezcla desastrosa de emociones que se agolpaban destartaladas entre nosotros.

—Vamos ahora. ­—le insistí a ella, y sin soltarle la mano comencé a correr, adentrándome en el bosque casi arrastrándola, mientras oíamos cada vez más lejana, la discusión del hermano con los demás impidiendo que nos siguieran.

Corrimos sin dirigirnos la palabra, uno al lado del otro, esquivando los árboles y las piedras del camino a una velocidad increíble, mientras las altas copas de los árboles nos tapaban de gran parte de la lluvia que caía, y los animales nos miraban extrañados y miedosos… corrimos… corrimos hasta que ella se frenó de golpe y agarrada de un tronco volvió a echarse a llorar.

Tomé su rostro entre mis manos y la obligué a mirarme… supe en ese preciso instante lo que sería de mí, no fui ya capaz de ver su cabello rubio humedecido, ni el rojo agobiante de sus ojos, ni la palidez extrema del resto de su piel… sólo fui capaz de ver su alma… y de comprender, que estaba total y endemoniadamente imprimado.

CAPITULO 41 Una trilogía mal calculada

Bella:

¿Qué otra cosa podía hacer aparte de pasearme frenéticamente de un lado al otro de la sala, esperando que Jacob volviera o que Edward me contactara? Ni siendo humana había llegado a un estado de histeria tal como el actual, destartalando el viejo sillón de los Cullen de tanto sentarle y levantarme con la excusa de esperar.

La puerta de entrada se abrió y Jacob entró totalmente mojado, sin camiseta y descalzo, mientras por detrás aparecía Jane… tomada de su mano y en un estado también calamitoso.

—No preguntes nada Bella. —Me dijo él. —No te gustará y no es momento.

—Pero… estás… digo… “están” bien?

Me acerqué a ellos tensa, sin entender aún nada, pero consciente de la seguridad de Jacob y de un instinto de protección hacia Jane que me dejó pasmada por su resolución.

—Estamos bien, llévala arriba y préstale algo de ropa Bella.

Jacob se plantó a darme una sarta de órdenes una tras otra mientras Jane no pronunciaba ni una sola palabra y atinaba únicamente a mirar el piso mientras las gotas de su cabello mojado humedecían la alfombra y el sofá.

Era obvio que algo pasaba, y no podía negarme a mi misma que la situación aumentaba mi histérica, considerando que las relaciones con Jane eran un capítulo tenso que aún no habíamos cerrado. Pero “esa” no era Jane, “esa” tenía la mirada confundida de un neófito y el semblante de una niña asustada.

—Ven conmigo. ­­—le dije, ayudándola a subir las escaleras y entrando con ella en la habitación en la que Esme me había acomodado. No concebía hablarle, y no por que no quisiera hacerlo sino porque parecía tan venida a menos que su fragilidad impactaba. Paseó su mirada por el cuarto como estudiando cada detalle: los libros acomodados descuidados en la biblioteca, los discos compactos apilados sobre el escritorio, los posters de grupos de rock pegoteados por la pared en un sentido vagamente simétrico… la alfombra algo raída de un color petróleo que hacía muy poco juego con las sábanas color naranja de la cama de pino.

—¿Puedo pasar? ­—oí que decía Jake.

—Un momento, aún no estamos completas. —respondí y me volví a mirar a Jane. —Mira, en el ropero hay cosas mías, puedes ponerte lo que quieras… te dejaré sola.

Salí mientras oía un “gracias” en un tono distinto a la voz que recordaba de ella.

Sostuve el picaporte mientras cerraba la puerta, topándome con Jacob esperando allí.

—Me explicarás que pasó y lo que es más importante… que está pasando?

—No. Primero hablaré con Jane.

Su respuesta me dejó helada.

Jacob:

Esperaba que me dijeran que podía entrar cuando Bella salió de la habitación y después de cerrar la puerta me increpó despacio:

—Me explicarás que pasó y lo que es más importante… que está pasando?

—No. Primero hablaré con Jane. —respondí, demasiado turbado aún y con la conciencia más dentro de esa habitación que fuera. Bella respondió a mis palabras sorprendida, pero dejándome el espacio que pedía sin emitir ningún cuestionamiento.

—Está bien, estaré abajo para cuando quieras hablar.

Ella bajó las escaleras y yo me recosté a medias por la pared del pasillo mientras apretaba mis puños una y otra vez buscando distender los agarrotados músculos de mis brazos. Debieron pasar un par de minutos más hasta que la puerta volvió a abrirse y la Rubia Jane me miró directo a los ojos para volver a escapar de mi propia mirada.

—Debemos hablar. —le dije.

—No.

—¿Por qué no?

—Porque eso que hiciste en el bosque no debió pasar.

—¿Cuál de todas las cosas?

—No te hagas el tonto por favor... intentaste besarme.

Era más fuerte que yo, este tema de la imprimación era grave de verdad… no concebía tenerla así de cerca como estábamos sin apretarla entre mis brazos como si pudiera fusionarla a mí.

—Mírame. ­—Ella trató de alejarse aún más y se lo impedí acercándola a una distancia en la que lo blanco de su piel incluso aclaraba la mía. —Eres la criatura más tozuda y solitaria que he visto en mi vida… pero no te miento si te digo que lo único que quiero a partir de ahora es quedarme contigo… donde sea… y bajo las condiciones que sea… pero contigo.

Su aliento era tan helado que mi propio calor amainaba, y la fiebre interna sólo podía traducirse en un deseo intenso de sentir el sabor de sus labios en un beso de verdad, profundo, de amantes…

—No… —no la dejé continuar, mis manos acomodaron su cabeza y busqué sus labios con sed, mientras la adhería a mi en un abrazo posesivo, impertérrito. Y no hubo resistencia, no hubo rechazo… no hubo indiferencia. Sentí sus propios dedos tratando de enredarse en mi cortísimo cabello y su lengua jugueteando sobre la comisura de mis propios labios.

—Suéltame por favor… me das sed!... tu corazón late tan acelerado que llama a mi instinto… por favor.

—Mátame entonces, pero ya no te dejaré… no después de esa respuesta… tu cuerpo me habla más que tus palabras “MI” Rubia Jane… y puedo ver tu alma… así que olvídalo, no me iré…. Y tú estarás conmigo.

Jane ya no volvió a hablar, se dejó abrazar y besar, como si su vida entera hubiera estado predestinada a ese momento. Y yo sonreí después de tenerla un rato entre mis brazos.

—Soy feliz completamente… —le dije— … y mi manada va a matarme, pero eso lo veremos después… vayamos a hablar con Bella y hagamos que esto acabe de una vez.

Bella:

Seguía preguntándome molesta a qué se debía la presencia de Jane y el mutismo de Jacob, cuando los vi a ambos bajando de nuevo de la planta alta. Activé mi escudo y lo extendía sobre Jacob cuando Jane me dijo algo avergonzada.

—Eso ya no es necesario Bella… creo que ya me he suicidado dos veces el día de hoy.

Hice una mueca extraña de incomprensión.

—No entiendo.

—Jane… “MI” Rubia Jane, es mi pareja Bella,

Me quedé pasmada, de una sola pieza y completamente muda.

—Oye Bonita… en mi tierra se dice “felicidades”.

—Es que… no sé… y no digo que Jane no sea una buena chica… es que… ¡eres un hombre lobo Jake!

—Aha… ¿y?

—Y que somos enemigos…

—Ya… y pregunto… no es que tú te zamparías a Edward de un solo trago también? O sea… Jane será mi enemiga, pero Edward vendría a ser tu comida.

—Dime que todo esto no viene por Edward.

—Bonita… no… definitivamente no… esta mujer es… —él la miró y supe que decía la verdad— “la mujer”.

Jane era la misma niña que yo había conocido de adolescente, miraba el piso y tragaba saliva por cada palabra de Jacob, sin soltarle la mano y aferrada a él como si fuera su eje. Supe que ambos decían la verdad. Supe que la que alguna vez había sido mi amiga podría volver a ser feliz.

CAPITULO 42 Despecho

Edward:

“Bella… Bella…” llamé ya seguro de lo que había ocasionado todo.

“Te oigo Edward… dime que estas bien por favor”

“Estaré bien cuando vuelva a estar contigo… pero al margen de eso hay otra cosa que necesito saber”

“No responderé nada a lo primero… pero…”

Él no me dejó continuar, simplemente me lo preguntó y terminó por embrollar más mi confundida mente.

“¿Quién era el amante de René?

“¿Cómo que amante?... René no ha estado con otro que no haya sido Phill desde su conversión”

“¿Estás segura?... no parece que haya sido asi”

“Edward basta, yo sabría si René hubiera dejado de amar a Phill, ella lo adoraba… no concebía la existencia sin él, nunca hubiera tenido una aventura, no era su estilo, las Swan amamos sin vueltas.”

“Espera que anoto eso… es punto para mi verdad… eso significa que me amas”

“Mmmmm, basta dije, dime que averiguaste y sal de una vez de allí”

“Si no tuvo un amante, al menos tuvo un pretendiente Bella… y él intentó vengarse por su rechazo, la cosa parece que se le fue de las manos”.

“Me parece muy teatrero Edward… los Volturi no somos asi… muchos de los que están allí tienen mínimamente unos cuantos siglos”

“Y? … ahora me saldrás con el chiste de que tu eres madura?”

“Estás siendo irónico”.

“Si, lo estoy siendo, tal vez te haga pensar un poco que uno no se mete en la habitación de alguien en medio de la noche, le hace el amor, lo trasporta a un mundo que no existe, lo deja terriblemente enamorado y después lo baja de un escopetazo de las nubes… pero bueno, perdóname… cuestiones muy humanas para tu madurez”.

“Edward yo…”

Bella:

Él ya no contestó, por más que insistí una y otra vez en llamarlo. Y mi frustración fue total cundo Jacob se acercó a mí para consolarme:

—Ya se le pasará, sólo debes admitir que tiene razón.

—Has oído la conversación? —pregunté algo avergonzada.

—Es raro, pero parece que la conexión entre nuestras mentes no se corta, o que cuando estamos uno cerca del otro es como si fuéramos la misma mente.

—Tal vez yo podría ayudar… —oí que dijo Jane muy despacio.

Jacob no la soltaba de la cintura… y la amonestó con la mirada.

—No lucharás… eso es definitivo.

Ella sonrió y le dió un codazo divertido.

—Eres un novio muy machista… no, en serio —volvió a decir después de recuperar la compostura— tal vez algo de lo que yo he visto u oído en Volterra les dé alguna pista.

“Oye Ed… “ le llamó Jacob.

“Mmmm… contéstame amigo, que te enojes con tu chupasangre no significa que dejes de lado a tu mejor amigo”

“Eres insoportable a veces Jake… siempre poniendo el dedo en la llaga” respondió.

“Digamos amigo que tengo una posibilidad de averiguar algo… me tiras tus datos?”

“Un tipo ha dicho algunas cosas, pero no ubico su voz”

“Dímelas”

“Eran algo asi como: ‘Todo podría haber sido distinto René… mira donde me has hecho terminar, si no te hubieras negado a ser mi mujer nada de este maldito circo sería lo que es… Deberías de haber sabido que un no significaba tu ruina René… ese estúpido idilio con Phill no podía significar más que lo que te estaba ofreciendo… y ahora no estás… ese imbécil de James tampoco cumplió con lo que le encargué y ahora definitivamente ya no estás!!!! Porqué tuviste que ser tan tonta René… porque tuviste que rechazarme… lo único positivo de todo esto es que ya que no fuiste mía, tampoco podrás ya ser de nadie.’

“Opss… el tipo estaba un poco obsesionado parece no?” le dijo de nuevo Jacob, mientras yo escribía las palabras que también habían sonado en mi propia cabeza en un trozo de papel.

“Algo asi… oye Jake, podrías apurarte, la verdad que tengo poco tiempo ya, Aro vendrá por mi en poco tiempo y si no hay resultados… bueno, ya sabes, como que puede ser un dolor de cabeza no.”

CAPITULO 43 Pistas

Bella:

La última frase de Edward me puso realmente nerviosa. Le tendí el papel a Jane sin pensar, lo único que quería era estar ya en el mismo lugar que él… “podrías apurarte”, había dicho… y había sonado algo tenso en mis pensamientos.

—Jane… por favor… —es importante que recuerdes, le dije.

Jane estaba lívida, me miraba demasiado sorprendida para poder reaccionar.

—¿Era René?

—¿Qué dices Jane?

—Es que… perdóname Bella… yo no sabía quien era… Caius no me dejaba…

—Jane por Dios… sé clara.

­—Amor… —le dijo Jake.

Ella se aferró a su corpulento brazo.

—Caius me ha obligado a torturar a alguien que ha tenido encerrado en uno de los calabozos de Volterra, pero jamás me ha permitido verlo.

Tambaleé con el comentario. René había vuelto cambiada de su último viaje a Volterra y había insistido terriblemente en ese viaje a Forks… me había dicho que de eso dependía su vida… aunque el tono que usó fue el de siempre, jovial y pizpireta, pero con un dejo de ansiedad. ¿Sería posible que no hubiera visto la desesperación en mi propia madre? Si… definitivamente sí era posible.

—Caius me había dicho que era un espía… que había un complot contra Aro y que se lo había dicho a él, pero no le creía. Que Aro estaba subestimando a otros vampiros y que él se sentía responsable por el Clan.

Yo ya no escuchaba más nada… acababa de confirmar que probablemente la muerte de René era consecuencia de mi egoísmo. Supe que Jane seguía hablando porque parte de mis sentidos detectaban el sonido de su voz, pero mi mente no pudo hacer otra cosa que disparar una carga de adrenalina histérica hacia mis músculos, haciendo que yo misma emprendiera una carrera endemoniada hacia el hotel, donde parte de mi vida se decidiría en momentos.

Edward:

—¿Algún resultado humano? —me preguntó Aro.

—Algo así.

—Eso espero. Porque después de este teatrito no tienes otra chance. He reunido a mi Clan y a los principales miembros de la Guardia, solo nosotros conocíamos el lugar secreto donde se guardaba el sello. No voy a mentirte humano, si señalas a alguien deberás probarlo… o no hay vuelta atrás.

—Tengo un par de pistas, pero la verdad no se me ocurre como “probar” nada.

—Lo siento humano… sabías los riesgos. Y debes reconocer que la chance que te he dado ya es sufiencientemente compasiva.

No le respondí… ¿compasiva?... cayeron de repente en “mi” pueblo, detrás de “mi” vampira… y ahora estaban por decidir sobre “mi” vida. Eso resultaba un poco cómico… si… pero dentro de la categoría de humor negro.

Nunca en realidad me había hospedado en el hotel de Forks… pero jamás pensé que los espacios me resultaran tan pequeños. Necesitaba aire… el pecho me apretaba en una mezcla tortuosa de angustia y de miedo, era difícil acostumbrarse al hecho simple de ir por el pasillo caminando hacia lo que podía ser mi propia tumba ¿o exageraba? ¿estaría Aro dispuesto a dejarme ir? No. De eso estaba seguro.

Había exactamente diez personas reunidas en la suite más grande del hotel. Aro me indicó que me sentara en una silla frente a ellos e inició una lenta presentación. Tal vez pensando que esos movimientos me darían el tiempo suficiente para hurgar en la mente de los demás.

—Edward… te presento a la realeza de mi mundo, mis hermanos: Marcus y Caius, y sus respectivas esposas Didyme y Athenedora… mi esposa, Sulpicia.

Indicó a cada uno de ellos y me indicó que saludara cortésmente a las damas, asentí con la cabeza respecto a cada nombre y por cada uno fui estrechando las manos atentamente, atento al menor murmullo en busca de mi “voz” perdida.

—Y nuestros miembros principales de la Gran Guardia Volturi: Alec… Félix… Demetri… Renata y falta nuestra pequeña Jane, que está vigilando tu gran trilogía incompleta.

Suspiré intranquilo, Bella estaba a merced de alguien, no había contado con esa doble jugada de Aro.

—Y bien Edward? Estamos esperando tus palabras… ya te he dejado en claro mi postura… y también las consecuencias de esta discusión.

Él se acomodó entre dos de los vampiros que me había presentado y yo me desconcentré abruptamente… la puerta se abrió y los ojos de Bella se pasearon por toda la habitación, mientras detrás suyo Jacob entraba corriendo tan atropelladamente como ella.

CAPITULO 44 La Reunión

Jacob:

Mi Rubia Jane y yo salimos tras Bella, sin que nos dejara un segundo de tiempo para interpretar la nueva información. La Bonita parecía un alma que se llevaba el diablo, atravesando a la carrera medio pueblo para llegar al hotel donde después de no pocos golpes, pudo llegar hasta una de las habitaciones del tercer piso. Jane y yo no optamos por nada más que seguirla y ayudarla… no me parecía buena idea pelearme con un vampiro en este momento.. y de hecho yo hubiera hecho lo mismo, así que sólo me dejé llevar también.

Ella irrumpió en la sala atestada de vampiros y torpemente yo llegué detrás como si me hubieran cursado una gentil tarjeta de invitación.

­―Un asqueroso lobo? ―dijo Renata en cuanto entré y fue a la primera que gruñí de manera despectiva.

―Calmaos todos. ―sentenció el chupasangre Aro. ― Aquí estás mi dulce Jane, nunca pensé que haberte enviado de vigilancia hiciera que volvieras trayendo de trofeo un licántropo… buena caza mi niña.

Me planté delante de mi Rubia y gruñí aún más fuerte mientras trataba de controlarme para no entrar en fase. Ví un poco más allá como los chupasangres que habían tratado de atacarme miraban furiosos a Alec y temí de repente que mi Jane realmente me hubiera utilizado. Sentí que ella se plantó delante de mío sin soltarme la mano.

―No Aro… no es un trofeo… es una persona, igual que yo… una persona que no entiende esta batalla idiota que se desató por nada.

―¿Qué dices Jane?

―Digo que estoy del lado de ellos Aro.

Él levantó la mano y la abofeteó y yo ya no pude más… salté hacia adelante convertido en lobo mientras Bella gritaba desaforadamente que nos quedáramos unidos… y escuché de nuevo su voz, unificada con la mía y la de Jacob en una sola mente colectiva.

―Basta!!! Esto debe terminar… tenemos un culpable.

―¿Qué clase de locura es esta? Termina con ellos de una vez!

El rubio que había hablado desde el fondo se adelantó unos pasos y Edward gritó:

―¡Es él!!!

Bella:

Debo reconocer que no creí del todo en Jane hasta que enfrentó a Aro. Sentí una terrible sensación de alivio saber que podríamos contar con ella para defendernos… pensándolo bien estábamos bien, éramos cuatro contra diez, pero yo ya había extendido mi escudo sobre nosotros y Renata debería de haber hecho lo mismo con ellos, con la diferencia de que se debilitaría más rápido por la cantidad… o se concentraría en los Maestros y sus esposas por prioridad.

El don de Aro n resultaba perjudicial, así que quedaban Felix y Dimitri con la fuerza de un volcán, que sabía bien Jane podría frenar… dudaba que Alec hiciera nada estando ella de por medio así que busqué serenidad en mí y mantuve la fuerza de mi escudo.

―¿Qué dices Jane?

―Digo que estoy del lado de ellos Aro.

Él lanzó una bofetada que en realidad no la alacanzó, pero Jacob entró en fase y todo se complicó… èl era tan fuerte que rompería el escudo desde adentro.

―¡Cálmate Jake!!! ¡O quebrarás mi defensa!!!

―Basta!!! Esto debe terminar… tenemos un culpable. ―dijo de repende Edward cuando nuestras mentes se unieron en una sola conciencia y él unió todas sus piezas con lo que había dicho Jane.

―¿Qué clase de locura es esta? Termina con ellos de una vez! ―Caius se adelantó furioso mientras increpaba a Aro y Edward gritó:

―¡¡¡Es él!!!

Todo se paralizó en ese instante, Aro se giró casi al instante y tomó del brazo a Caius como si la vida se le fuera en esa “visión” del alma de su hermano.

La tensión se dibujó en cada uno de nuestros rostros mientras Aro sostenía la mano de un Caius que le devolvía la mirada soberbio y desafiante, mientras el resto de nosotros se mantenía en una alerta insoportable.

CAPITULO 45: La verdad

Bella:

Aro tenía demasiado orgullo para aceptar absolutamente nada delante de nosotros. Soltó la mano de Caius e hizo un ademán a los miembros de la Guardia que los rodeaban. Cada uno cesó su actitud de ataque y fue saliendo uno a uno de la habitación.

Alec tomó a Jane del brazo al salir, mientras Jake gruñía en una actitud totalmente suicida sin explicar absolutamente nada a los demás.

―Basta!!! He dicho que se retiren Alec… sólo quiero que Bella y Caius permanezcan aquí.

―Necesito que respondas por la seguridad de los demás Aro.

―Me insultas Isabella… eso es un hecho.

Jake volvió a agarrarse de la cintura de Jane como si no existiera absolutamente nada más alrededor… y Edward quedó clavado en el mismo sitio sin siquiera optar a moverse.

―Vete humano…

―No me iré, me has tenido aquí espiando a los tuyos por tu reputación, y has estado a punto de matarme… tengo derecho al menos a quedarme aquí, no dejaré que le hagas nada a Bella.

―La impertinencia me hace perder la paciencia muchacho… he dicho… “y no lo volveré a repetir”… que respondo por la seguridad de todos quienes estaban aquí.

­―Por favor Edward… sal…

A regañadientes traspasó la puerta enfurecido y la cerró tras él.

―¡Eres un maldito asesino!

Le espeté a Caius.

―Es un hombre ciego de celos, si… tan obsesionado con tu madre que ha preferido tenerla a la fuerza que conquistarla… pero es un Volturi Bella… y no romperé nuestro equilibrio por una vida más o menos en esta tierra. ―La explicación de Marcus me sonó como una verdadera bofetada, y apreté los puños como si pudiera acaso golpearlo.

―Asesinó a mi madre Aro! Y lo que es peor… no ha tenido el coraje de hacerlo él mismo… sabes que eso no es justicia.

Caius me miraba como si estuviera dispuesto a cometer el último de sus delirios, Aro no estaba dispuesto a quitarle poder, pero yo lo conocía suficientemente para saber que él no se quedaría de brazos cruzados… de lo que me arrepentí fue de no haberle hecho caso a mi instinto…

―Contrólate Bella… estoy dispuesto a ciertas concesiones…

No lo dejó terminar de hablar, con una velocidad que nos dejó pasmados salió de la habitación apresando a Edward…

Jacob:

Ninguno de nosotros entendió muy bien qué pasó… pero el grito desaforado de Bella nos dejó entrever la gravedad, mientras al mismo tiempo la otra “gravedad” se escapaba de nuestros propios cuerpos aunando nuestras conciencias en una realidad alterna que nos permitía observar las circunstancias desde una visión tan “espiritual” que cada uno se sobresaltó como si hubiésemos visto el mismo infierno.

Caius se había abalanzado sobre Ed… o sobre su cuerpo… si puede entenderse esto en sentido literal… ninguno de nosotros estaba conciente, nuestros cuerpos yacían desmayados sobre el piso mientras nuestras ¿almas? sopesaban la escena desde arriba.

La angustia me ganó de repente cuando ví a mi Rubia Jane atacando al resto de los que estaban allí sólo para proteger mi cuerpo. No hacía falta en realidad, el chupasangre que llamaban Aro ordenó de repente que todos se volvieran contra el rubio… y todo terminó… pero mi Jane… sentía su desesperación y la furia del vampiro contra su rebeldía…. Y luchaba por volver a mi cuerpo con la agonía de no poder defenderla.

“Detente!!!”… escuché y fue como si siempre hubiera conocido aquella voz que sonaba omnipotente, rodeando nuestra propia conciencia.

“¿Taha Aki?”… pregunté.

“Si Jacob Black, estoy aquí para guiarlos en su camino a la tierra de los espíritus… ya han cumplido con su deber… el Triunvirato de los Fríos se ha roto… y liderará su clan un hombre justo”.

“No puedo irme Taha Aki… no ahora”

“Deben hacerlo Jacob Black… los tres… se necesita un sacrificio para poder seguir… el destino pide una vida por otra vida”.

“Nosotros somos tres vidas”, dijo la Bonita.

“Un inmortal por otro inmortal”, corrigió la voz… ese es el sacrificio…

“Esa soy yo… y nadie más que yo… no permitiré que nadie más juegue un juego en el que yo soy la qye debe perder”.

Sentí de repente una especie de escudo que me excluía de la mente de Ed y de ella y abrí los ojos confundido, mientras Jane repetía mi nombre en un susurro, desconcertado, trastornado…

―¿Dónde está Bella? ­―Edward lo preguntaba apenas incorporándose, tan aturdido y confundido como yo.

Y Aro señaló el cuerpo lánguido a un costado.

―Ella no ha despertado…

CAPITULO 46: “Mi” verdad

Bella:

Lo había conseguido, y la voz no replicó nada. Mi escudo había logrado alejar la conciencia de Edward y de Jacob devolviéndolos a sus cuerpos, a sus vidas… a una realidad que jamás deberían de haber dejado por esta locura… por el resultado de mi egoísmo y de la forma idiotamente ciega en que había olvidado las razones de mi vida.

“Mujer Fría… eso que has hecho… ¿porqué lo hiciste?”

“Porque al menos una vez debo ser capaz de dar lo que otros dieron por mí… Jacob ama a Jane y merece vivir, y yo amo a Edward y eso no me permite arrebatarle la vida… todo está mejor así… y me iré en paz con tus espíritus Taha Aki”

“Has seguido un camino incorrecto antes… y lo enderezas ahora Mujer Fría… paz a tu muerto corazón.”

“Paz”. Respondí y sentí que el alma me dolía con un dolor tan lacerante como el del veneno que me creó… tres siglos antes.

EPILOGO

La historia se cuenta en Forks como un cuento de niños a la hora de dormir. Nadie sabe, aparte de ellos mismos, que la anciana que cultiva orquídeas y es esposa del viejo doctor Edward… fue la vampira más Bonita que había pisado el lugar.

Nadie sabe… que esa “Rubia Jane” que es la adoración del Jefe Quileutes fue en su tiempo el arma más mortal de los Volturi… nadie sabe allí en Forks, que el mundo de los espíritus se robó la eternidad de Bella, pero le devolvió la vida a los cuatro… juntando sus caminos en un lazo de esperanza, renuncia y amor.

Nadie sabe… sólo ustedes… a quienes he contado esta historia… en su honor.

FIN

2 comentarios:

  1. Me encanto .. no, no me encanto .. me enamore! jaja.
    Muuuuy bueno che! Esto es tuyo? Porque no lo publicamos en Ediciones Frutillas?
    Woooo, esta genial enserio! :D
    Besos frutilleros de una mama frutilla que paso por aca, asi .. para dar una miradita :D
    Tassi.

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  2. Sip, es mío Tassi... digamos que es uno de mis "hijos" preferidos! No lo había mencionado en Ediciones porque como se están preparando sólo fics originales y este es un fanfic no cabía en la categoría... pero obvio que me encantaría!

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