miércoles, 9 de enero de 2013

CAPITULO 1: Nair


 El bien y el mal tienen muchos caminos… caminos inciertos, caminos dementes, caminos injustos y desequilibrados. Pero siguen siendo “el bien” y “el mal” aunque los límites de uno y otro a veces no estén muy bien definidos.
Esta es una historia de espionaje, donde no sabemos aún quienes son los que manejan realmente la verdad… todos somos parte de un complejo y enredado mundo de mentiras y de medias verdades donde ni siquiera está muy claro porque estamos de un lado de la causa o del otro.

Estamos en el año 2015 y al globalización ha borrado las fronteras después de la Gran Conferencia Mundial de Ginebra, donde se ha decido eliminar las nacionalidades y fomentar una economía mundial basada en el comercio con un único gobierno central que sólo reglamenta el tratado comercial. Los ejércitos y las fuerzas del orden y la seguridad han sido abolidas y dos bandos se han creado: La fuerza alfa que se halla liderada por antiguos policías e investigadores de distintas agencias internacionales como (la CIA y el FBI) y la fuerza Omega que se consolidó a través de la unión de famosos criminales y astutos ladrones.

Más allá de las normales referencias y luchas entre cada bando nadie sabe que cada uno ha incluido en sus filas espías adiestrados a la mejor usanza de la guerra fría.
Alrededor existe un grupo de individuos dedicados unica y exclusivamente a tratar de destruir las Organizaciónes Alfa y Omega. Estan fastidiados de que existan divisiónes entre la sociedad, que solo existan "dos" opciones, cada uno de sus integrantes tendra alguna "Habilidad" por la cual pertenece al Equipo Estigma. Llevan sus vidas tal cual persona en la posicion en la que se encuentren, pero siempre estan dispuestos a participar en el sabotaje de cualquier plan de cualquiera de estas organizaciones. No son un bando como tal, sino infiltrados entre Alfas u Omegas, Neutrales o Comerciantes, puede pertenecer al Equipo Estiga, para eso se necesitara una "prueba de lealtad".
Este es un tiempo de intrigas, de engaños y de verdades incompletas donde cada uno debe descubrir en realidad a qué bando pertenece y porqué está donde está.

* * *

CAPITULO 1




Nair


No me gustaba arrepentirme de mis decisiones, así que traté de borrar la duda de mi cabeza mientras dejaba que el agua me empapara el cuerpo en una ducha rápida. ¿qué se me había cruzado por la cabeza para “pedirle” que averiguara mi dirección en vez de dársela de una? ¿y si no venía?.... ¿y si ni siquiera le había interesado?...
Cerré el grifo enojada conmigo misma ¿y si no venía qué? ¿podía acaso estar tan neuróticamente ansiosa? Entré al vestidor mirando el guardarropa, dudando entre algo informal pero provocador y algo más distinguido pero demasiado serio preguntándome si me vería demasiado interesada en la cena y en que él realmente cumpliera con su visita hasta aquí.
Había despachado a la sirvienta a favor de mi ego… si me plantaban al menos nadie se enteraría, así que me concentré en vestirme decidida a esperar, un par de ojos celestes no se me salían de la cabeza y conocía mis caprichos como para darme por vencida así como así.
Opté por un straples bordó, de una tela fresca y con falda acampanada, ceñido hasta la cintura pero sin la dureza de un traje muy formal. Dejé el cabello suelto, recogiendo un par de mechones con horquillas y me di un toque claro de brillo labial. Revisé la sala y la mesa del comedor que había pedido que prepararan, chequeé el vino, las copas… el postre que todavía descansaba en la heladera y volví a mirar mi reloj… me ganaban los nervios y lo odiaba, con un par de llamadas podía traer de los pelos a quien quisiera pero no sería algo que ganara de verdad y no me veía mirando con las mismas ganas esa carita hermosa si algún gorila que consiguiera para traérmelo me la maltratara.
Reí sola, ocurrencias la mía… pensar en un par de sicarios por si el bombón me plantaba… ya se me estaba pegando mucho lo omega por lo que veía.
Seguro le habré parecido una ofrecida… ¿pero qué podía decirle? “Dios… te ví y me dieron ganas de partirte la cara de un beso”… no, no podía decirle eso ¿tendría que comprarle el auto como excusa entonces?... tal vez… algo de decencia tenía que guardar.
Traté de pensar en otra cosa, en los pendientes que tenía, en la compra que tenía que organizar en Egipto, en el regalo que ya tenía conmigo para Irina… pero oí mi propio suspiro de alivio cuando el timbre del portero eléctrico sonó.
Me dí el gusto de ver por la cámara como él se alisaba ese mechón de cabello que yo misma le quise acomodar cuando lo ví en la facultad y me mordí los labios pensando en que esa prometía ser una buena noche.
—Hola… mmm… muy puntual… pasa.
Elegante, risueño… desesperadamente sexy… y romántico… literalmente me derretí, y se me escapó un suspiro que él notó muy bien. Tomé la rosa de su mano y deslicé mis dedos entrelazándolos con los de él estirándolo para que pasara.
Lo llevé hasta la mesa sin decirle ni una palabra más, pero sin soltarlo, tenía mil escalofríos por el contacto con su piel y por primera vez en mucho tiempo me sentía de repente cohibida.
―¿Debería buscar alguna excusa para decirte que estaba ansiosa porque llegaras? Y que te encuentras terriblemente adorable?... o sería demasiado osado de mi parte?
Mandé la decencia al tacho de la basura, definitivamente… y lo miré descaradamente a los ojos paseando después la mirada por el ángulo delicado de su nariz, de sus pómulos, de su mentón… de cuello que se me escondía debajo de la corbata.
―Espero que lo que te preparé no te de mala impresión, no sabía que te gustaba asi que hice cordero… pero cualquier cosa el delivery de pizza llega en 15 minutos… no estás obligado a nada hoy.
Dejé la rosa al frente de mi plato y al revés de lo normal hice el papel del caballero. Retiré la silla, lo invité a sentarse, incluso acomodé la servilleta sobre sus piernas y le serví el vino tendiéndole la copa.
―En serio, gracias por venir… me gusta de una manera irracional que estés aquí.
Bajando la botella me dediqué a servir su plato mientras él hablaba de la casa paseando su mirada por el amplio espacio de la sala que quedaba a la par.
Algo risueña acompañé los lugares por donde sus ojos iban devorando parte del mobiliario, el decorado, los cuadros y esculturas que se distribuían en los espacios como extensiones de mí.
Terminaba de servir una salsa a rabiatta sobre sus papas asadas cuando oí que me llamaba y lo descubrí mirando la pintura irónica que Irina me había regalado con el logo alfa y el omega.
―¿Rara y paradójica no? ¿O le das alguna otra interpretación?... una amiga lo mandó a hacer... dice que me ayudará a ponerle un inicio y un final a las cosas.
Irina me había dicho eso en realidad, pero en el doble sentido de burlarnos de los alfas... en la imagen el logo estaba superpuesto con una omega mucho más remarcada.
Me senté en frente suyo esquivando seguir hablando del cuadro, como si hubiera tocado una parte prohibida de mi vida. Él cargó mi copa y me invitó a brindar, extendiendo su copa también hasta mí.
―¿Por una amistad especial?
Mi respiración se aceleró cuando él sonrió y me di perfecta cuenta de que por primera vez en mi vida mi autonomía se veía amenazada... pero por mí misma.
―Por supuesto. ―contestó alzando la copa y provocando que esta chocase contra la mía con delicadeza y el gesto aún sonriente. Tratando de evitar que lo notara dejó caer unas gotas sobre el traje.
―Ahí va... qué torpe soy... me he manchado un poco el traje... ¿podrías indicarme dónde está el aseo? Tengo que limpiarme esto antes de que se quede ahí de por vida... ―murmuré intentando mantener la compostura
Sus facciones cambiaron… el gesto sonriente se torció a preocupado, estudiando el cuadro… incluso cuando me siguió para volver a sentarse, a pesar de volver a su sonrisa trasparente y el bailoteo en la mirada.
Bebió y no me quedó más que hacer una mueca amarga al verlo derramar el vino color rubí manchando su camisa y pidiendo permiso para ir a limpiarse.
Mi propia mirada cambió y me levanté cortándole el paso.
―No… lo siento, no irás al tocador… eso ha sido muy obvio… muy Sr. y Sra. Smith ¿no les enseñan a ustedes a ser un poco más disimulados para algunas cosas?
Él sabía a que precisamente me refería cuando decía “ustedes”.
―Mirá… no me gusta dar demasiadas vueltas con las cosas, y menos si es que de alguna manera cierto secretillo se ha filtrado. Te invité a mi casa, cociné para ti… he intentado ponerme presentable… y todo porque me he perdido en la transparencia de tus ojos celestes y en la sonrisa endiabladamente sexy que tienes.
Tomé un trozo de su comida y me lo llevé a la boca, tome su copa de vino a medio vaciar y me la bebí.
―El truco de la comida envenenada no es mi estilo y podría sacarme el vestido para que vieras que no guardo un arma pero ya déjalo ahí, no era mi intención ni secuestrarte, ni seguirte ni nada “niño bueno”… simplemente me gustaste más de la cuenta… lamentablemente.
Levanté su plato y el mío y volví a cargar todo en la fuente, dándole la espalda. Él seguía allí sin reaccionar, confundido tal vez por mi “SI, SOY OMEGA” dicho sin ningún remordimiento.
―¿Piensas registrar la casa? ¿piensas llevarme con los tuyos esposada? ¿ o simplemente te irás?―pregunté mientras ponía la rosa roja en un pequeño florero guardando la comida en el refrigerador y me encaminaba hacia la puerta para abrirle y dejarlo salir.
―Palabra de honor que no te dispararé por la espalda… esa no es mi especialidad…
Sonaba irónica y algo dolida, era verdad que me había perdido en sus ojos... me preguntaba porque era tan difícil dejar su “lado bueno” por un rato.
La frustración debía estar saliéndome por los poros porque él actuó con condescendencia… siguiéndome a paso sosegado mientras le abría la puerta principal con un gesto de querer dejar estampada la marca de mi zapato en su trasero de pura rabia. Mi discursito irónico era mi manera de hacerle entender que precisamente “negocios eran negocios”… pero que “química era química” también.
Titubeé al ver que ahogó una sonrisa mordiéndose el labio ¿se estaba burlando de mí acaso? Puse los brazos como jarra en mi cintura pensando en mil palabras para decirle… “engreído pendenciero maleducado” y de repente empezó a hablar, lo escuché con las facciones todavía tensas, interpretando sus significados ambiguos palabra por palabra para cerciorarme que significaban para él, exactamente lo mismo que para mí.
Empujó la puerta hasta que el cerrojo hizo el típico ruido de “ok… ya me cerré gente” y como si lo hubiera hecho mil veces me tomó de la cintura en un movimiento diestro, insinuante… tierno también… y mis brazos ofuscados languidecieron al lado de mi cuerpo cuando él me besó con una mezcla de ternura y pasión que dejó una marca invisible sobre mis labios.
Resultó grato saber que alguien podía besarme así… “es hora de dejar de perder números de teléfono Nair”, le dije a mi mente olvidadiza que tenía las agendas y los contactos electrónicos de adorno porque siempre olvidaba anotar las cosas importantes… este era definitivamente “el” contacto.
Riesgo… una relación prohibida… opuestos… esto prometía gustarme de manera escandalosa ¿había algo más emocionante que el gusto ácido de lo prohibido?... no, definitivamente nada se comparaba a esa cortina invisible que tapaba a los puntos escondidos… y él en definitiva tenía razón ¿Por qué alguien debía de saberlo? Al fin y al cabo éramos dos personas de un mundo libre que se cruzaron en una de sus vueltas y que sólo estaban frente a frente ahí, buscando conocerse… ¿Qué eran dos letras del alfabeto griego al lado de la magia de descubrir los secretos “no laborales” uno del otro?
Separó sus labios de los míos y me soltó, tal vez esperando una confirmación sobre sus últimas palabras, o algo que sellara un pacto secreto entre ambos para una amnesia completa de los últimos minutos. Así que le sonreí y le dije de forma teatral:
―Haré un trato contigo… “alfa”… resulta que mi lado omega conoce ciertas tácticas que dejan sin oxigeno al cerebro haciendo que toda la memoria reciente se borre… sólo debes dejarme sin respirar un minuto y todo estará solucionado… olvidaré que rechazaste mi comida… olvidaré que rechazaste mi vino más añejo… olvidaré que estuviste casi a punto de marcharte… olvidaré incluso que tienes como estigma esa letrita tan molesta que suena a comida diet de camello… no sé… se me ocurre algo así como un beso tan intenso como el de hace un rato o algo así que me mantenga un minuto fuera del aire. ―Lo miré sería, ahogando mi risa― Prometo soportar estoicamente… palabra de honor.
Cerré los ojos, levanté la barbilla y puse los labios en una mueca de beso infantil, aunque riendo me escapé de sus brazos antes de que pudiera hacerlo.
―Aunque pensándolo bien no lo quiero olvidar… me gusta más saber que entras en la categoría de “se mira y no se toca” aunque te anticipo que es costumbre mía nunca seguir mucho las reglas.

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