martes, 24 de julio de 2012

Pendiente

Subí y bajé una pendiente absurda
   de 65 grados (que ambienté en celcius)
   porque quemé las pestañas del dusto
   y me ampollé los pies del golpe
   y me atoré las ganas al trote
aunque al fin y al cabo no importa
(la rabia se me pasó despacio)
mientras el todo existía
   65 grados dije y pareció noventa
   como esa medida absurda de las tetas
   que nunca coincidió con las mias
   como si el centímetro mintiera
   (a mi favor claro)
el egoísmo es un impulso incandescente
 que superpobló el mapa
antes que el todo deviniera en la pendiente.

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